230 a.C.: LA EXPEDICIÓN EGIPCIA QUE PRETENDIÓ CIRCUNNAVEGAR LA TIERRA

“En algún lugar, algo increíble está esperando ser conocido”. Carl Sagan

Por Fernando Lizama Murphy

Mapa de la posible ruta seguida por la expedición egipcia.

El origen del poblamiento del continente americano tiene muchas teorías, lo mismo que la época en que se llevó a cabo. Unas hipótesis hablan de 12.000 a 17.000 años y otras nos dicen que entre 20.000 y 30.000 años.

Y en cuanto a los orígenes probables, Paul Rivet, en su libro “Los orígenes del hombre americano«, presenta varios lugares como posibles procedencias y diversas rutas que habrían seguido los primeros pobladores de nuestro continente, desde la más difundida, cruzar un congelado Estrecho de Bering (Beringia), hasta australianos bordeando el Polo Sur para llegar a América por el Cabo de Hornos, sin dejar de lado aquella que nos habla de los polinésicos que cruzaron el Pacífico. Y citamos a Rivet, quizás por ser uno de los pioneros, pero son muchos los que han investigado la procedencia de los habitantes de este lado del mundo.

Además de las teorías del poblamiento, existen algunas más demostradas que otras, algunas más especulativas que otras, que hablan de visitas de navegantes chinos, vikingos, polinésicos, incluso extraterrestres y seguramente algunas más de las que este autor no ha escuchado hablar. Lo que si ya se puede afirmar con certeza es que cuando Cristóbal Colón descubrió América para España, otros pies, provenientes de otros continentes, ya se habían posado en estos territorios.

Pero existe una investigación que llama especialmente la atención: los egipcios, los de los faraones, estuvieron en este continente bastante antes que Colón y dejaron huellas en Chile, además de en otros países de América y de la Polinesia.

EXPEDICIÓN ATLANTIS: DE TENERIFE A LA GUAIRA EN BALSA

Que el hombre sepa que el hombre puede. — Alfredo Barragán

Por Fernando Lizama Murphy

Desde hace un tiempo este autor se ha empeñado en hurgar en aquellas teorías que hablan de visitantes que llegaron a América provenientes de distintos lugares, antes que Cristóbal Colón. Hemos hablado sobre egipcios de la época de los faraones, sobre polinésicos y de otros navegantes que, cruzando el océano Pacífico desde el poniente arribaron a estas costas. También nos hemos referido a aventureros que, en distintas épocas y partiendo de Sudamérica, han surcado el mar para llegar a tierras lejanas allende ese océano, intentando recrear antiguas travesías y así demostrar intercambios culturales y comerciales con áreas remotas.

En esta crónica nos trasladaremos de océano para hablar de unos expedicionarios argentinos que, convencidos de la posibilidad de que africanos, cruzando el Atlántico, hubiesen llegado a las costas de América, efectuaron la travesía en balsa desde Tenerife a La Guaira.

Del cómo y por qué lo hicieron, habla este artículo.

LAS PERLAS DE LA CORONA

“¡Oh! Y que bien decía un mercader portugués a quien le vendían unas muy ricas perlas, no las quiero comprar, ni emplear en eso mi caudal, no sea que mañana amanezcan los hombres con juicio, y todo se me pierda.”

Francisco Ximénez, (1666-1722) fraile dominico español.
Autor de “La Historia natural del reino de Guatemala”

“Isla de las Perlas”
Durante su tercer viaje, Cristóbal Colón descubrió la isla de Cubagua, a la que bautizó “Isla de las Perlas” por la abundancia de perlas (1498).

Para nadie es un misterio que, para las potencias europeas, el gran motor de la conquista de América fue la ambición, tanto de riquezas como de territorios. En el caso de España, vino además disfrazada de deseos de extender la fe y salvar a los impíos del fuego eterno.

El oro, la plata, las piedras preciosas llenaban los sueños de los codiciosos conquistadores, que ávidos, no trepidaban incluso en llegar a matarse entre ellos por lograr una tajada mayor de la generosa torta que encontraron al otro lado del océano. Y si eran capaces de asesinarse, es fácil suponer el nulo respeto que sentían por la vida de los nativos.

Pero además del oro, la plata y las piedras preciosas, la llave que abrió la puerta a la codicia fueron las perlas.

La ostra, un molusco bivalvo muy apetecido en la gastronomía fina, es también el “fabricante” de perlas. La forma natural de la producción de esta gema es a partir de un cuerpo extraño que se introduce al interior de la ostra y ésta, como un medio de defensa, comienza a cubrirla lentamente con capas de una secreción de conchiolina con carbonato de calcio, mezcla conocida como nácar, estructurando la perla. Las hay de distintos tamaños, formas y colores, pasando por diversas tonalidades entre el blanco y el negro. En cuanto a las formas, las más cotizadas son las redondas y las lágrimas o peras. El proceso de construcción de una perla puede durar diez años o más y al parecer el tamaño depende del tiempo que permanece dentro del bivalvo.

Según investigaciones de Elizet Payne Iglesias, de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica, que hizo un exhaustivo estudio sobre el tema, existen varias especies de ostras perlíferas o perleras, siendo las más importantes en América la Pinctata imbricata, propia del Caribe colombo-venezolano y la Pinctata margaritifera mazatlánica, que se encuentra en el Pacífico, entre el golfo de California y el Ecuador.