LOS PLAGIOS DE NERUDA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Neruda

Los buenos artistas copian; los grandes, roban.
Pablo Picasso

La palabra “plagio” tiene una raíz muy antigua. Entre los indoeuropeos, plak era “tejer”. Pasó al latín como plagium ―cuya traducción es “secuestro”― y como plaga que, entre otras acepciones, tiene la de “trampa” o “red”. En síntesis, el plagio, en el entendido de las creaciones artísticas, es el “secuestro” de obras ajenas para atribuírselas como propias, o hacer “trampa”, en el sentido de engañar al que en sus manos tiene una obra artística haciéndole creer que es creación propia cuando se le ha robado a otro.

La historia del plagio es tan antigua como la capacidad del hombre de crear, pero es una práctica que comenzó a considerarse como un delito, primero moral y luego judicial, solo después de la aparición de la imprenta. Este invento permitió que las creaciones, inicialmente literarias, fuesen identificadas con un autor y la obra masificada se convirtió en una mercancía que podía ser transada. Al quedar un testimonio impreso de que tal libro había sido escrito por tal autor, permanecía un registro físico de su creación. No era invulnerable (y hasta hoy, aún con las tecnologías vigentes, sigue sin ser perfecto), pero representaba una cierta defensa moral de la autoría.

Después de esto, el  escritor vendía su obra para que fuese difundida y en los contratos, que comenzaron a firmarse entre autor e imprenta, fueron quedando explícitos los derechos del primero. Pronto se comenzó a perfilar la persona jurídica del derecho de autor y así quedaba resguardada, aunque siempre a medias, la propiedad intelectual.

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SEVERIANO DE HEREDIA, CUBANO, ESCLAVO Y MULATO, ALCALDE DE PARÍS

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Severiano de HerediaA veces la historia saca a la luz a personajes que, en algún momento, ocuparon  un lugar importante dentro de su contexto, para luego caer en el olvido por las más diversas razones. Es el caso de Severiano de Heredia, un cubano de nacimiento y francés por adopción que, después de ocupar altos cargos en la elite política gala, fue olvidado.

El historiador Paul Estrade se interesó por su vida y a través de su libro Ce mulâtre cubain que Paris fit maire  (2012, solo disponible en francés) lo sacó del injusto anonimato, al extremo de conseguir que, en noviembre de 2015, una calle parisina fuese bautizada con su nombre. No es una gran avenida, pero por lo menos deja un recuerdo de un hombre que mucho hizo por la Ciudad Luz y por su patria adoptiva. Seguir leyendo “SEVERIANO DE HEREDIA, CUBANO, ESCLAVO Y MULATO, ALCALDE DE PARÍS”

RAYÉN QUITRAL, LA VIDA DE UNA VOZ PRODIGIOSA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Hay en Rayén Quitral una gran cantante lírica en potencia, pues difícil es imaginar voz más fresca, de timbre más grato, de más fácil emisión y extensión igual todo lo que concurre a señalar en la joven artista de veinte años un cúmulo de cualidades naturales, de las que puede esperarse el máximo para el futuro.

La Prensa, Buenos Aires, 14 de septiembre de 1937.

 Rayén QuitralExisten seres humanos a los que la naturaleza los dota de habilidades superiores. Muchos se pierden en el camino por falta de oportunidades, por problemas de carácter, porque sus contemporáneos no son capaces de valorarlos o porque el entorno no les permite su desarrollo.

Otros, como el caso de María Georgina Quitral Espinoza, nos muestran cómo una persona nacida en una situación de gran pobreza material, con esfuerzo y un poco de suerte puede destacar en un ambiente absolutamente opuesto a su realidad.

María Georgina nació el 7 de noviembre de 1916 en Iloca, caleta de pescadores ubicada en la desembocadura del río Mataquito, en cuya ribera murió combatiendo Lautaro, el más grande cacique araucano. Su padre, Fidel Quitral Correa, que falleció cuando la niña era muy pequeña, era un humilde peón agrícola cuya herencia mapuche, aparte del apellido, no era muy distinta a la de muchos campesinos de la zona central de Chile. La madre, que trabajaba como empleada doméstica en una casa ilocana, se llamaba Elena o Fidelina Espinoza Letelier.

Cuando la mujer enviudó decidió partir con sus tres hijos, Elsa, René (que sería arquero del club de fútbol Santiago Wanderers de Valparaíso) y María Georgina a establecerse en San Javier de Loncomilla, siempre en la zona central del país.

Ahí la futura cantante de ópera realizó sus estudios primarios hasta que su madre, quizá buscando mejores horizontes, decidió trasladar nuevamente su residencia, ahora estableciéndose en Curicó, donde la niña, que por esa época tenía siete años, comenzó a lucir su voz en reuniones familiares y en la iglesia.

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LA CIUDAD DE LOS CÉSARES III

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

“…bien juzgo yo que aquel navío que los Nodales toparan perdido y varado en el Cabo de Las Vírgenes, es el navío de Argüello, que allí mismo se perdió y varó unos veinte años antes que llegaran los Nodales allá…”. Nicolás Mascardi SJ  (Fragmento de “Relación sobre el descubrimiento de la Ciudad de Los Césares  y conversión de los infieles que habitan los llanos hasta el Estrecho de Magallanes”, 1670)

Ciudad de los Césares

Tercera Fuente

La fiebre de los descubrimientos y conquistas que despertó Cristóbal Colón resultó incontrolable para toda Europa. Las naves que zarpaban desde los puertos españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses, repletas de marineros cargados de sueños rumbo a estas tierras hasta hace poco desconocidas, eran muchas. Algunos se hacían a la mar en muy precarias condiciones. Otros reunían recursos, solicitaban créditos u obtenían el padrinazgo de algún inversionista para equipar su expedición; y, por supuesto, estaban los que viajaban al amparo de alguna bandera. Todos zarpaban rumbo a las nuevas tierras en busca de la gloria, la fortuna o la muerte.

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LA CIUDAD DE LOS CÉSARES II

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

El pavimento de la ciudad es de plata y oro macizo, una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia y la campana que ésta posee es de tales dimensiones, que debajo de ella pueden instalarse cómodamente dos mesas de zapatería con todos sus útiles y herramientas. Si esta campana se llegase a tocar, su tañido se oiría en el mundo entero. (Del libro “Chiloé y los chilotes”, Francisco Cavada – 1914)

Ciudad de los Césares

 Segunda Fuente

El descubrimiento de Núñez de Balboa llevó pronto a los españoles a construir una calzada que permitiría una viaje más expedito entre los océanos Atlántico y Pacífico. Necesitaban unir Santa María la Antigua del Darién, en la cuenca continental del Caribe, con Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, primera ciudad fundada en la costa del Mar del Sur. En esta última se inició tanto la construcción de embarcaciones como la exploración de la costa poniente de Sudamérica y desde ahí zarparon expediciones hacia el norte y el sur.

Uno de los primeros aventureros que se adentraron en estas costas recién descubiertas fue Pascual de Andagoyas, que navegó hasta la desembocadura del río Esmeraldas, en lo que hoy es Ecuador, zona ubicada algo más al sur del límite norte del imperio Inca, que en su máxima expansión alcanzó hasta la actual frontera colombo-ecuatoriana.

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LA CIUDAD DE LOS CÉSARES, EL NACIMIENTO DE UN MITO

“… es esta una ciudad encantada, no dada a ningún viajero descubrirla, aun cuando la ande pisando, ya que una espesa niebla se interpone siempre entre ella y el viajero y la corriente de los ríos que la bañan refluye para alejar embarcaciones que se aproximan demasiado. Sólo al fin del mundo la ciudad se hará visible para convencer a los incrédulos de su existencia.”

Del libro “Chiloé y los chilotes”, de Francisco Cavada (1914)

Ciudad de los CésaresGran parte de la historia de la humanidad se ha escrito a partir de sueños, de ilusiones, de búsquedas de tesoros, de ciudades encantadas o de paraísos perdidos. A todos nos gustaría tener un hada madrina o encontrar la lámpara con el genio que nos concede los deseos. Los hombres somos soñadores empedernidos y muchas veces trasmitimos a nuestros semejantes, como si fueran reales, esas visiones que nos llenan de esperanzas por un mundo mejor. Los juegos de azar, las religiones y los partidos políticos son también creadores de utopías que los humanos, llenos de esperanzas, porque no vislumbramos algo mejor, aceptamos como realidades indesmentibles en las que buscamos refugio. Y disfrutamos escuchando a aquellos que nos hablan de mundos más justos, de tierras prometidas, de riquezas inmensas que, una vez conquistadas, nos permitirán una vida de holganza. Nos llevarán al bíblico Paraíso Terrenal o a la Jerusalén celestial.
Uno de estos sueños, que duró trescientos años y que para muchos persiste hasta hoy, es el de la Ciudad de los Césares.
De cómo se forjó y de quienes partieron en pos de convertirlo en realidad, hablarán las crónicas que iniciamos con esta primera entrega.

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JUAN BRAVO, EL NIÑO HÉROE DE LA GUERRA DEL PACÍFICO

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Grumete Juan BravoNunca se ha usado un rifle sin perder menos balas que con este negro”.

Contralmirante Carlos Condell

En la crónica escrita hace un tiempo,  La guerra y los niños en América Latina, hablamos de la cantidad de muchachitos de corta edad que combatieron en distintos conflictos que se desarrollaron, y que se siguen desarrollando, en nuestro continente. Hoy nos ocuparemos especialmente de uno de esos niños mencionado entonces, uno que cumplió una misión destacada en el Combate Naval de Punta Gruesa, acaecido el 21 de mayo de 1879 al sur de Iquique.

Mientras la Esmeralda luchaba contra el Huáscar en la rada iquiqueña, la Covadonga, al mando de su capitán, don Carlos Condell de la Haza, comenzó a navegar hacia el sur con el propósito de llegar a Antofagasta para informar lo que estaba ocurriendo. Lo perseguía a corta distancia la Independencia, comandada por don Juan Guillermo Moore.

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