JOSÉ ANTONIO ÁLVAREZ CONDARCO. UN HÉROE OLVIDADO

Por Fernando Lizama Murphy

“…la presencia de este oficial es aquí rarísima, como que a su inmediata dirección giran las fábricas de pólvora y salitres, delineación de mapas topográficos y otras incumbencias no menos importantes, que absolutamente no hay otro a quien confiarlas”.

Fragmento de carta de San Martín a Pueyrredón, presentando a Álvarez Condarco

En todas las guerras existen personajes que cumplen roles secundarios y eso les impide calificar para ser integrado al panteón de los héroes. Las guerras por la independencia de los países de América del Sur tienen muchos de esos personajes injustamente olvidados.

Hoy nos vamos a referir a un tucumano genial y valiente, que tuvo una muy importante participación en la guerra por la independencia de Chile y, más indirectamente, en la del Perú. Escribiremos sobre don José Antonio Álvarez de Condarco. (Posteriormente suprimiría la preposición “de” de su apellido)

Nació en Tucumán en 1780 y de su infancia no es mucho lo que se sabe. Solo que era hijo del regidor del Cabildo de su ciudad, homónimo y de doña Gregoria Sánchez de Lamadrid. Es muy probable que en sus años de colegio haya aprendido química, lo que le resultó de mucha utilidad en su vida profesional y tal vez ya en esta época haya sobresalido por su prodigiosa memoria visual, como se verá, característica importante para su futuro y el de la Independencia de Chile

En 1810, establecido en Buenos Aires, decide que sus simpatías están al lado de los patriotas de Mayo y asume algunos compromisos en una de las corrientes que intentan dirigir los ánimos independentistas de los habitantes del Río de la Plata.  Es en esas instancias donde se le encomienda su primera misión a Chile: mediar, para unificar criterios y directrices, entre las distintas facciones que luchan por la independencia del país.

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EL EXILIO DE NERUDA

Tengo un amigo que debería estar aquí, un amigo que es uno de los mejores hombres que haya conocido. No es solamente el más grande poeta de su país, Chile, sino también el más grande poeta de la lengua española y uno de los más grandes poetas del mundo: es Pablo Neruda.

Pablo Picasso, parte del discurso pronunciado en Wroclaw, Polonia, el 25/08/48 durante el Congreso de Intelectuales por la Paz.

El exilio es una de las formas más crueles de castigar a una persona porque significa desarraigo, significa abandono, soledad. Sobre todo porque, la mayoría de las veces, es un castigo por pensar distinto a aquel que detenta el poder.

Pero no siempre el exilio es señal de expulsión violenta, también suele ser una decisión personal de aquel que no se siente cómodo o seguro en su lugar de residencia, o porque no está de acuerdo en la forma en que se están llevando las cosas, o porque siente que su vida y la de los suyos corren peligro y abandona su país buscando aquello que, siente, le es negado.

En el caso de Pablo Neruda, lo mismo que en muchas de las acciones de su vida, no existe claridad plena con respecto al aparente exilio, ni a sus causas. No se sabe con certeza qué empujó al poeta a abandonar Chile y buscar refugio en Europa y en México, aunque la versión más difundida es aquella que sostiene que debió huir del país para no caer a los campos de concentración que el gobierno de Gabriel González Videla creó para detener a los comunistas luego de la promulgación de la Ley 8987, la “Ley Maldita”.

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ZORRO ACORRALADO

ZORRO ACORRALADOCuento de Fernando Lizama-Murphy

Cuando te vi a través de la vitrina del café, me vi a mi misma, ocho años antes, sentada en la silla que hoy ocupaba la muchacha. ¿Qué edad tenía ella, trece, catorce? Más o menos la misma que yo entonces.

Me dieron deseos de entrar y mostrarte a Matías, el hijo que me dejaste de herencia cuándo, luego de conocer mi embarazo, huiste como conejo del zorro. Pero me detuve. Preferí seguir viéndote actuar. Leyendo tus labios podía casi escuchar cómo te la engrupías, tal como lo hiciste conmigo:

―Vamos a ser muy felices los dos—me dijiste cuando yo te hice ver que tenías la misma edad que mi padre. Argumentaste que era mejor, que tú aportarías la experiencia y yo toda la vitalidad de mi juventud. Que desde que te diera el sí, nada me faltaría. Ni a mí ni a los hijos que necesariamente surgirían de una pasión tan pura como la nuestra. Que me llevarías a vivir a un lugar idílico, donde todo abundaba, donde las carencias no aparecían ni en las pesadillas. Lo recuerdo tan bien. Seguir leyendo «ZORRO ACORRALADO»