LAS CUATRO MUERTES DE SALVADOR ALLENDE


Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Allende muertoEl 11 de septiembre de 1973, en el Palacio de La Moneda, murió en forma violenta el Presidente de Chile Salvador Allende Gossens. Como la de todo líder político que fallece en medio de un conflicto, su muerte ha dado tema para muchas conjeturas.

No es el propósito de esta crónica analizar las causas que llevaron a los acontecimientos hasta este extremo, sino simplemente comentar algunas de las distintas teorías, más o menos especulativas y más o menos conocidas, que con respecto a su deceso se han difundido, citando en cada caso la fuente de información que origina el comentario.

El suicidio

La información oficial entregada a la opinión pública mundial por la Junta de Gobierno que derrocó a Allende es la del suicidio. Según el libro Anatomía de un Fracaso del periodista Hernán Millas, escrito poco después del golpe de estado y que en alguna medida se transformó en la versión oficial de lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973, cuando la Fuerza Aérea de Chile cumplió su amenaza de bombardear el palacio de La Moneda, el presidente comprendió que estaba frente a una conjura bien organizada, que no tenía sentido seguir resistiendo y decidió rendirse. Entonces instruyó a sus colaboradores para que abandonaran el recinto portando una bandera blanca. Mientras se procedía a concretar la rendición, el doctor Patricio Guijón se dio cuenta de que Allende ya no estaba junto a ellos y mientras lo buscaba en medio del caos, escuchó dos disparos provenientes del Salón de la Independencia.  Allí encontró a Allende solo, muerto, porque se había disparado dos balazos en la barbilla con la metralleta que le regalara Fidel Castro, arma que sostenía entre sus manos. Instintivamente Guijón fue a tomarle el pulso, para lo cual retiró el arma de las manos del ya fallecido presidente.

El General Javier Palacios, primer oficial del ejército que entró a La Moneda después del bombardeo, relata así, según el mismo libro de Millas, el momento en que encontró el cuerpo de Allende:

“Al continuar nuestro avance en el interior de La Moneda y abrir las puertas que daban acceso al Salón Independencia (salón privado del Presidente) nos encontramos con el espectáculo del señor Allende muerto, sentado en un sofá, por los efectos de de dos tiros que él mismo se había disparado, colocándose la metralleta ─regalo de Fidel Castro─ bajo la barbilla, lo que le produjo la muerte instantánea. Al entrar en dicha sala encontramos a un hombre joven, que al ser interrogado dijo ser el doctor Guijón, que atendía los servicios médicos de la Presidencia. Sintió los disparos hechos por el señor Allende en los momentos en abandonaba la sala, y volvió, pudiendo comprobar que después de haberles ordenado que se rindieran y abandonaran La Moneda, se quedó atrás para suicidarse”.

Posteriormente la versión del suicidio, que el día 15 de septiembre del mismo año ratificó Hortensia Bussi, la viuda de Allende, quien se encontraba en ese momento refugiada en la Embajada de México, sufrió algunas modificaciones. Se sostuvo que, además del doctor Guijón, también fueron testigos los médicos Arturo Jirón, Hernán Ruiz Pulido y José Quiroga, que en declaraciones individuales ratificaron la autoinmolación del Presidente, reafirmando la presencia de Guijón junto al cadáver. Quiroga asegura que además fueron testigos el Intendente de Palacio Enrique Huerta y el Subsecretario General de Gobierno Arsenio Poupin, ambos capturados por los militares y que figuran en las listas de los detenidos desaparecidos.

Allende acribillado

Esta versión es la que ha prevalecido en el tiempo, ratificada por la Corte Suprema de Justicia incluso después de la última inhumación del cuerpo de Allende, ocurrida en el 2011. En esa ocasión un equipo forense compuesto por nueve especialistas de distintos países y un observador de la Cruz Roja llegaron a la misma conclusión: se trató de un suicidio.

Suicidio asistido

En general, esta teoría es muy similar a la anterior. La diferencia fundamental radica en que se ha sostenido que la cabeza de Allende mostraba el impacto de dos balas de calibres distintos. Según el periodista Camilo Taufic (QEPD), que durante el gobierno de la UP fue sub-director de la revista juvenil Ramona, publicada por la editorial estatal Quimantú, y después del golpe tuvo que salir exiliado, el Presidente Allende se disparó con una pistola, pero no murió de inmediato por lo que el Intendente de Palacio, Enrique Huerta, le habría hecho un segundo disparo con una ametralladora, como tiro de gracia, cumpliendo un deseo expresado anteriormente por Allende.

Esta teoría se sustenta en el hecho que, tiempo antes, el difunto mandatario le habría dicho a su médico de cabecera, el doctor Danilo Bartulín: “si quedo herido, pégame un tiro”.

Si fue así, ¿por qué los otros médicos que presenciaron el hecho nunca lo mencionaron, en circunstancias de que todos ellos abandonaron La Moneda ese mismo día sin sufrir detención ni apremios por parte de los militares? ¿Por qué el doctor Guijón, pese a haber sido tratado de traidor por los adherentes a Allende, que nunca aceptaron la tesis del suicidio, jamás cambió su testimonio?

Quizás algún día se sabrá.

Muerte por parte del Ejército de Chile

Recién acontecido el hecho comenzó a tomar forma entre los seguidores del presidente la idea de que Allende murió combatiendo contra las fuerzas que intentaban derrocarlo. Una de las primeras en difundir esta versión fue la misma viuda, Hortensia Bussi, el día 19 de septiembre, cuando ya había llegado a Ciudad de México en calidad de asilada política. Dijo que cambiaba su declaración anterior a raíz de nuevos antecedentes recibidos. Esta idea se fortaleció a nivel internacional luego que, el 28 de septiembre de ese mismo año, Fidel Castro le rindiera un homenaje póstumo en la Plaza de la Revolución, en La Habana, a su “amigo y camarada” Salvador Allende. Teniendo como fondo un telón con la figura del fallecido presidente chileno y otro con la del Che Guevara, Castro hizo un discurso de más de ocho mil palabras en el que detalló casi al minuto los acontecimientos de La Moneda, exaltando la imagen y el valor del derrocado mandatario, antes de caer asesinado por las balas de los atacantes. Llama la atención la abundancia de detalles contenidos en este monólogo, lo que hace presumir que la presencia de agentes cubanos era bastante nutrida y que estaban muy bien ubicados al momento del hecho.

A quien le interese conocer el texto completo del discurso, lo pueden leer pinchando en este ENLACE.

Posteriormente y haciéndose eco de las palabras de Castro, la izquierda comenzó a difundir como verdad irrebatible que Allende había sido ultimado por los golpistas, como llamaron a los militares que lo derrocaron.

Gabriel García Márquez dirá que Allende murió en un intercambio de balazos con la patrulla del general Javier Palacios y que luego, en un rito de casta, todos los oficiales dispararon sobre el cuerpo. Y así se difundirá la noticia de su muerte casi como un ajuste de cuentas.

Para complicar aún más las cosas, comenzaron a aparecer testimonios de otras personas que “habían sido testigos” o “habían participado en la muerte de Allende” como la de Robinson Guerrero, que relata que en enero de 1974 tuvo contacto con el capitán del ejército chileno René Riveros Valderrama, que se jactaba de haber asesinado al “tirano” como llamó a Allende. Para aseverar sus dichos, mostraba un reloj que, aseguraba, había sacado del cadáver del ex mandatario.

Así las cosas y aunque la justicia y la medicina forense hayan dado su opinión definitiva, resulta difícil convencer a todos respecto a la verdadera causa de la muerte de Salvador Allende Gossens.

¿La mano de Fidel?

Y como si todo esto fuera poco, en el año 2005 se publicó en París el libro Cuba Nostra, Los Secretos de Estado de Fidel Castro, escrito por el especialista francés en asuntos cubanos y de latino América, Alain Ammar. En uno de sus capítulos se indica que Allende fue asesinado por instrucciones de Fidel Castro.

Cuba NostraSegún el autor, esta información la obtuvo, treinta años después de ocurridos los hechos, de Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez, alias “Benigno”, dos ex funcionarios de inteligencia cubanos caídos en desgracia. “Benigno” fue uno de los pocos sobrevivientes de la aventura del Che Guevara en Bolivia. Ambos vivían en Europa con identidad falsa para evitar ser detenidos por el régimen castrista, que los buscaba para ejecutarlos por traición.

Ellos narraron que, recién asumido el gobierno de la Unidad Popular, Fidel Castro envió, como representante personal, al funcionario de inteligencia Antonio (Tony) de la Guardia, gemelo de Patricio de la Guardia, éste último Jefe de Operaciones y Preparación Combativa de Tropas Especiales de la isla y uno de los hombres más cercanos a Castro.

“Tony” logró establecer una estrecha amistad con el presidente, convirtiéndose además en un eficiente agente para medir el poder de fuego de las Fuerzas Armadas chilenas, conocer su estructura interna, sus lados vulnerables y toda información que pudiera resultar útil para eventuales enfrentamientos futuros. Además debía buscar los mejores sitios para desembarcar armas destinadas a las fuerzas de combate de la UP que ellos mismos, tanto en Cuba como en campamentos secretos chilenos, se encargaban de adiestrar. Tony también estuvo a cargo de la custodia del embajador de Cuba y de la de Fidel cuando visitó Chile en noviembre de 1971.

Pero un año después de esta visita, el gobierno cubano llevó de regreso a Antonio para encomendarle otra misión en otro país, lo que causó mucho malestar a Allende. Para complacerlo o para espiarlo, Fidel envió al gemelo Patricio.

Según Ammar, Castro no confiaba en Allende, lo consideraba débil de carácter, muy manipulable y muy dado a intentar complacer a todo el mundo. Para llevar a término la revolución chilena, el líder cubano prefería a Miguel Henríquez o al sobrino del presidente, Andrés Pascal Allende.

De acuerdo a la versión proporcionada por los informantes del escritor, fue Patricio de la Guardia quien les confidenció que al salir de Cuba, Fidel lo instruyó de asesinar a Allende si veía en él alguna vacilación, alguna debilidad. En el mismo libro se asegura que el 11 de septiembre De la Guardia vio correr como un enajenado por los pasillos de La Moneda al mandatario, muerto de miedo, gritando que debían rendirse. Según este relato, el agente cubano narró a sus colegas que esperó a que quedaran solos en el Salón Independencia y en un instante de descuido le disparó en la cabeza. Luego le puso el fusil ametralladora sobre las rodillas para simular el suicidio. Al parecer, en ese preciso momento, entró en el salón el consejero de prensa del mandatario Augusto Olivares, alias “El Perro” por su incondicional fidelidad hacia Allende, obligando al cubano a eliminarlo. No podían quedar testigos.

Según Vives, el control que ejercía Fidel sobre Allende era fuertísimo. Incluso muchos adeptos a la UP le recriminaban al mandatario la gran intromisión del jerarca cubano en los asuntos internos de Chile, comentario que llegó a oídos de Fidel. Fue en ese momento cuando dio la orden de asesinar a Allende si frente a un nuevo intento de golpe, como el tancazo, ocurrido el 29 de junio de 1973, pretendía rendirse, suicidarse o pedir asilo en alguna embajada.

Después del magnicidio y amparado en su credencial diplomática, Patricio de la Guardia abandonó Chile y fue recibido en Cuba como un héroe. Incluso habría sido ascendido a general.

Posteriormente, él y su hermano Tony cayeron en desgracia con Castro, que los acusó, junto a otros agentes secretos cubanos, de participar en un turbio negocio de drogas. Todos fueron condenados a muerte y ejecutados, excepto Patricio, que amenazó con entregar unos documentos confesionales que guardaba en la bóveda de un banco de Panamá, en los que relataba todo sobre el asesinato de Allende. Esto le salvó la vida, pero fue condenado a treinta años de cárcel. A los ocho se la cambiaron por libertad vigilada.

Max Marambio, el cientista político chileno, que primero estudió en Cuba y que luego de 1973 residiera como asilado en la isla, al conocer el libro de Ammar declaró, en el 2005, que él estaba en la embajada de Cuba el 11 de septiembre de 1973 y que durante los días previos y posteriores al golpe de estado, Patricio de la Guardia permaneció en el recinto diplomático hasta que fue trasladado al aeropuerto para dirigirse a su país, por lo que resulta imposible que él cometiera el asesinato.

En 2010 Marambio a su vez cayó en desgracia frente al gobierno cubano, que lo acusó de actos de corrupción cometidos a través de su empresa Alimentos Río Zaza. Se desconoce si después de este hecho cambió su declaración.

Aquí se entregan cuatro versiones para la muerte de Salvador Allende, cuyo cuerpo ha sido sepultado tres veces porque ha sido exhumado en dos oportunidades para analizar la causa de su deceso.

Hasta hoy, prevalece la tesis del suicidio.

Fernando Lizama Murphy

Abril 2016

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