BOTITAS NEGRAS, LA SANTA PROSTITUTA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Una prostituta que se convirtió en mito. La mujer, asesinada a los 27 años en la ciudad de Calama, es objeto de la devoción popular en la Provincia El Loa.

Botitas negrasHay personas que al morir en forma trágica se convierten en un mito que casi siempre trasciende mucho más allá de la ciudad en la que vivían. La cultura popular las adopta, sus tumbas pasan a ser centros de peregrinación repletos de velas, flores y placas de agradecimientos. Se les atribuyen milagros y se escriben poemas y canciones en su honor. Uno de estos personajes es Botitas Negras, la santa prostituta. Esta historia tiene dos versiones. La que podríamos llamar “oficial”, que se basa en las notas de prensa de la época y la mitológica, escrita por los seguidores de la “santa”.

Botita Negra tu que eres la solucion de mi vida la razon que me mantiene en pie para poder estar viva Por Favor Madre Mia De mi Corazon Te pido que me ayudes a cumplir Unos demis deseos más querido Y deceado en mi vida Tu me harias la mujer mas felis del todo Elmundo Mi deceo es poder tener un bebe Este año Que cuando vaya a comprar un tez meayudes Que me salga positivo Y le prometó Que voy a ir al cementerio la semana 2 veces ytoda la semana seran haci y llevarle 2 velitas para usted. […] Por Favor madre mia de micorazon. Dame tu bendición Un bebe Ayudame Se que por favor tu puedes Cumpliendo Ayudame te lo pido Con todo el corazon. (sic)

Este es, textual, el tenor de una de las muchas cartas que a diario dejan, en el cementerio de Calama, los devotos junto a la tumba de Irene del Carmen Iturra Sáez, bautizada después de muerta como Botitas Negras.

Irene nació en Concepción en 1942, se supone que en una familia campesina. Como muchas personas desesperanzadas, decidió emigrar y pensó en el norte, porque muchos penquistas elegían Chuquicamata para trabajar. La paga y las expectativas eran significativamente mejores que en su tierra. Algunos se “empampaban” es decir, se enamoraban de la pampa y no regresaban jamás al verdor del sur, pero otros, con el dinero ganado, volvían para establecerse con negocios o comprar un terreno de cultivo en su tierra natal. Irene pensó en eso y, decidida a reunir recursos que le permitieran volver para llevar una vida digna, se embarcó hacia el norte.

Hoy no se sabe si su belleza es parte del mito popular, pero aseguran que cuando llegó a Calama buscó trabajo como sirvienta y le jugó en contra su hermosura. Ninguna mujer quiso contratarla por temor a que le levantara el marido. No le quedó otro camino que la prostitución. Se asiló en el burdel de doña María Centenario, el más elegante de la ciudad y muy pronto se convirtió en la preferida de los hombres acaudalados de Calama y de Chuquicamata. Los supervisores y los ingenieros de la mina, más todos aquellos que podían pagar la alta tarifa que le fijó la cabrona, se peleaban sus favores. Dicen que ella, generosa, compartía parte de sus ganancias con los más pobres, con quienes sentía una especial afinidad por su pasado humilde. Esto la convirtió en una mujer muy querida en los barrios modestos de Calama. Pero la prostitución no era la vida que ella buscaba cuando decidió emigrar, quería trabajar en alguna actividad que le permitiera formar una familia y se juntó para convivir con Orlando Álvarez Mendoza. Aquí la historia tiene dos versiones. En una entrevista que el mencionado Álvarez Mendoza dio a “La Estrella” de Calama, asegura que la conoció en Concepción, cuando ejercía la prostitución en un burdel de la calle Orompello, que después de algunos años se reencontraron en Calama y decidiendo vivir juntos.
Tal vez Irene fue prostituta en Concepción y, buscando darle un giro a su vida, emigró al norte, donde no encontró trabajo en otra cosa, debiendo volver a la profesión de la señora Warren. Al parecer, Álvarez nunca se opuso a que su mujer continuara en el burdel. Pero, según el mito, a María Centenario poco le gustó que su mejor fuente de ingresos comenzara a buscar caminos distintos y decidió recurrir a una bruja de San Pedro de Atacama, especializada en separar parejas. Coincidentemente, el hombre de Irene murió en una explosión en Chuquicamata, antes del trágico fallecimiento de la mujer. Pero Álvarez aparece haciendo declaraciones al diario después de la muerte de Irene. El mito y la prensa no se ponen de acuerdo.

De igual forma, las circunstancias del crimen tienen versiones distintas. El Mercurio de Calama asegura que la mujer fue asesinada en la pieza 5 del burdel de María Centenario, que su sangre regaba todas las paredes del cuarto y que, después, su cuerpo mutilado fue trasladado al desierto y abandonado. El mito dice que fue interceptada en la calle, subida a la fuerza en un automóvil y que no se supo más de ella hasta diez días después, cuando se encontró su cuerpo repartido y comido por los animales del desierto. Tampoco existe acuerdo en el origen del apodo de la mujer. El Clarín asegura que cuando se encontró el cadáver calzaba botas negras y que el periodista, como aún no se conocía la identidad de la difunta, la bautizó como “La mujer de las botas negras”.
El mito dice que siempre calzaba botas negras para ocultar una fea cicatriz que tenía en la pantorrilla y que el apodo la acompañaba desde antes de su muerte. Lo concreto es que Irene del Carmen Iturra Saez fue asesinada, sus pechos y sus orejas cortados, desmembrada y enterrada superficialmente en un lomaje de un sitio llamado Punta de Rieles, sobre el camino que une Calama con Tocopilla. Cuando la encontraron, su cuerpo repartido mostraba evidentes señas de haber sido comido por los animales. Detuvieron a dos hombres como presuntos culpables, pero nunca se pudo probar su participación en el hecho y fueron dejados en libertad. No existieron más detenidos por el crimen.

Desde que murió, el 8 de agosto de 1969, cuando tenía 27 años, se convirtió en un mito. Peregrinos desde Putre a Tierra del Fuego visitan su tumba, lo mismo que salteños y bolivianos que acuden a ella para pedir sus favores. Sus devotos aseguran que es muy milagrosa. La definen como la Patrona de los Pobres  y también, como la Santa de los que Trabajan de Noche, porque las prostitutas acuden a ella para solucionar sus problemas.

En el año 2004 su tumba, que siempre está llena de cartas, flores, velas, adornos, botitas tejidas o de yeso y otros obsequios de sus seguidores, se incendió. No se sabe si por obra de una vela o por la mano de profanadores. No es la primera vez que ocurre. Desde el día de su muerte, ha tenido que ser trasladada tres veces dentro del mismo camposanto de Calama.
Pero pase lo que pase, de ahí no va a salir. Porque los calameños jamás permitirán que les arrebaten a su “santa”.

Fernando Lizama-Murphy

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