JOSÉ MARÍA VÉLAZ, SJ. UN CHILENO OLVIDADO EN SU PAÍS

Por Fernando Lizama Murphy

«Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto. En el corazón de las barriadas, sus centros son testimonios de fe en la potencialidades de nuestro pueblo, e irradian la alegría del rescate social por la educación».

Padre José María Vélaz, SJ.

En Chile se conoce poco aunque fue fundada en 1955, por un chileno. No es una organización que esté arraigada en el país, como lo son el Hogar de Cristo o María Ayuda u otras que se esfuerzan por realizar una labor social al amparo de la Iglesia Católica y que promocionan, por diversos medios, sus actividades. Pero Fe y Alegría que está presente en 21 países de América ─incluido Chile─ África y Europa, ha impactado en la vida de más de 1.300.000 jóvenes a los que les ha dado la oportunidad de educarse, desde la primaria, hasta la técnico profesional. Su campo de acción preferente son los barrios más pobres de las ciudades en las que se ha establecido. “Donde termina el asfalto, donde no gotea el agua potable, donde la ciudad pierde su nombre”, según el decir de su fundador.

José María Vélaz nació en Rancagua el 4 de diciembre de 1910, era hijo de padres españoles que se establecieron en esa ciudad para dedicarse al comercio. Pero su padre murió cuando él tenía cinco años y la madre, un quinquenio después, decidió regresar a España junto sus cuatro retoños. Estudió interno en el colegio de los jesuitas de Tudela. Posteriormente ingresó a leyes, pero muy pronto desistió y el 1928 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús.

La compleja situación política que se vivía en España lo obligó a trasladarse a Bélgica, donde concluyó sus estudios de filosofía en 1936. Antes de acceder al sacerdocio y como una especie de práctica, José María tenía que ejercer como misionero.  Él quería como destino China, pero sus superiores decidieron enviarlo a Venezuela, donde trabajó unos años en el Colegio San Ignacio de Caracas. Desde su llegada quedó cautivado por la gente del país.

230 a.C.: LA EXPEDICIÓN EGIPCIA QUE PRETENDIÓ CIRCUNNAVEGAR LA TIERRA

“En algún lugar, algo increíble está esperando ser conocido”. Carl Sagan

Por Fernando Lizama Murphy

Mapa de la posible ruta seguida por la expedición egipcia.

El origen del poblamiento del continente americano tiene muchas teorías, lo mismo que la época en que se llevó a cabo. Unas hipótesis hablan de 12.000 a 17.000 años y otras nos dicen que entre 20.000 y 30.000 años.

Y en cuanto a los orígenes probables, Paul Rivet, en su libro “Los orígenes del hombre americano«, presenta varios lugares como posibles procedencias y diversas rutas que habrían seguido los primeros pobladores de nuestro continente, desde la más difundida, cruzar un congelado Estrecho de Bering (Beringia), hasta australianos bordeando el Polo Sur para llegar a América por el Cabo de Hornos, sin dejar de lado aquella que nos habla de los polinésicos que cruzaron el Pacífico. Y citamos a Rivet, quizás por ser uno de los pioneros, pero son muchos los que han investigado la procedencia de los habitantes de este lado del mundo.

Además de las teorías del poblamiento, existen algunas más demostradas que otras, algunas más especulativas que otras, que hablan de visitas de navegantes chinos, vikingos, polinésicos, incluso extraterrestres y seguramente algunas más de las que este autor no ha escuchado hablar. Lo que si ya se puede afirmar con certeza es que cuando Cristóbal Colón descubrió América para España, otros pies, provenientes de otros continentes, ya se habían posado en estos territorios.

Pero existe una investigación que llama especialmente la atención: los egipcios, los de los faraones, estuvieron en este continente bastante antes que Colón y dejaron huellas en Chile, además de en otros países de América y de la Polinesia.

DE COLÉRICOS A HIPPIES

Los ´60, una década agitada

Por Fernando Lizama Murphy

 La juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se equivoca, pero ese es precisamente el gran derecho de la juventud. (José Ortega Y Gasset)

Que la juventud busca innovar en sus gustos, que busca marcar un estilo propio, adoptar una forma de vida que la caracterice, es algo que se ha repetido durante toda la historia de la humanidad. Existen momentos, lugares o hechos que marcan una especie de frontera que hace que las generaciones que recién se están integrando a la sociedad como individuos, entendiéndose como tal el hecho que comienzan a alejarse de la tutela familiar, empiecen a buscar sus propios modos de expresión, sus propias maneras de entender lo humano y lo divino.

Estos cambios antes tenían impactos más acotados y tardaban más en permear hacia otras naciones con otras costumbres, pero el inatajable avance de la tecnología, que comenzó casi junto con el siglo XX, permitió que los plazos se fuesen acortando paulatinamente.

El fenómeno tomó aún más fuerza en la post  2ª Guerra Mundial, cuando el mundo se dividió en dos bloques antagónicos, encabezados por los EEUU por un lado y la URSS por otro, llevando al planeta a la Guerra Fría (1947-1991), un constante ambiente de incertidumbre bélica, amenazas de guerra atómica, la construcción del muro de Berlín, la crisis de los misiles por el deseo de la URSS de instalar ojivas nucleares apuntando a los EEUU desde Cuba y otra serie de acontecimientos, que mantuvieron en vilo durante casi medio siglo a la humanidad, dejando en la juventud una estela imborrable que la llevó a buscar caminos propios, ajenos a los que tradicionalmente marcaban las generaciones precedentes, todo por la vieja aspiración juvenil de hacer del mundo un lugar más amigable con el ser humano.

Claro que muchas de estas manifestaciones eligieron vías más violentas para imponerse, es decir, solo fueron continuadores de una mala costumbre de los habitantes de la Tierra; someter por la fuerza a los que consideran más débiles.

En el Chile de la segunda mitad de los ´50 parte de la juventud estaba personificada en los “coléricos”. La prensa o alguien bautizó con este título a aquellos jóvenes que, inspirados en la película “Rebelde Sin Causa” (1955), protagonizada por James Dean, comenzaron a utilizar coches deportivos, motocicletas, a lucir casacas de cuero, bluyines y a organizar pandillas encabezadas por líderes que buscaban imponer sus reglas a otros, período que tuvo su trágico clímax con la muerte de María Luz Tamargo, de 15 años, en cuyo supuesto suicidio (nunca quedó clara la causa de su muerte) estuvo involucrado Carlos Boassi (alias el Carloto), de 19, cabeza de una de las pandillas de coléricos.

ANTE PAVELIC, EL “FÜHRER” CROATA QUE GOBERNÓ DESDE ARGENTINA

Por Fernando Lizama Murphy

El 11 de abril de 1957, cuando regresaba a su hogar en el barrio El Palomar de Buenos Aires, Ante Pavelic fue víctima de un nuevo atentado contra su vida. De los anteriores había resultado con más susto que lesiones, pero en este caso las balas de los agresores fueron más certeras y lo dejaron mal herido. La familia, temerosa de que buscasen la manera de finiquitar la tarea, lo trató en forma privada, lo ocultaron en Chubut y cuando pudieron, amparados en una identidad falsa que probablemente les otorgó el gobierno argentino, lo trasladaron a Madrid. La única condición que puso el gobierno de Francisco Franco para recibirlo fue “discreción”.  En medio de la Guerra Fría, a nadie le resultaba cómodo ser el anfitrión de uno de los criminales de guerra más buscados desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

Nunca se recuperó bien de las lesiones y el 28 de diciembre de 1959 fallecía en el Hospital Alemán de la capital española. Está sepultado en el cementerio San Isidro.

Así terminaba la vida de uno de los dictadores más despiadados que conoció el siglo XX.