DE COLÉRICOS A HIPPIES

Los ´60, una década agitada

Por Fernando Lizama Murphy

 La juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se equivoca, pero ese es precisamente el gran derecho de la juventud. (José Ortega Y Gasset)

Que la juventud busca innovar en sus gustos, que busca marcar un estilo propio, adoptar una forma de vida que la caracterice, es algo que se ha repetido durante toda la historia de la humanidad. Existen momentos, lugares o hechos que marcan una especie de frontera que hace que las generaciones que recién se están integrando a la sociedad como individuos, entendiéndose como tal el hecho que comienzan a alejarse de la tutela familiar, empiecen a buscar sus propios modos de expresión, sus propias maneras de entender lo humano y lo divino.

Estos cambios antes tenían impactos más acotados y tardaban más en permear hacia otras naciones con otras costumbres, pero el inatajable avance de la tecnología, que comenzó casi junto con el siglo XX, permitió que los plazos se fuesen acortando paulatinamente.

El fenómeno tomó aún más fuerza en la post  2ª Guerra Mundial, cuando el mundo se dividió en dos bloques antagónicos, encabezados por los EEUU por un lado y la URSS por otro, llevando al planeta a la Guerra Fría (1947-1991), un constante ambiente de incertidumbre bélica, amenazas de guerra atómica, la construcción del muro de Berlín, la crisis de los misiles por el deseo de la URSS de instalar ojivas nucleares apuntando a los EEUU desde Cuba y otra serie de acontecimientos, que mantuvieron en vilo durante casi medio siglo a la humanidad, dejando en la juventud una estela imborrable que la llevó a buscar caminos propios, ajenos a los que tradicionalmente marcaban las generaciones precedentes, todo por la vieja aspiración juvenil de hacer del mundo un lugar más amigable con el ser humano.

Claro que muchas de estas manifestaciones eligieron vías más violentas para imponerse, es decir, solo fueron continuadores de una mala costumbre de los habitantes de la Tierra; someter por la fuerza a los que consideran más débiles.

En el Chile de la segunda mitad de los ´50 parte de la juventud estaba personificada en los “coléricos”. La prensa o alguien bautizó con este título a aquellos jóvenes que, inspirados en la película “Rebelde Sin Causa” (1955), protagonizada por James Dean, comenzaron a utilizar coches deportivos, motocicletas, a lucir casacas de cuero, bluyines y a organizar pandillas encabezadas por líderes que buscaban imponer sus reglas a otros, período que tuvo su trágico clímax con la muerte de María Luz Tamargo, de 15 años, en cuyo supuesto suicidio (nunca quedó clara la causa de su muerte) estuvo involucrado Carlos Boassi (alias el Carloto), de 19, cabeza de una de las pandillas de coléricos.

ANTE PAVELIC, EL “FÜHRER” CROATA QUE GOBERNÓ DESDE ARGENTINA

Por Fernando Lizama Murphy

El 11 de abril de 1957, cuando regresaba a su hogar en el barrio El Palomar de Buenos Aires, Ante Pavelic fue víctima de un nuevo atentado contra su vida. De los anteriores había resultado con más susto que lesiones, pero en este caso las balas de los agresores fueron más certeras y lo dejaron mal herido. La familia, temerosa de que buscasen la manera de finiquitar la tarea, lo trató en forma privada, lo ocultaron en Chubut y cuando pudieron, amparados en una identidad falsa que probablemente les otorgó el gobierno argentino, lo trasladaron a Madrid. La única condición que puso el gobierno de Francisco Franco para recibirlo fue “discreción”.  En medio de la Guerra Fría, a nadie le resultaba cómodo ser el anfitrión de uno de los criminales de guerra más buscados desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

Nunca se recuperó bien de las lesiones y el 28 de diciembre de 1959 fallecía en el Hospital Alemán de la capital española. Está sepultado en el cementerio San Isidro.

Así terminaba la vida de uno de los dictadores más despiadados que conoció el siglo XX.