GASPAR YANGA, EL ESPARTACO DE MÉXICO

Gaspar YangaCrónica de Fernando Lizama-Murphy

Los primeros años del colonialismo español en América causaron una debacle en la población aborigen. Entre las pestes, las batallas y la explotación diezmaron de tal manera a los indios que los terratenientes no tenían mano de obra barata suficiente para trabajar sus encomiendas. Esto los obligó a importar esclavos africanos, sobre todo porque eran inmunes a las enfermedades europeas.

Los esclavistas portugueses, denominados rendeiros, autorizados por la Casa de Contratación de Sevilla, que ganaban una comisión para la corona por cada esclavo, capturaban a los negros y los vendían en los países en los que eran necesarios.

Así llegó a México, se dice que procedente de Gabón, Nyanga, que significa príncipe en su lengua natal. Después fue bautizado como Gaspar Yanga. Alto, fornido y arrogante, desde un comienzo hizo saber a quien lo quisiera escuchar que él era un príncipe en su tierra africana, hijo del rey de la tribu Yang Bara. Pero en Veracruz ni en ninguna parte importa el linaje de los esclavos. Por sus constantes desacatos, fue sometido una y otra vez a castigos que sólo conseguían aumentar su rebeldía.

Muchos esclavos huían, refugiándose en las montañas cercanas para enfrentar una vida llena de privaciones y con el temor constante de ser recapturados, pero en libertad. Gaspar, incapaz de seguir aceptando el sometimiento y el maltrato, buscó la ocasión y hacia 1570 huyó para unirse a sus hermanos cimarrones.

Muy pronto hizo uso de los atributos de su linaje porque se convirtió en el líder de los esclavos negros fugitivos. Se asentaron entre el Cofre de Perotes y el Pico de Orizaba, una región montañosa y selvática de difícil acceso, relativamente cercana al puerto de Veracruz. Yanga los organizó para que iniciaran cultivos de los que vivían, junto con la caza y los botines que conseguían asaltando tanto a las caravanas que portaban mercancías a la ciudad como a los colonos que habitaban los alrededores.

Durante más de treinta años los esclavos, cuyo número se incrementaba día a día, desafiaron al poder español. Muchos destacamentos fueron enviados para capturar a los fugitivos y cuando lograban coger a alguno, lo torturaban en la plaza pública para amedrentar al resto. Pero nada consiguieron, las fugas continuaron y el número de rebeldes aumentaba.

Entonces comenzó a correr el rumor en Veracruz de que los rebeldes preparaban un ataque masivo en contra de la ciudad para liberar a sus compañeros que aún continuaban bajo el yugo de la esclavitud. Frente a esa amenaza el gobierno decidió atacar la raíz del problema y en enero de 1609 envió a un ejército de cien soldados, apoyados por cuatrocientos entre voluntarios e indios, al mando de don Pedro González de Herrera.

Para llegar hasta el escondite de los prófugos utilizaron una pista que el mismo Gaspar Yanga les proporcionó a modo de desafío. Luego de capturar a un soldado español le dio de comer y lo envió de regreso con una carta para el gobernador de Veracruz, ofreciéndole dialogar o señalándole el camino que debían tomar para atacarlo si es que se decidían por esta opción.

Esa misma vía utilizó González de Herrera para intentar someter a los rebeldes. Gaspar Yanga ya estaba viejo, por lo que puso al mando de su ejército, que ya sumaba más de quinientos guerreros, a su lugarteniente y ex esclavo como él, Francisco de la Matossa.

Los combates, librados en medio de la selva que se había convertido en el hábitat natural de los negros, cobraron muchas víctimas por ambos lados. Incluso las tropas españolas consiguieron llegar al centro de operaciones de Yanga e incendiarlo, pero los negros se escabulleron por entre quebradas montañosas y selváticas y, mediante ataques relámpago, mermaban a las fuerzas atacantes. La batalla se definió sin vencedores ni vencidos, pero los españoles se retiraron y aceptaron dialogar.

Aunque no les concedieron todo lo que pedían, los ganadores fueron el rebelde Gaspar y sus libertos. Obtuvieron la libertad, pudiendo organizar su distrito bajo sus propias leyes, solo con dos condiciones: permitir la presencia de un sacerdote que actuaría como ministro de fe y comprometerse a regresar a sus amos a los esclavos que, a partir de ese momento, llegaran a su territorio.

Yanga aceptó, entendiendo que nada ganaría con seguir luchando. Él ya estaba demasiado viejo y comprendía que tarde o temprano sucumbirían ante el poder de la corona.

El poblado se llamó San Lorenzo de los Negros y fue el primer territorio libre de América.

El distrito de Yanga aún existe en Veracruz, México.

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