DALIA SOTO DEL VALLE: VIVIR A LA SOMBRA DE FIDEL

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Dalia Soto del Valle y FidelFue la segunda esposa del recién fallecido Fidel Castro. Estuvo a su lado por más  de cincuenta años, desde los primeros tiempos del gobierno revolucionario. Nunca se supo que lo regañara por sus frecuentes engaños y si alguna vez lo hizo, fue con la discreción de una dama y en la privacidad de su casa. En realidad, hasta hace muy poco tiempo, nunca se supo nada del entorno familiar del locuaz dictador al que Dalia le dio cinco hijos, cuyos nombres comienzan con “A”: Alexis, Alex, Alejandro, Antonio y Ángel. Entre el primero y el último hay doce años de diferencia. Se dice que la elección de esta inicial obedece a la gran admiración que Fidel sentía por Alejandro Magno.

El hogar de los Castro Soto fue un templo de discreta vida familiar; ella se mantuvo siempre ausente, lejos de las cámaras, de los periodistas, de la farándula. Se mantuvo siempre lejos del poder. Para eso estaba su marido.

Así fue la vida de Dalia Soto del Valle, hasta el 25 de noviembre recién pasado. Una primera dama enigmática, misteriosa, casi un fantasma en la vida nacional, conocida cariñosamente por el pueblo cubano como “Dalita”, aunque muchos de sus compatriotas nunca la vieron; ni en fotografías. En todo caso este sistema de vida opaco fue la opción elegida por Fidel para su familia, siempre temeroso de que se convirtieran en blanco de algún secuestro o un atentado por parte del “imperio”. O de los disidentes, que los hay por montones dentro y fuera del país. Según él, algo dado a la exageración, contabilizó seiscientos treinta y cuatro atentados en contra de su vida. Según Juan Reinaldo Sánchez, uno de sus guardaespaldas ―en algún momento muy cercano a él, hasta que cayó en desgracia―, los intentos de asesinato reales fueron entre cien y doscientos, utilizando desde venenos hasta bombas. En todo caso, es una hazaña haber sobrevivido a tanto deseo de matarlo.

Seguramente, y solo pensando en no saber si ese día su marido regresaría vivo o dentro de un cajón, la vida de Dalia tiene que haber sido difícil. Porque ¿cómo será estar siempre pendiente de un personaje reverenciado y odiado al mismo tiempo? ¿Cómo será vivir al lado de uno de los seres más carismáticos y controvertidos de la última centuria, y celoso por añadidura? Este Fidel, tan cuidadoso con su vida íntima, ¿sería igual de avasallador dentro de su casa como lo era frente a las cámaras? ¿Cuál era el rol de Dalia en esa casa? Tal vez el de una mujer pasiva atendida por la servidumbre o el de la jefa de hogar dispuesta a satisfacer los caprichos de su famoso marido. No lo sabemos.

Porque el Fidel que conocimos, ese que enfrentaba lentes y micrófonos con un desplante admirable, el que podía estar hasta siete horas discurseando, el que tenía fama de egocéntrico, obstinado, cruel, voluntarioso, convencido de sus ideales y que para llevarlos a cabo no dudaba en sacar de su camino a quién estorbara sus propósitos, no sabemos cómo era “puertas adentro”.  Conocemos que, en lo político, era un hombre que no aceptaba sombras, que pronto hacía eliminar a aquel que empezara a tener una participación pública más allá de la que él consideraba aconsejable; pero en su vida personal, aparte de ser, sin lugar a dudas, un mujeriego empedernido y al parecer un amante de la buena mesa, no sabemos mucho más.

Con respecto a la reclusión de Dalia ¿habrá sido voluntariamente cautiva por miedo a convertirse en la sombra de su marido y tal vez por ello hacerse acreedora a la desaparición? O, contagiada por Fidel, ¿fue por temor a los atentados?

Obsesionado por la seguridad, a Castro no le gustaba mezclar los asuntos de Estado con su vida familiar. De hecho fueron muy pocas las personas que visitaron la casa oficial de la familia (decimos “oficial” porque hubo muchas otras viviendas. Fidel rara vez dormía dos noches seguidas bajo el mismo techo) ubicada en las Jaimanitas, una zona residencial al oeste de La Habana, sector de muchas áreas verdes y de muy pocas viviendas en sus alrededores. Se afirma ─y debe ser cierto─ que las viviendas cercanas son habitadas por personal de seguridad y de la más estricta confianza de los Castro, lo que crea un círculo de hierro imposible de cruzar sin permiso. Dalia vive cautiva dentro de su casa y al parecer, eso no le incomoda. Quienes han podido concurrir a la residencia y recorrer los sectores abiertos a los visitantes, aseguran que su mobiliario no es ostentoso, que no se ven alardes de riqueza. No se luce la fortuna que llevó a la revista Forbes a ubicar a Fidel entre los diez políticos más ricos del mundo.

Dalia Soto del Valle fue la segunda esposa de este hombre cuya vida estuvo plagada de compañeras de lecho. El New York Post ―en un dato que resulta difícil de creer, aunque incluso existe un documental sobre el tema del cineasta canadiense Ian Halperin, disponible en You Tube (VER AQUÍ)― estima que fueron unas treinta y cinco mil las mujeres con las que tuvo relaciones sexuales (si, leyó bien… 35.000).

Según el mismo periódico, Fidel pedía una damita para después de almuerzo y otra para después de cenar e incluso a veces, solicitaba compañía para el desayuno. El lector puede sacar la cuenta considerando una vida sexual promedio de cincuenta y cinco años “útiles” en la vida de un hombre. Para Guinness, ¿verdad? Una mujer dispuesta a aceptar que su marido lleve este tipo de vida promiscua tiene que ser muy especial. O estar amedrentada, como las mujeres de Enrique VIII.

Mirta Díaz Balart y Fidel
Mirta Díaz Balart, Fidel y su primogénito.

El primer matrimonio de Castro fue con Mirta Díaz-Balart, cuyo hermano llegó a ser Ministro en el gobierno de Fulgencio Batista. A ella, que era hija de un rico hacendado, la conoció cuando él estudiaba leyes. Era una hermosa rubia de ojos claros, estudiante de filosofía. Contrariando la voluntad de la familia de la novia, se casaron en 1948, y un año después nació Fidelito, el hijo más parecido físicamente a su padre. El muchacho siguió la carrera de física en la Unión Soviética, oculto bajo un nombre ficticio, y regresó en 1980 a su país para hacerse cargo del programa nuclear cubano, pero su padre lo despidió en 1992 por considerarlo incompetente. Se dice que lo hizo para demostrar que nadie era imprescindible en la isla.

Mirta, de formación burguesa muy alejada de los cánones revolucionarios e influenciada por su familia, nunca estuvo de acuerdo con la aventura política de su marido y cuando éste cayó preso luego del fallido asalto al Cuartel Moncada, el alejamiento fue definitivo. Se separaron en 1954.

Natalia Revuelta.
Natalia Revuelta.

En el intertanto, Fidel tuvo una hija con Natalia Revuelta, también perteneciente a una familia acomodada. Esta hija, Alina, huyó a Miami, repudió a su padre, renunció al apellido paterno y se convirtió en enemiga del régimen cubano.

Pero el hombre no perdía el tiempo y casi al mismo tiempo, de una relación con María Laborde, nació Jorge Ángel, químico de profesión que prefería el anonimato. Hizo público el vínculo con su padre muchos años después.

Existe otra hija, Francisca Pupa, cuya madre permanece en secreto y que fue presentada en Miami por Juanita Castro, la hermana/enemiga de Fidel, hace unos pocos años. Y existen muchas otras mujeres que alegan ser madres de hijos de Fidel Castro Ruz. Con tanta presunta promiscuidad, no debe extrañar.

Fidel Castro y Celia Sánchez
Fidel Castro y Celia Sánchez.

Pero la gran compañera del dictador, aunque solo por presunciones se puede decir que también fue su amante, fue Celia Sánchez Manduley. La amistad entre ambos se inició en los años de Sierra Maestra y ella se convirtió en su consejera. Según los cercanos, fue por más de veinte años la persona más influyente en su vida y a la única persona a la que escuchó. También era la única que lo rebatía, con la que discutió cara a cara y a la que, a veces, le hizo caso. Fue tanta la trascendencia de esta mujer, que llegó a ocupar el cargo de Secretaria Ejecutiva del Consejo de Ministros, cosa rara en un régimen excesivamente patriarcal. Cuando Fidel llegó al poder, se convirtió en su secretaria y más cercana asesora. Las dudas respecto a los vínculos románticos entre ellos son porque por esa época apareció Dalia y pasó a ser su compañera y madre de sus hijos. Pero algo más debe de haber pasado con Celia pues no se casó con Dalia hasta 1980, un año después de la muerte de su cercana asesora. La consejera, secretaria y tal vez amante, falleció de cáncer pulmonar en 1979. Murió soltera.

Aunque no es mucho lo que se sabe de ella, podemos decir que Dalia Soto del Valle nació en Trinidad, en Cienfuegos y era hija de Fernando Soto, un hacendado de la zona. Rubia y de ojos claros, un prototipo bastante frecuente en las parejas de Fidel, eligió la docencia como profesión y ejerciéndola fue como conoció al hombre de su vida. Él, que tres años antes se había hecho del poder, inició una campaña de alfabetización, uno de los pilares de su programa de gobierno y para promocionarla recorrió algunas ciudades del país.

Entre los profesores que concurrieron a la reunión en Trinidad, destacaba una niña de diecisiete años que le llamó la atención. Él tenía treinta y seis.

La jornada se coronaba con una cena a la que asistirían algunos de los profesores elegidos entre los participantes a la charla. Fidel instruyó a uno de sus ayudantes para que comprometiera la asistencia de la jovencita. No debe de haber sido difícil conseguirlo; todas las muchachas cubanas se disputaban al héroe del momento. Muy pronto Dalia estaba embarazada de su primer hijo, Alexis. De la mano de Fidel, trasladó su residencia a La Habana a una casa en el barrio Punta Brava y dispuso de Llanes, un chofer de la confianza de su hombre, que además, por encargo de su jefe, actuaba como chaperón, fiscalizando el comportamiento de la damita. Durante mucho tiempo, ella jamás pisó el Palacio Presidencial.

Los hijos continuaron llegando al mundo desde el vientre de esta mujer que desapareció  de la vida pública hasta cuando Fidel comenzó con sus problemas de salud, en 1999, Dalia apareció en público en un discreto segundo plano, siempre atenta a su marido. Tampoco fueron muchas veces en las que se la vio. De hecho, muchos periodistas tenían dudas respecto de la identidad de esta dama que desfiló en la cuarta fila en un acto público o que aparecía sentada en lugares secundarios en actos oficiales. Fue por  las fotografías que turistas obtuvieron en algunos recintos públicos como se comenzó a divulgar su imagen al mundo.

Hoy, en medio de los actos oficiales por la muerte del dictador, no se sabe qué lugar ocupará Dalia Soto del Valle. Si mantendrá su perfil discreto junto a sus hijos, cuya participación en política es una incógnita, dejando todo el protagonismo a su cuñado Raúl, o si de una vez por todas ocupará el sitial que desde hace más de medio siglo le ha correspondido como compañera fiel.

También es difícil vaticinar su futuro. ¿Seguirá viviendo en la misma casa del barrio oeste de La Habana o deberá trasladar su residencia? Su cuñado, ¿le mantendrá las prebendas? ¿Qué vida elegirá para el futuro? ¿Continuará su vida de encierro casi monacal, cuidando nietos, o se dedicará a viajar, a disfrutar lo que le queda de vida utilizando la fortuna heredada de su marido?

Son muchas incógnitas, como tantas cosas que ocurren y seguirán ocurriendo en la isla caribeña.

Fernando Lizama Murphy
Diciembre 2016

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