VERSIÓN MEXICANA DEL ORIGEN DEL “FUERO”

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Carlos Fuero Unda
Carlos Fuero Unda (1844-1892).

La palabra FUERO se utiliza, generalmente, para singularizar privilegios de algunas personas, pero la Real Academia Española de la Lengua tiene varias acepciones. Dejemos que hable esta institución:

Fuero. (Del lat. forum, foro).

  1. m.Históricamente, norma o código dados para un territorio determinado.
  2. m.Jurisdicción, poder. Fuero eclesiástico, secular.
  3. m.Compilación de leyes. Fuero Juzgo. Fuero Real.
  4. m.Cada uno de los privilegios y exenciones que se conceden a una provincia, a una ciudad o a una persona. U. m. en pl.
  5. m.Privilegio, prerrogativa o derecho moral que se reconoce a ciertas actividades, principios, virtudes, etc., por su propia naturaleza. U. m. en pl. Defender los fueros de la poesía, del arte, de la justicia, de la razón.
  6. m.coloq. Arrogancia, presunción. U. m. en pl.
  7. m.Der. Competencia a la que legalmente están sometidas las partes y que por derecho les corresponde.
  8. m.Der. Competencia jurisdiccional especial que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo. Fuero parlamentario.
  9. m.ant. Lugar o sitio en que se hacía justicia.

Fuero de la conciencia.

  1. m.Libertad de la conciencia para aprobar las buenas obras y reprobar las malas. U. m. en pl.

Hoy por hoy la utilizamos especialmente para definir privilegios que por alguna condición especial o por su investidura, tiene algunas personas e instituciones.

Pero existe una historia, registrada en el libro LA OTRA HISTORIA DE MÉJICO, DÍAZ Y MADERO, LA ESPADA Y EL ESPÍRITU, de Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, y que nos permitimos difundir a continuación, que nos cuenta que, durante una de las innumerables guerras, batallas, revoluciones y contrarrevoluciones que en el siglo XIX disputó ese pueblo para lograr su libertad e independencia, se produjo un episodio que dio origen al uso de esta expresión para dignificar el peso de la palabra empeñada.

En marzo de 1867 el Emperador Maximiliano de Habsburgo quedó sólo defendiendo su imperio de ultramar, en México. Napoleón III, que lo embarcara en esta aventura, se retiró junto a sus tropas dejando algunos destacamentos de soldados franceses y belgas. Sumadas a las tropas que le eran leales, el austriaco logró reunir un ejército de 9.000 hombres, con los que, aconsejado por sus generales, se hizo fuerte en Querétaro desde donde pensaba iniciar una ofensiva en contra de las tropas republicanas de Benito Juárez.

Pero Juárez contaba con cuatro veces esa cantidad de soldados y junto a él luchaban algunos norteamericanos fogueados en la Guerra de Secesión. Además disponía de armamento moderno, especialmente artillería, excedente de esa misma guerra. Aún así, Maximiliano logró resistir casi tres meses el asedio de los mexicanos hasta que, traicionado por el coronel Miguel López del Ejército de la Emperatriz, que entregó al enemigo las claves para poder entrar, Querétaro cayó.

Junto con perder la ciudad, Maximiliano perdió el trono y un mes después la vida, porque fue fusilado. A su lado cayó toda su plana mayor, entre los que se contaba el general Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor del Ejército Imperial, que al igual que todos los demás, fue condenado a enfrentar el pelotón de fusilamiento.

La historia de México
Fragmento del Mural “La Historia de México, de Diego Rivera (1931). Palacio Nacional de México.

A la espera de que se consumara la sentencia, la custodia del general del Castillo le fue encomendada al coronel Carlos Fuero, que había sido alumno del general en la academia militar. Nos cuenta “Catón” que la noche previa a la ejecución, el condenado pidió hablar con su antiguo alumno, que en ese momento se encontraba durmiendo. Aún así accedió a lo solicitado y se dirigió a la celda del hombre que vivía sus últimos momentos.

─Carlos, disculpa que te haya despertado, pero necesito pedirte un favor.

─Si se puede…

─Como me quedan sólo algunas horas de vida, me gustaría confesarme y hacer mi testamento. ¿Sería posible que enviaras por el Reverendo Montes y el licenciado Vásquez?

─No creo que sea necesario hacerlos venir, mi general.

─¿Por qué? ¿Acaso no me vas a dar la oportunidad de dejar arreglados mis asuntos mundanos y con el Creador? En este momento tan trascendente para mí, me permito recordarte la amistad que nos unía con tu padre ─replicó, molesto, el condenado.

─No se trata de eso mi general, sino que es mucho más simple que usted acuda donde ellos.

─¿Qué me estás proponiendo, Carlos? ─preguntó el general, extrañado.

─Lo que le digo. Usted se va a encontrar a esas personas, mientras yo me quedo en esta celda en su lugar. Ofreceré me vida a cambio de la suya.

─¡Pero lo que dices es una locura!

─Es más sensato que enviar por dos personas a las que habrá que buscar y el tiempo corre en su contra.

─¿Y cómo sabes que regresaré?

─Porque lo conozco y sé que usted me dará su palabra de honor.

─Por supuesto que cuentas con ella, hijo ─le dijo, abrazándolo.

El coronel Fuero dio instrucciones a la guardia para que permitieran la salida del general y les explicó que él ocuparía su lugar en la celda.

Por la mañana, muy temprano, apareció por el cuartel el general Sóstenes Rocha, superior de Fuero, quién de inmediato fue informado por los guardias de lo ocurrido. Rápidamente se dirigió a la celda donde encontró encerrado a su subalterno.

─Entonces es verdad lo que me informaron en la guardia.

─¡Sí, mi general! Si él no regresa, me fusila a mí.

─¡Tú estás loco! Tú no me sirves como ajusticiado. Lo necesito a él, que es el enemigo.

─No se preocupe, mi general. Sé que regresará.

Mientras se desarrollaba este diálogo, se escuchó la voz del centinela gritar:

─¿Quién vive?

La respuesta no tardó en llegar

─¡Un prisionero de guerra!

El general Del Castillo, después de arreglar los asuntos pendientes, regresaba para enfrentar su destino.

Sóstenes Rocha, que hasta ese momento dudaba de la decisión de su subalterno, comprendió en cuánto valoraban ambos soldados la palabra empeñada y se emocionó. Por su boca la historia llegó a su superior y de ahí al mismísimo Benito Juárez, que comprendió tanto el gesto de Fuero como el valor de Del Castillo y perdonó a ambos.

Entonces se entendía como Fuero aquel beneficio que se obtiene a cambio de empeñar la palabra y responder a ella, concepción muy lejana a la que ahora se le da, en que fuero se ha transformado en una licencia para cometer abusos de poder.

Fernando Lizama Murphy

Noviembre 2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s