HISTORIA DE MARÍA ANTONIETA HAGENAAR, LA PRIMERA ESPOSA DE NERUDA

Crónica de Fernando Lizama Murphy

La holandesa nacida en Java fue la madre de Malva Marina, la única hija del poeta, despreciada por éste por padecer de hidrocefalia

Matrimonio Reyes-Hagenaar

En la larga cadena de mujeres que ocuparon un espacio en la vida de Pablo Neruda, quien muy probablemente padeciera de satiriasis ―deseo sexual exacerbado─, un eslabón muy especial lo tiene María Antonieta Hagenaar Vogelzang, a la que apodará “Maruca”, o también “la Javanesa”, en alusión a su origen, siguiendo su costumbre de rebautizar a sus conquistas. No sólo fue la primera esposa del poeta, sino que además la madre de Malva Marina, su única y malograda descendencia.

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto llegó en 1921 a Santiago, procedente de Temuco, para estudiar Pedagogía en Francés. Tenía diecisiete años y disponía sólo de una modesta ayuda de su padre para sobrevivir en la capital, por lo que se vio obligado a habitar en pensiones de mala muerte, conventillos y otras viviendas precarias. Al principio, su carácter tímido, típico de provinciano pobre, lo hizo aislarse del resto del mundo y en sus ratos libres escribía poemas, atendiendo un llamado interno que desde hacía mucho tiempo le llegaba desde las entrañas y que le había permitido ganar algunos premios en juegos florales de su ciudad de origen.

Poco a poco se fue introduciendo en medios literarios de la universidad y después de un tiempo, en los que pasó severas privaciones, comenzó a codearse con la flor y nata de una bohemia intelectual santiaguina que, asombrada con la creación poética de este joven, lo acogió en su seno. También poco a poco fue apareciendo en él otra personalidad, más decidida a hacerse un espacio en el mundo literario. En tercer año abandonó los estudios para dedicarse de lleno a la poesía. A través de sus contactos consiguió que algunas de sus obras fuesen publicadas en distintos medios y comenzó a tener nombre propio en el ambiente culto del país, lo que le permitió acceder a la burguesía acomodada de Santiago.

Alabado en este medio difícil, el poeta comenzó a lucir una desbordante confianza en sí mismo y se convenció de que el medio nacional ya le resultaba estrecho para su capacidad y sus ambiciones. Se convirtió en su mayor deseo el conseguir algún cargo diplomático para desarrollar, en ambientes más exigentes, sus aptitudes. Ojalá París o Madrid, aunque sabía que esas plazas eran las más ambicionadas por la aristocracia local para que sus hijos iniciaran sus carreras en el exterior. Pero con un objetivo fijo decidió solicitar a don Manuel Bianchi, diplomático ya retirado, ayuda para salir del país. Se imaginaba que fuera de las fronteras todo sería más fácil para destacarse en el medio poético. A través de sus contactos, don Manuel le consiguió datos sobre varias plazas poco apetecidas, y entre ellas el vate escogió, por azar o por tinca, porque no conocía ninguna, Rangún, la capital de Birmania. Él mismo cuenta que le mostraron en un globo terráqueo las ciudades disponibles y el globo tenía en una parte un abollón. En esa deformación estaba el destino que finalmente eligió.

Partió con su amigo Álvaro Hinojosa, con alguna experiencia como viajero, y lo hizo con atraso después de una farra en la que gastó todo el dinero que le anticiparon para el viaje. También dejó deudas impagas, mostrando especial preocupación por la del sastre que le confeccionó la ropa que utilizaría en su misión, ya que por carta le encargó a su padre que la cancelara para que no tuviera que hacerlo su aval.

Su puesto era el de cónsul honorario y la principal preocupación era visar los cargamentos de té provenientes de Calcuta antes que siguieran su viaje a Valparaíso, lo que ocurría una o dos veces al año.

Después de la partida de Hinojosa, con el que recorrió parte de “sus” dominios diplomáticos, además de India, China y Japón, embelesándose con sus parajes y asombrándose, no siempre para bien, de sus costumbres, quedó en la más extrema soledad y pobreza. El cargo tenía una renta muy por debajo de los costos de la vida en Rangún, ciudad cosmopolita y centro comercial muy importante del tráfico entre Oriente y Occidente. Por otra parte, sus dineros tardaban en llegar, lo que lo obligaba a hacer malabares para mal sobrevivir. Digamos de paso que no hablaba ni una palabra del idioma local y que de inglés sabía muy poco, casi nada.

En este ambiente, para él absolutamente hostil, conoció a una misteriosa mujer que aparece muchas veces en sus poemas, Josie Bliss. Hay muchos estudiosos que ponen en duda la existencia real de esta musa y la atribuyen a la prodigiosa imaginación de Neruda. Si es que existió, lo más probable es que fuese una prostituta o una especie local de geisha, de esas especializadas en vender compañía a los extranjeros, de preferencia a oficiales ingleses acantonados en la zona.

Pero nos saltaremos los detalles de este romance que dan material para otra crónica y seguiremos en busca del encuentro entre el poeta y María Antonieta Hagenaar.

Según lo expresado por él, huyendo de este romance fogoso con Josie se dirige a Ceylán, que también era parte de su misión diplomática y desde ahí a la isla de Java, donde lo nombran en un cargo consular paralelo, lo que le permite duplicar sus ingresos.

En esta isla se siente más cómodo, pese a los prejuicios que existen con respecto a los hombres solteros. La mayoría de los países colonialistas los envían casados y con sus familias, como una manera de incrementar su presencia en la zona. Por lo mismo los solteros son escasos y las damas locales en edad de casarse se disputan la captura de algún galán de estas características.

Es en estas circunstancias y en un club de tenis, donde el poeta conoce a María Antonieta, una mujer alta, que se empina por el metro ochenta, delgada y muy atractiva al decir de quienes la conocieron. Era hija de Pieter Hagenaar un comerciante local y de Antonia Vogelzang, ambos de ascendencia holandesa, aunque la madre tenía algún antepasado malayo. Al momento de conocerse, ella trabajaba como empleada en el Bataviascha Afdelingsbank.

Después de un breve romance de pocos meses ─él había arribado a Batavia en junio de 1930─, en el que resulta difícil determinar en qué idioma se entendían, contrajeron matrimonio el 6 de diciembre del mismo año.

Según testimonio epistolar del propio Neruda en una carta que envió a los Eandi, un matrimonio de amigos argentinos, su vida era bastante feliz. Aunque la casa era pequeña, mantenían una agitada vida social, paseaban por los alrededores y, en los ratos libres, él se dedicaba a la lectura y ella cosía.

La misma sensación queda después de leer el testimonio de Elvira Santa Cruz Ossa, (Roxane) directora de la revista infantil El Peneca, que recorre esos remotos parajes en compañía de unas amigas y a las que el matrimonio Neruda Hagenaar sirve de guía. Ella se hace una muy favorable opinión de los recién casados y de la mujer opina:

Maruca pone en la conversación la gracia de sus balbuceos en lengua castellana, como un chico que comienza a hablar. La linda javanesa tiene una cultura vastísima y sirve de secretaria al poeta.

Desde fuera se ve todo como en una feliz luna de miel. Tal vez desde dentro no lo fuera tanto.

Como su padre no responde a la carta en la que anuncia su matrimonio, Neruda asume que le ha disgustado su determinación de contraer nupcias y así se lo hace saber a su hermana Laura en una misiva posterior. Le dice que no sabe cómo agradarles, que Maruca es una buena mujer y que ellos ni imaginan cómo es la soledad en esos remotos parajes.

Pocos meses después, el poeta es trasladado a Singapur, donde el matrimonio permanece por un período muy breve. La crisis económica mundial ha obligado al gobierno de Chile a cerrar varias oficinas diplomáticas y una de ellas es la que administra Neruda. Frente a esta realidad, al matrimonio no le queda otro camino que regresar a Chile.

Después de un viaje de dos meses hacinados en un barco de carga arriban a Puerto Montt y desde ahí se trasladan en tren hasta Temuco para visitar a la familia del poeta. Pero no son bien recibidos. Él observa un ambiente frío, sobre todo en contra de su mujer. Supone que es a consecuencia del matrimonio sin aviso.

Neruda decide viajar a Santiago. Su precaria situación económica los obliga a arrendar una habitación con baño compartido en una residencial. Ella lo acepta sin protestar, suponiendo que se trata de algo transitorio.

Ahí comienza el drama. El poeta no tarda en reencontrarse con sus amigos bohemios y regresa a esa vida para él muy feliz, en compañía de escritores, pintores, músicos y de mujeres. También de mesas bien servidas. Pero para Maruca, que no conoce a nadie ni domina el idioma, la vida se convierte en un infierno. Además, está el factor económico. Mientras él se divierte con los contertulios, ella sobrevive a duras penas con el escaso dinero que queda después de tanta celebración. Por las noches, hasta la hora que en la que él arriba, ella se mantiene en pie, esperándolo, asomada a la ventana. Normalmente, algo bebido, llega escoltado por amigos que lo dejan en la puerta y siguen su camino.

La ven tras las cortinas y por supuesto su semblante no es de agrado. La bautizan como “la Sargento”. Ella lucha en contra de estas amistades que le están arrebatando su felicidad, pero es en vano. Él insiste en que se incorpore a las tertulias nocturnas, pero Maruca no se siente cómoda en ese ambiente y a los amigos del poeta tampoco les agrada esa mujer, a la que describen como “una extranjera alta, sin gracia, anodina” (Pedro Olmos). “Un ser extraño, hermético” (Diego Muñoz). “Una sargento más alta que Pablo” (Sara Vial). Lo más que consigue el vate es presentarle a María Luisa Bombal, con la que entabla una amistad.

Al parecer ella nunca se enteró de los afanes de su marido por reencontrarse con Albertina Azócar, un antiguo amor, y él no supo que ella mantuvo un secreto romance con Joaquín Edwards Bello, del que solo se supo hace pocos años, cuando se desclasificó la correspondencia del cronista. Quedaron a la vista una docena de fogosas cartas ─escritas en inglés─ que Maruca le envió entre 1950 y 1951, en las que además de expresarle sus sentimientos, se lamentaba de su triste vida con el poeta.

Cuando en agosto de 1933 le anuncian al poeta que lo envían nuevamente al servicio diplomático en Buenos Aires, el matrimonio ya está roto. Seguramente María Antonieta se mantenía ligada a él por carencia de recursos y de contactos que le permitieran partir de regreso a su patria o continuar con una vida normal, ajena a la presencia de este hombre trasnochador, mujeriego y vividor que había elegido por marido.

Al parecer en Argentina las cosas mejoran un poco al comienzo, pese a que él solo cambia el escenario y los interlocutores de su vida bohemia. Allá continúan las frecuentes tertulias hasta largas horas de la noche y Maruca no puede disimular lo que detesta este estilo de vida. Quizás ayuda a sobrellevarla el hecho que se llevan a vivir con ellos a la Bombal. María Luisa acababa de sufrir una gran desilusión amorosa que la empujó a intentar el suicidio. Fueron Pablo y Maruca el consuelo en esos momentos difíciles, pero como deben partir y la ven tan desprotegida, la invitan a viajar con ellos.

Allí la escritora es testigo de las desavenencias de la pareja, del sufrimiento de su amiga por la conducta libertina de su marido, pese a sus esfuerzos por disimularlo. Incluso ella misma debe resistir algunos embates amorosos del poeta, que termina seduciendo a su hermana Loreto.

María Luisa colabora con tanta propiedad con Maruca en las labores de anfitriona consular, que algunas personas piensan que son hermanas, pese a las diferencias físicas entre ellas.

Ambas son testigos del renombre que está alcanzando el vate. El 28 de octubre de 1933, en el PEN Club de Buenos Aires, se reúne la flor y nata de los intelectuales hispanoamericanos con Federico García Lorca a la cabeza, reconociendo a Neruda como uno de ellos.

Maruca Hagenaar y Malva MarinaFue precisamente en Buenos Aires donde Maruca quedó embarazada, llenando de alegría a la pareja que, al parecer, se concedió una tregua.

Pronto Neruda fue trasladado a Madrid, logrando una de las metas que se había propuesto cuando vio en la carrera diplomática el puente para desarrollar su otra carrera, la que él amaba, la de poeta.

Ahí, en la capital española, en 1934, nació Malva Marina Reyes Hagenaar, la hija que en un comienzo tanto alegró al padre, ese padre que no tardaría en recibir la más trágica de las noticias: la enfermedad incurable de la niña, lo que lo impulsó a abandonar tanto a la hija como a la madre.

El resto de la historia puede ser leída en la siguiente crónica publicada en este mismo blog Malva Marina, la hija abandonada por Neruda.

 

Fernando Lizama Murphy

Agosto 2016

2 comentarios en “HISTORIA DE MARÍA ANTONIETA HAGENAAR, LA PRIMERA ESPOSA DE NERUDA

  1. Pingback: MALVA MARINA, LA HIJA ABANDONADA POR NERUDA – Fernando Lizama-Murphy

  2. Ruth Concha

    Hace tiempo leí esta historia lo que me hace poner una distancia entre el hombre NERUDA y yo, pero no puedo desconocer que pese a esta maldad muy típica de algunos hombres que huyen ante la responsabilidad de ser padres amantes de un hijo que nace enfermo. Muy lamentable, por eso jamás se deben tener ídolos porque generalmente se disuelven con el tiempo.

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