CALFUCURÁ, EL NAPOLEÓN DE LA PAMPA (Parte 2)

Crónica de Fernando Lizama-Murphy (Continuación de CALFUCURÁ, EL NAPOLEÓN DE LA PAMPA)

La relación entre Juan Calfucurá y Juan Manuel de Rosas tuvo muchos altos y bajos. Por eso después el lonko se reconcilió con el caudillo y lo apoyó con tropas en Caseros, el 3 de febrero de 1852, batalla que significó la caída de Rosas y el acceso al poder de José de Urquiza. Al día siguiente de este combate, Cafulcurá nuevamente atacó Bahía Blanca.

Francisco Bibolini y don Juan Calfucurá
Parlamento entre el sacerdote italiano Francisco Bibolini y don Juan Calfucurá el 29 de octubre de 1859. El Padre Bibolini disuadió al temido Señor de las Salinas Grandes de saquear el Fortín Mulitas, hoy ciudad Veinticinco de Mayo, Provincia de Buenos Aires.

La salida de Rosas del poder significó un gran retroceso en las negociaciones que se habían sostenido hasta entonces con los naturales. De ahí en adelante vino una sucesión de episodios bélicos, casi todos ganados por Calfucurá y sus lanzas. El 13 de febrero de 1855 arrasó la ciudad de Azul, matando a trescientas personas, secuestrando a más de ciento cincuenta cautivas y apoderándose de sesenta mil cabezas de ganado.

El gobierno argentino, enfrentado a muchos problemas, necesitaba urgente poner fin a esta guerra de desgaste a que lo sometían los mapuches y decidió enviar al general Bartolomé Mitre, su mejor carta, para derrotar a Calfucurá en forma definitiva. Seguir leyendo “CALFUCURÁ, EL NAPOLEÓN DE LA PAMPA (Parte 2)”

CALFUCURÁ, EL NAPOLEÓN DE LA PAMPA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Cacique Juan KalfükuraMaestro, explíqueme usted qué es la famosa Civilización que nos tiene que barrer de estas pampas por la angurria de unos pocos hombres que se van repartiendo en tajadas grandotas lo que nos van quitando a nosotros. Pero explíqueme también todas las muertes y todos los atropellos y piense que les están dejando a sus hijos una patria equivocada, empantanada en la injusticia y la mentira. Todos nosotros somos parientes, y vivimos en amistad sobre la misma ancha tierra, pero el huinca tiene la idea errada de que sólo él tiene derecho a vivir en ella. Por ignorancia o por pura mezquindad, está tratando de matar el alma de esta tierra, plantando aquí un mundo ajeno donde caben pocos. Quien sabe algún día vendrán las lluvias y nuestras desgracias retoñarán en algo que sea bueno para nuestros hijos.

Carta de Juan Calfucurá al maestro Francisco Larguía, profesor de uno de sus hijos.


La convivencia entre los mapuches y las tribus que habitaban el lado oriental de la Cordillera de Los Andes nunca fue fácil. Tal vez los del lado occidental eran muy agresivos o quizás cuando cruzaban el macizo andino no se sentían bien acogidos por los pampinos. Las mutuas traiciones y las matanzas eran frecuentes.

Pero, al parecer, la fuerza de los mapuches resultó incontrarrestable para los del lado que hoy llamamos Argentina porque éstos terminaron aceptando, entre muchos otros usos y costumbres, el mapudungun como su lengua, desplazando el uso de las propias.

Durante la guerra contra el dominio español, los habitantes del sur de lo que hoy es Chile se hicieron famosos por su resistencia al invasor. Los del lado del Atlántico fueron más complacientes y más proclives a buscar acuerdos para mantener la armonía. Tenían la ventaja de disponer de un vasto territorio que, aunque no fuera muy rico en vegetación, por eso lo llamaban desierto, tenía agua de muchos ríos, que a su paso dejaban pastizales que les permitían mantener sus animales. Además poseía sectores boscosos desde donde se abastecían de caza. Ellos, en su candidez, pensaban que había suficiente para todos.
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