TRABAJANDO PARA DON SIMÓN

Cuarto capítulo de la novela Un surco en el mar, Libro I de la serie De Campesino a Marinero. Las Aventuras de Félix Núñez, de Fernando Lizama Murphy (disponible en Amazon)

Puerto de Valparaíso, J. M. Rugendas.

Entre mis sueños me vi abrazado a la matrona que, a medida que el baile transcurría, sudaba más y más, al tiempo que se despojaba de sus prendas. Yacían en el piso varias enaguas, refajos y otras ropas femeninas que sólo había visto colgadas en los patios de las casas de mi pueblo, mientras los generosos pechos de la hembra, ahora sin más ataduras que un suelto camisón, se sacudían al ritmo de las melodías que las alegres cantoras entonaban y que la concurrencia coreaba o acompañaba con sus palmas o tamborileando en las mesas. Lo que más recuerdo son risas, muchas risas.

Pero el despertar fue muy distinto.

Me puse de pie con muchas dificultades. Mi cuerpo no respondía a las órdenes que mi cabeza, con intenso dolor, intentaba darle. En zigzag caminé hasta el comienzo del callejón donde la luz del sol otoñal me encandiló. Algo repuesto, busqué mi alforja, pero no estaba. Quise volver a la cantina, pero con las puertas cerradas y sin ningún ruido, todas las casas se veían iguales. Entonces me dije que era urgente encontrar a mis compañeros de viaje y comencé a recorrer otra vez el caserío buscando las bodegas que había visto la tarde anterior y donde, con seguridad, don Mamerto entregaría los cueros. Si no era ahí, ¿dónde? Pensaba que una caravana tan grande como la nuestra no podía pasar desapercibida, pero por todos lados se veían yuntas de bueyes arrastrando carretones con mercaderías.

Miraba con atención, más no aparecía nadie conocido, como si se los hubiese llevado el mar. En jinetes que pasaron por mi lado me pareció ver a algún integrante de nuestro grupo, pero me desilusionaba al mirarlo bien. La angustia me tenía abrumado.

El día transcurrió sin que pudiese encontrar a ningún vichuquenino. Para peor, no me quedaba ni un duro en el bolsillo ¡Si ni siquiera tenía la alforja! En un momento pasó por mi lado una carreta cargada con maderas y se detuvo algo más adelante. La conducía un hombre mayor que comenzó a descargarla con mucha dificultad. Le ofrecí ayuda y entre ambos logramos entregar los materiales que portaba.

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