CABALLEROS DE LA GUERRA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

La tregua de Navidad
Un soldado británico y uno alemán comparten un cigarrillo durante la llamada “tregua de las trincheras”, en la Navidad de 1914.

La guerra es la máxima expresión de la capacidad destructiva del hombre contra sí mismo. Algunos estudiosos han logrado determinar que, desde que existe la historia, prácticamente en ningún momento el mundo ha estado libre de un conflicto bélico. Desde siempre, en algún lugar del planeta, alguien combate contra otro.

Como las guerras se ganan destruyendo al enemigo, pese a todos los tratados y reglamentos que los países se han comprometido a respetar, casi siempre terminan en una carnicería en la que el respeto por el otro o por los más débiles, como niños y ancianos, desaparece por completo. Pero han existido excepciones y algunos soldados han dado muestras de hidalguía. Y así como la historia registra las tragedias, también deja constancia de estos actos excepcionales.

Uno de estos hechos se produjo después del 21 de mayo de 1879. Durante el Combate Naval de Iquique, el comandante de la Esmeralda, Arturo Prat Chacón, tuvo claro que no tenía ninguna posibilidad frente al Huáscar, comandado por Miguel Grau Seminario. En semejante situación, cuando vio a la nave enemiga dispuesta a embestirlo con su espolón de proa, decidió que lo mejor era actuar como lo hacían los piratas: abordando la nave enemiga. Así, aprovechó el choque del primer espolonazo para saltar, llamando a sus marinos a seguirlo. Pero en el fragor del combate sólo lo escucho el sargento Juan de Dios Aldea y ambos aparecieron en la cubierta del Huáscar, donde los fusileros  peruanos les dieron muerte. Sus cuerpos quedaron en la nave enemiga.Pero después del combate, el caballeroso comandante del Huáscar, don Miguel Grau, no pudo dejar de reconocer las virtudes de su enemigo y le envió una carta a su viuda, que se ha convertido en una lección de hidalguía:

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LA GUERRA Y LOS NIÑOS EN AMÉRICA LATINA

Por Fernando Lizama-Murphy

Por estos días los niños matan marcianos, soldados enemigos, bestias salvajes y todo lo que la fantasía que los creadores de juegos electrónicos les pone a su alcance. Sin lugar a dudas que es muy violento, pero no es real, aunque los muchachitos lo sientan así.

Niños paraguayos en la Guerra contra la Triple Alianza
Niños combatientes del Paraguay durante la guerra contra la Triple Alianza.

En muchas partes del mundo los niños aún participan en guerras verdaderas, con muertos, heridos y mutilados de verdad, pese a que la Convención Sobre los Derechos del Niño de la UNICEF establece en su Artículo 1° que se entiende por niño todo ser humano menor de 18 años de edad, salvo que haya alcanzado antes la mayoría de edad.

Algo ambiguo, ¿no?

Pero en la práctica muchos pequeños se convierten en adultos, forzados por determinadas circunstancias, a una edad menor. En términos más o menos generales, en la mayoría de los países son los dieciséis años el tope para considerar a un individuo como “niño”, sujeto de múltiples derechos y pocos deberes.

Tomando esa edad como referencia, podemos asegurar que muchos chiquillos ya son padres, trabajan, mendigan y una gran cantidad participa como combatientes en diversas guerras que se están desarrollando en el planeta. Muchos matan y mueren en estos combates, que no son de juegos electrónicos. Seguir leyendo “LA GUERRA Y LOS NIÑOS EN AMÉRICA LATINA”

LA GUERRA, MANUAL DE INSTRUCCIONES

Por Bernard-Henri Levy (diario El País)

Decapitaciones del ISIS
Combatientes de ISIS aprestándose a perpetrar una de sus ejecuciones masivas.

Pues bien, aquí está la guerra.

Una guerra de un nuevo tipo.

Una guerra con y sin fronteras, con y sin Estado; una guerra doblemente nueva porque mezcla el modelo desterritorializado de Al Qaeda con el viejo paradigma territorial que ha recuperado el Estado Islámico (ISIS).

Pero una guerra, en cualquier caso.

Y ante esta guerra que no deseaban ni Estados Unidos, ni Egipto, ni Líbano, ni Turquía, ni hoy Francia, solo podemos hacernos una pregunta: ¿qué hacer? Cuando nos cae encima una guerra así, ¿cómo responder y ganar?

Primera ley: llamar a las cosas por su nombre. Al pan, pan, y al vino, vino. Y atrevernos a decir esa palabra terrible, guerra, frente a la que lo deseable, lo propio y, en el fondo, lo noble por parte de las democracias, pero también su debilidad, es rechazarla hasta los límites de su comprensión, de sus referencias imaginarias, simbólicas y reales. Seguir leyendo “LA GUERRA, MANUAL DE INSTRUCCIONES”