EL VAPOR DE LA DUCHA

Cuando finalizaba la fiesta por mis ocho años, los amigos, entre risas, me comentaron que mi padre los había acariciado.

—Conmigo siempre lo hace —les expliqué, nervioso.

—Pero tú eres su hijo —replicaron con sorna.

Mi madre minimizó el tema:

—Tú sabes cómo es tu padre. Siempre querendón con los niños —me dijo.

—Es que me avergüenza que acaricie a mis amigos. Seguir leyendo «EL VAPOR DE LA DUCHA»