RASTAFARI: EJEMPLO DE SINCRETISMO RELIGIOSO

Por Fernando Lizama-Murphy

Normalmente, cuando pensamos en Rastafari, nos imaginamos personajes con largas y enmarañadas trenzas vestidos en forma estrambótica que escuchan a Bob Marley y su reggae. Y aunque podría tratarse de personas que siguen esa doctrina, es preciso dejar en claro que muchos jóvenes lo han asumido como una moda, pero el aspecto externo no necesariamente identifica a un rasta.

Marcus Garvey
Marcus Garvey en 1924. U.S. Library of Congress, George Grantham Bain Collection.

Y es que el rastafarismo es mucho más que una moda. Es un movimiento religioso que fusiona distintas raíces y que tiene como único Dios a Jah (apócope de Jehová). Surge en Jamaica hacia 1930 inspirado en el discurso de Marcus Garvey.

Garvey nació en agosto de 1887 en la Bahía de Santa Ana, al norte de la isla caribeña. Era hijo de un constructor en cuya casa existía una amplia biblioteca. Se educó en la escuela metodista y en su ciudad aprendió el oficio de tipógrafo. A los dieciséis años se trasladó a Kingston y continuó en el rubro de las impresiones, hasta convertirse en jefe. Quizás por su cultura, muy superior al promedio, fue elegido vicepresidente del sindicato de impresores y desde esta posición patrocinó una huelga del rubro que en 1908 le significó ser despedido de su trabajo.

De inmediato viajo a Tocopilla, Chile, aunque no se conocen las circunstancias ni lo que hizo, pero se sabe que permaneció hasta 1910. De ahí se fue a Costa Rica, luego a Panamá, donde publicó un periódico. Regresó a Jamaica, visitó Inglaterra, para retornar nuevamente a su patria donde, en agosto de 1914, fundó la UNIA (en castellano, Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro) cuyo máximo objetivo era “unir a toda la gente de origen africano del mundo en un sólo cuerpo para establecer un país y un gobierno absolutamente propios”, y que tenía como lema la siguiente frase:

“Un Dios, un objetivo, un destino”

En 1916 Garvey viajó a Estados Unidos donde editó el periódico Negro World, dirigido a la gente de su raza. Muy pronto también organizó la primera sucursal de UNIA y comenzó a recorrer el país del norte exhortando a los ex esclavos a regresar a África y organizar un país formado exclusivamente por negros. Él sostenía que los negros nunca serían integrados con plenos derechos en la sociedad norteamericana.  Negro World

Gran orador, lograba importantes asistencias en cada una de sus intervenciones. En agosto de 1920 consiguió llevar al Madison Square Garden, de Nueva York, más de veinticinco mil asistentes. Por ese entonces cifraba en cuatro millones la cantidad de seguidores.

En esa misma época funda la Black Star Line, una línea de vapores de cabotaje en la que se ocupaban únicamente tripulantes negros y que financió con acciones que vendió, de preferencia, entre los de su raza. Años más tarde lo acusaron de venta fraudulenta de acciones y estuvo dos años presos en los Estados Unidos. Le conmutaron la pena por extrañamiento y fue devuelto a Jamaica.

De regreso en su país organizó el Partido Político del Pueblo (PPP), pero Jamaica, entonces colonia británica, no estaba preparada para su discurso demasiado avanzado para la época. Se marchó en 1935, para no regresar jamás. Murió cinco años después en Londres. Sus restos fueron repatriados a su tierra natal, donde es considerado un héroe nacional.

Pero antes de su deportación, ocurrida a comienzos de 1920, encajó en uno de los tantos discursos una frase que sus seguidores consideraron premonitoria y cuya repercusión él jamás imaginó:

“Miren a África, un rey negro será coronado porque el día de la liberación está cerca”

Y aquí aparece el otro personaje importante en la génesis del movimiento Rastafari: el emperador de Etiopía, Hailé Selassié I.

Selassié nació como Tafari Makonnen, en julio  de 1892, en Giarsagoro y era hijo de uno de los más importantes nobles del país. Esta cuna le daba derecho a ocupar el prefijo Ras, que significa “jefe” o “cabeza”. O sea, estamos frente a Ras Tafari.

Desde joven fue instruido en el arte del gobierno y de la guerra y mantuvo una gran cercanía con su primo, el emperador, Ligg Jasu. Pero éste, amenazado por la nobleza, se apoyó en algunas tribus islámicas, lo que a la larga le significó la destitución durante una rebelión encabezada por la Iglesia Copta. Heredó el cargo Zauditu, hija de Melenik II, el anterior emperador y Tafari se convirtió en su regente y heredero. En 1930 falleció la emperatriz y él asumió, con el nombre de Hailé Selassié I, (que significa “El Poder de la Trinidad”).

El movimiento de Garvey encontró en Hailé Selassié su mesías, la tercera reencarnación de Jah después de Melquisedec y de Jesús. Por su parte, Garvey es considerado por sus seguidores la reencarnación de Juan Bautista

Haile Selassie I
Haile Selassie I, el último monarca en ocupar el trono imperial de Etiopía, ascendió al trono en 1930.

Por esa época Etiopía era el único país africano que se había salvado de la ola colonialista europea y el ascenso al poder de Ras Tafari fue interpretado, al otro lado del mundo, en Jamaica, como el cumplimiento del vaticinio de Marcus Garvey.

A partir de ahí, un movimiento que se estaba gestando en Kingston y alrededores, encontró en Hailé Selassié su mesías, la tercera reencarnación de Jah después de Melquisedec y de Jesús. Garvey, autor del anuncio, es considerado por los rastas como la reencarnación de san Juan Bautista.

La creencia de los rastas (seguidores de Rastafari) sostiene que el ex emperador de Etiopía los conducirá al Zión celestial, (equivalente a Jerusalén), donde encontrarán la libertad y la justicia divina.

La tradición etíope considera que sus emperadores son descendientes del hijo de Salomón y la Reina de Saba,  Melenik I, que por lo tanto tienen un origen davídico. A raíz de esta afirmación algunos rastas le otorgan a su religión un origen judío. Hay otras corrientes que aseguran ser cristianos protestantes o cristianos coptos, aunque la gran mayoría acepta las raíces judías. Según esta tradición, Hailé Selassié sería el descendiente número 255 de la dinastía salomónica.

Si bien es cierto que los rastas consideran la Biblia como un libro sagrado, estiman que las versiones que circulan hoy han sido manipuladas por los blancos y europeos para obtener ventajas sobre los negros. Por eso se rigen, de preferencia, por Kebra Nagast, el Libro de las Glorias de los Reyes de Etiopía, que sigue la historia del país desde su fundación por Melenik I hasta el siglo XI o XII. Eruditos estiman que el libro es un compendio de escritos de distintas fuentes originalmente publicado en árabe alrededor del siglo XIII.

Muchas de sus ceremonias, especialmente el Groundation, que se celebra el 21 de abril y que conmemora el día en que Halié Salassié visitó Jamaica, tienen cosas en común con rituales judíos. Se supone que su origen podría estar en las plantaciones norteamericanas de propiedad de judíos, que obligaban a sus esclavos a compartir sus ritos. Como es obvio suponer, sus cultos muestran también raíces africanas y caribeñas.

Cuando Halié Salassié visitó Jamaica en 1966, dijo claramente que él no se consideraba una divinidad e incluso inauguró una iglesia copta, como para dejar en claro cuál era su inclinación religiosa, pero eso nada importó a sus seguidores que continuaron considerándolo su líder espiritual, su mesías.

Igualmente, durante esa visita les aseguró que su país no estaba en condiciones de recibir una corriente migratoria como la que se temía a raíz de que consideraban a Etiopía como la Zión celestial. Ya el país se había visto enfrentado a terribles hambrunas y poco podía ofrecer a aquellos que llegaran en busca del paraíso prometido. En un discurso les dijo: No emigren a Etiopía hasta no haber liberado antes al pueblo de Jamaica, lo que no cayó muy bien en las autoridades locales. Pero al parecer convenció a sus devotos, porque no se sabe de un proceso de migración masivo desde el Caribe al cuerno de África.

Los Rastafaris, que preconizan la paz, la vida saludable, que no comen carne de cerdo ni cangrejos marinos, que rechazan la sociedad de consumo (Babilonia lo llaman), tienen muchos símbolos, como la bandera de Etiopía, la imagen del León de Judá, la marihuana y su forma de vestir. Pero lo más representativo son sus rizos o dreadlocks.

Los dreadlocks son para los rastas lo que los peyes para los judíos. Ambas son trenzas que requieren de tiempo y dedicación y ambas tienen su origen en los mismos párrafos bíblicos (Levítico 19-27, Levítico 21-5, Números 6-5). Para los primeros, su uso simboliza la melena del León de Judá y es un pacto con Jah; que se las corten a la fuerza es la principal humillación que pueden hacerles. De hecho, una de las causas de los mayores conflictos de los jóvenes contra la corona británica en la década del 60, causa de violentas reacciones que llevaron a la muerte a varias personas y que, en alguna medida, contribuyeron a la independencia de Jamaica, fue el rapado a la fuerza de aquellos que portaban dreadlocks.

La otra expresión asociada a este modo de vida es la música. Contra lo que se cree, el reggae no tiene nada que ver con la religión rasta, salvo por el hecho de que el gran cultor de este ritmo musical, Bob Marley, fue un activo participante del movimiento. Eso hizo que la gente terminara identificando a los rasta con el reggae, pero es solo una asociación de ideas.

La música directamente vinculada a esta expresión religiosa es el nyahbinghi, de origen africano y que se ejecuta con tres tambores. El primero es el bajo o “thunder”, que representa la respiración; el segundo se llama “funde” e imita el bum bum del corazón. Si hay respiración y latidos, hay vida. El tercer tambor es el “akete” que principalmente toca en los solos, trasmitiendo el sentimiento de la pieza musical. Es más intenso cuando expresan algo malo y más suave si es bueno o si se refiere a la divinidad (VER EJEMPLO).

Ciertamente que a partir de estos sonidos surgieron expresiones musicales que se fueron haciendo más populares, como el ska, que mezclado con algunos elementos de jazz dio origen a otras melodías que evolucionaron hasta el popular reggae, que en Panamá y Puerto Rico derivó en el reggaetón, una variante del reggae con elementos del hip hop.

La otra forma de comunicarse con la divinidad es el uso de la marihuana, a la que llaman ganja, nombre que recibe porque aseguran que es originaria de las riberas del río Ganges, en la India. Dicen que en los servicios religiosos les sirve para un mejor contacto con Jah; además la consideran una fuente de salud. Según ellos, las primeras plantas de cannabis se encontraron junto a la tumba de Salomón, que ya en esos tiempos la usaba para una mejor comunicación con Dios.

Pertenecer a esta religión en ningún caso implica obligación de consumir el alucinógeno.

Ser Rastafari es asimilarse a una forma de vida contemporánea que ha trascendido fronteras, razas, credos, posición social. Aceptada por muchos, intolerada por otros, seguirá conviviendo en medio de la selva de religiones, sectas, cultos y otras formas de expresión de un género humano que busca respuestas.

Para muchos es una moda, pero para otros, es la promesa de vida eterna.

Fernando Lizama-Murphy

Agosto 2016

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