¿IGUALDAD O LIBERTAD? EL FALSO DILEMA

Fidel CastroPor Antonio Sánchez García

¿Será imposible imaginar, como lo quisiera alguna vez Karl Popper, un socialismo liberal o aspirar a construir un liberalismo socialista?

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Como los libros, según los antiguos, tienen su destino ―habent sua fata libelli, afirmaba Terentianus Maurus, el gramático latino―, así, y con muchísima más razón, los conceptos. En ambos casos, el de los libros y los conceptos, no es que el destino esté inscrito necesaria e inevitablemente en ellos: está en los ojos y mentes de quienes los leen y proclaman. Los que hacen y construyen sus destinos somos nosotros, los hombres.

¿Por qué razón del destino la lucha por la igualdad, que pasaba necesariamente por obtener la libertad de los oprimidos para que pudieran disfrutar de iguales derechos, iguales obligaciones e iguales privilegios, terminó por aplastar la libertad? ¿Por qué razón la lucha por obtener la libertad de los esclavos y oprimidos para que alcanzaran ante la ley la misma igualdad que ante Dios poseían los hombres libres, terminó esclavizando a los hombres libres?

¿Por qué la lucha por la igualdad obstaculizó, frenó y aplastó la lucha por la libertad? ¿Por qué razón la libertad y la igualdad terminaron siendo conceptos antinómicos, excluyentes y contrarios? ¿Por qué razón del destino el hombre en sociedad no se ha podido ser, simultánea y complementariamente, igualitario y libertario? ¿Y sus miembros, libres e iguales? Cómo lo planteara con dramáticas palabras de advertencia el gran pensador vienés Karl Popper:

“Aún después de haber rechazado el marxismo, seguí siendo un socialista durante varios años. Y si hubiera existido la posibilidad de combinar socialismo con libertad individual, seguiría siendo un socialista. Pues nada sería mejor que vivir una vida modesta, sencilla y libre en una sociedad igualitaria. Me tomó algún tiempo comprender que ese no era más que un hermoso sueño; que la libertad es más importante que la igualdad; que el empeño por alcanzar la igualdad pone en peligro la libertad; y que, una vez perdida la libertad, nada se encontrará de parecido a la libertad en un mundo sin libertad.”

¿Qué fuerza implícita, inherente al igualitarismo pugna y colide contra la libertad y el liberalismo? ¿Qué poseen ambos conceptos en común, qué poseen ambos conceptos en contrario? ¿Será imposible imaginar, como lo quisiera Popper, un socialismo liberal o aspirar a construir un liberalismo socialista? ¿Será posible cumplir con la aspiración de ser un socialdemócrata liberal?

2

No es una pregunta ingenua ni se la formula por primera vez en circunstancias dramáticas para la libertad, acorralada por quienes esgrimen la guadaña de la igualdad como medio de imponer la más brutal de las diferencias: la que va de los dominadores a los dominados, de los autócratas a los demócratas, de los caudillos a los acaudillados. Pues esa es la primera de las graves, aterradoras contradicciones experimentadas a lo largo del último, del pasado siglo: la guadaña de la igualdad no sólo ha segado, suprimido y escarnecido la libertad, sino que ha impuesto la más aterradora y brutal de las desigualdades: la de las inmensas mayorías, reducidas a ser mera y simple expresión de la vida física, biológica ―la nuda vita, la llamaban los latinos― frente a una minoría omnipotente y todo poderosa, dueña de todos los medios de producción, de todas las instituciones, de la armas y la justicia, detentora del Estado: la Nomenklatura de funcionarios, altos oficiales, ministros, administradores de la cosa pública.

¿O alguien cree en la igualdad de un campesino o un obrero cubano ante un general de sus ejércitos, un diplomático de su Estado, un capitoste del partido comunista que controla al Estado cubano? De allí el desiderátum del comunismo, a veces llamado socialismo, para no espantar a los incautos: en nombre de lograr e imponer la igualdad de todos los hombres, termina por imponer la más cruenta y espantosa de las desigualdades, la del sometimiento y dominio del hombre por el hombre, y la pérdida absoluta de la libertad del individuo. Pues en el comunismo se verifica, en nombre de la igualdad, la pérdida de la igualdad, y en nombre de la libertad, la pérdida de la libertad. Sólo los hermanos Castros son absolutamente libres y absolutamente iguales. Todos los demás, la sociedad entera, son iguales en su servidumbre. Y absolutamente iguales, en la pérdida y ausencia de su libertad.

El caso de la tiranía cubana pone al desnudo, además, el absurdo en que naufragan el igualitarismo y el liberalismo en América Latina. Pues la tiranía castrocomunista resulta ser el producto de la lucha democrática de la sociedad cubana contra una dictadura, la batistiana. A resultas de lo cual y en nombre de la igualdad y la libertad se instaura el régimen menos igualitario y menos libre que haya existido en la historia de América Latina.

El quid pro quo que se cocinaba en los albores de la instauración de la tiranía castrocomunista no pasó inadvertido para los mejores y más perspicaces espíritus liberales cubanos. Que tuvieron perfecta y lúcida conciencia de que la dictadura que se impondría en Cuba de amnistiarse y tolerarse los criminales desafueros de Fidel Castro rompería todos los moldes imaginables. Así, en un discurso pronunciado en la Cámara de Representantes de la República de Cuba en mayo del año 1955 por el Dr. Rafael L. Díaz-Balart, hermano de la esposa de Fidel Castro, a quien conocía en su más cercana intimidad, y en ese momento líder de la mayoría y presidente del comité parlamentario de la mayoría en la Cámara, contra la ley que amnistió a Fidel Castro y demás asaltantes al cuartel Moncada, cuando habían cumplido solamente dos años de cárcel y después de haber sido condenados por un tribunal civil a 15 años de prisión, expresó las siguientes palabras premonitorias:

“Ellos no quieren paz. No quieren solución nacional de tipo alguno, no quieren democracia ni elecciones ni confraternidad. Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba para instaurar la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que enseñaría al pueblo el verdadero significado de lo que es tiranía, un régimen totalitario, inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años. Porque Fidel Castro no es más que un psicópata fascista, que solamente podría pactar desde el poder con las fuerzas del Comunismo Internacional, porque ya el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y solamente el comunismo le daría a Fidel el ropaje pseudo-ideológico para asesinar, robar, violar impunemente todos los derechos y para destruir en forma definitiva todo el acervo espiritual, histórico, moral y jurídico de nuestra República.”

Lo trágico y contradictorio del uso y abuso de las utopías igualitaristas, base y sustancia del comunismo implícito o explícito que hegemoniza el pensamiento y la acción de las izquierdas en América Latina, hoy por hoy dominantes desde Chile y Argentina a Brasil y Venezuela, Ecuador y Bolivia, Perú y Paraguay, Nicaragua y Centroamérica, es la absoluta inconsciencia con la que desde los partidos y las instituciones, y siempre bajo el amparo de la pretendida igualdad se horadan el valor y la trascendencia de la libertad, se diluyen sus principios éticos y morales, se alcahuetean los regímenes más totalitarios del continente ―como Cuba y Venezuela― y se inculca en la población la fantasía igualitaria y la relatividad de la importancia de la libertad, la laboriosidad, la educación, la cultura y el trabajo para el desarrollo y el progreso de la humanidad. Induciendo a los sectores más desamparados a depender de la limosna y la dádiva del Estado, convertido en el gran gestor de la beneficencia pública y arma arrojadiza para agudizar las contradicciones y sembrar el odio de clases. Provocando, con ello, la crisis de las instituciones y el riesgo de perder, como al parecer lo pretende el gobierno chileno en manos de la izquierda forista, los extraordinarios logros obtenidos gracias a un cambio en 180 grados en los paradigmas estatólatras y socializantes que fueran causa y motivo de sus peores y más graves crisis históricas. Como sucede desde hace largos veinte años en Venezuela.

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Puede que sin siquiera haber llegado a ser formulada, esa interrogante haya constituido en tanto motivo y propósito históricos, la íntima aspiración de los mejores espíritus de la generación del 28. La más democrática y la más liberal que haya conocido la historia venezolana. Socialdemocrática en la trascendencia y máxima importancia otorgada a la necesidad de instaurar un régimen democrático con hondo contenido social, que atendiera a la necesidad de solventar las graves diferencias sociales que la afectaban, como motivo fundante; y liberal en cuanto a la necesidad de construir un Estado de Derecho por la extraordinaria importancia otorgada a la libertad plena de los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos y obligaciones.

Si bien libertad e igualdad han sido los motivos y propósitos de la acción política de las élites surgidas de la generación del 28, ambos conceptos no articularon movimientos y/o partidos alternativos específicamente orientados a la lucha por su desarrollo y cumplimiento. Tanto Acción Democrática como COPEI, ubicados en el centro del espectro político, apostaron todos sus esfuerzos hacia la institucionalización de un Estado Social de Derecho que velara tanto por la resolución de los problema propiamente sociales ―a partir del igualitarismo― como de la defensa y garantía de la libertad ciudadana ―el liberalismo―. Con mayor o menor atención en los términos en función de las coordenadas históricas y sociopolíticas y el mayor o menor acento puesto por sus líderes fuera en el igualitarismo de corte socialista, en AD, o en el desarrollo y defensa del individuo de acuerdo a la doctrina social de la iglesia, en COPEI.

Ciertamente: el desmesurado peso adquirido por el Estado, asentado sobre la riqueza petrolera, tiñó de estatismo, de estatolatría y de socialismo intervencionista, la acción de ambos partidos del sistema. En desmedro del desarrollo del liberalismo asentado en un empresariado capaz de convertirse en el principal generador de riqueza y de una sociedad civil liberada del peso del igualitarismo, propensa a fortalecer los propósitos liberales del conjunto social. Alimentando, en cambio y posiblemente a su pesar la tentación igualitarista, estatólatra y totalitaria de las izquierdas marginadas del acuerdo político dominante. Un fenómeno dramáticamente acelerado a partir de la revolución cubana en toda América Latina. Un fenómeno que incidiría en la dramática postergación de los propósitos liberales de la sociedad latinoamericana y el exacerbamiento de las contradicciones y luchas de clases en la región.

Es el impasse que hace crisis a comienzos de los 90, dando cauce a la crisis orgánica que ha terminado por devastar la Venezuela de los entendimientos. Casi un siglo de afanes históricos transcurridos, volvemos a la encrucijada de 1928: aspirar a construir una sociedad democrática y liberal. Es nuestro desafío.

Por Antonio Sánchez García

Publicado en Opinión y Noticias, medio online venezolano, 2 de Noviembre 2015.

Antonio Sánchez García es profesor de Filosofía Contemporánea en la Maestría de Filosofía de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela.

Un comentario en “¿IGUALDAD O LIBERTAD? EL FALSO DILEMA

  1. Deja un sabor amargo este post.
    La trampa es diferenciar, al menos en el mundo actual, entre izquierda y derecha. Los caramelos que nos ofrecen se llaman: libertad e igualdad.
    La verdad, el muro contra el que chocaremos una y otra vez, son las multinacionales, sus franquicias, sus sueldos, sus consejos de dirección.
    Vivimos en un mundo donde la Democracia y la libertad se compra y se vende a costa de los individuos, A los cuales solo nos queda el idealismo y seguir soñando.
    Un saludo.

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