LA TURBULENTA VIDA DE BLANCA LUZ BRUM

Blanca Luz BrumCrónica de Fernando Lizama-Murphy

¿Existirá una única palabra para definir la vida de una persona que, durante su paso por la Tierra, reside en varios países, se casa cuatro o cinco veces, teniendo, además, una cohorte de amantes, escribe poesía, hace periodismo, se declara comunista y termina siendo condecorada por un gobernante de extrema derecha? Quizás esa palabra no existe, pero el personaje sí. Hablamos de Blanca Luz Brum Elizalde.

Blanca Luz nació en Pan de Azúcar, Maldonado, Uruguay, en 1905. Cuando pequeña, su familia la internó en un colegio de monjas de Montevideo. Algunos aseguran que había escuchado el llamado divino, pero lo concreto es que en un momento visitó el colegio el poeta peruano Juan Parra del Riego y el mutuo amor surgió espontáneo. Según unas versiones, Parra del Riego la raptó; otros aseguran que ella se fugaba del colegio para reunirse con su amado. Lo concreto es que la muchachita decidió abandonar el internado para casarse y muy pronto quedó embarazada. Tampoco está muy claro si ella conocía el estado de salud de su marido, que murió de tuberculosis cuando Eduardo, el hijo de ambos, tenía solo seis días. El único contacto que el padre tuvo con el niño fue a través de un vidrio de la maternidad.

Desolada, la viuda aceptó la invitación de sus suegros, gente de muy buena posición en Lima, para radicarse en el Perú. En esa ciudad conoce al poeta  Juan Carlos Mariátegui, se convierten en grandes amigos y ella no duda en abrazar la causa marxista que él propaga. Escribe en Amauta, la revista del poeta, y funda su propia publicación, Guerrilla. También edita un poemario de fuerte inspiración marxista llamado Levante.

Ajena al bienestar económico y a los vínculos sociales que podrían darle sus suegros, opta por la intelectualidad limeña de izquierda y en ese medio conoce al literato César Miró Quesada, justo cuando el gobierno de ese país inicia una persecución en contra de los marxistas. En 1927 Amauta es clausurada y Miró, junto a otros, es encarcelado. Blanca Luz, muy comprometida con la causa, es deportada en medio del escándalo que su situación provoca en la rancia sociedad limeña y debe viajar a Valparaíso. Ahí se casa por poder con Miró que, en 1928, es puesto en libertad y se traslada al puerto chileno para reunirse con su amada. Muy pronto deciden establecerse en Buenos Aires. Pero el matrimonio resiste poco y se separan. Ya anciano Miró diría “Blanca Luz no significó nada en mi vida”.

Ella regresa a Montevideo y se refugia en la amistad del escritor Eduardo Pombo, pero considera que toda la intelectualidad de su país es mojigata, burguesa y muy lejana a la postura rupturista que ella postula, lo que queda reflejado en sus escritos en el diario Justicia, donde deja de manifiesto que su máximo interés era acelerar los procesos revolucionarios.

Blanca Luz Brum
Blanca Luz Brum Fotografía extraída del Libro Cantos de la América del Sur.

Además de escribir, todas sus actividades están orientadas a difundir sus ideales marxistas. Colabora en la organización del Congreso Latinoamericano de Sindicalistas a realizarse en su país, participa en la organización de ayuda a los escritores comunistas perseguidos a través del Socorro Rojo Internacional, se hace cargo de la sección El Arte por la Revolución,  de Justicia, donde encabeza su aporte con la siguiente consigna: “No se abre esta página para regocijo de los intelectuales burgueses, queremos un arte y una literatura proletarios que rompa a patadas la torre de marfil. Hay que abolir todo aquello que tiene existencia y razón de ser burgués”.   

Al mencionado Congreso de Sindicalistas llega como figura estelar el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, miembro del comité ejecutivo del Partido Comunista de su país. El amor es fulminante y ella abandona todo ─excepto a su hijo─ por seguirlo. Parten a Nueva York y luego a México. Ahí se casan y conoce a Diego Rivera, a Frida Kahlo, a Tina Modotti y otros destacados artistas aztecas.

Pero los comunistas no eran bienvenidos en ninguna parte de este lado del mundo. Avisados a tiempo, deben huir de la persecución del gobierno mexicano. Quien más los ayuda es Augusto César Sandino, el líder independentista nicaragüense, que los refugia durante quince días en una mina. Pese al apoyo, ambos caen presos y ella pasa dos meses encarcelada junto a su hijo de cuatro años. Cuando consigue salir en libertad, no es mucha la ayuda de sus compañeros que recibe. Cada uno está empeñado en su propia salvación. Transcurridos seis meses de condena, a Alfaro Siqueiros le ofrecen cambiar la pena por la de confinamiento y acepta abandonar la prisión a cambio de trasladarse a Taxco, desde donde no puede salir. Por supuesto que ella y Eduardito, que estaban casi en un completo desamparo, lo acompañan. En esa ciudad, la capital de la plata, traban amistad con Sergei Eisestein, el director de cine ruso, que se encontraba filmando “Que Viva México”.

Pero pese a todo el compromiso con la causa, el partido comunista mexicano decide expulsar a Siqueiros de sus filas, principalmente por su cercanía con Sandino, que nunca aceptó identificarse con el comunismo, aunque muchos años después se comprobaría que su expulsión solo fue una pantalla para que el muralista se convirtiera en un agente soviético encubierto en el continente. En esa misma época Diego Rivera, el otro gran muralista mexicano, también se desvincula del partido y un año después ambos están trabajando en los Estados Unidos. Siqueiros en Los Ángeles y Rivera en Nueva York.

Durante el doloroso período de la prisión es cuando Blanca Luz escribe “Penitenciaría-Niño Perdido”, un compendio de cartas que reflejan todo su drama mientras duró el encarcelamiento, trabajo que atrae la mayor cantidad de aplausos de otros escritores. Lo publica en 1931, prologado por su amigo Mariátegui.

Después de Estados Unidos, regresan a Uruguay donde no son muy bien recibidos. De igual forma se dedican a labores políticas, pese a estar expulsados del PC mexicano. Es muy probable que Siqueiros ya haya estado actuando como agente encubierto ruso para acelerar el proceso de creación de gobiernos populares que le hicieran frente al fascismo que comenzaba a ganar terreno en Europa. Es también probable que por ese motivo haya cruzado el Río de la Plata e iniciado en Buenos Aires gestiones para montar una exposición que prometía ser monumental. En la capital argentina es recibido por Victoria Ocampo y Oliverio Girondo, pero el mexicano considera que los organizadores rioplatenses no están haciendo bien las cosas y tiene con ellos varios enfrentamientos verbales, que hacen tambalear la muestra. La verdad es que los recursos económicos escasean y necesita urgente dinero para seguir viviendo y nada resulta al ritmo que él espera y necesita.  Es en esas instancias cuando conoce a Natalio Botana, multimillonario director del diario “La Crítica”, que lo invita a pintar un mural en su bodega “Don Torcuato”.

A Botana le gusta compartir y apoyar a artistas de todo el abanico político, desde Borges hasta los de izquierda. Ocasionalmente organiza para ellos fiestas memorables, como lo dejó testimoniado Neruda, que participó en una de ellas, organizada con motivo de la visita de Federico García Lorca a Buenos Aires y que el chileno describe como “aventura erótica cósmica”. El chileno asegura que, en esa ocasión, tuvo relaciones sexuales con Blanca Luz; ella lo desmiente en forma categórica.

Tal vez con Neruda no pasó nada, pero, harta de privaciones, termina aceptando los embates del magnate periodístico y se convierte en amante de Botana, mientras su marido continuaba con su trabajo en “Don Torcuato”.

Según algunas descripciones, Blanca Luz era una mujer bella. Otros no están de acuerdo en esta característica, pero en lo que todos coinciden, es que se trataba de una mujer que irradiaba sensualidad.

Cuando David Alfaro Siqueiros se entera del engaño, se desespera y quiere huir junto a ella, pero su participación como agitador en una huelga viene a complicarlo todo. El gobierno argentino decide deportarlo y, obligado, se embarca hacia Nueva York. Parte con la esperanza de que ella lo acompañe, pero Blanca Luz, que duerme con él la noche previa a su partida, permanecerá al lado del hombre que le daba seguridad económica.

Como le ocurre siempre, también termina rompiendo con Botana y se traslada a Chile, donde se casa con el diputado radical Jorge Béeche, que además es ingeniero en minas. Fijan su residencia en el norte chileno. Con él tiene a su hija María Eugenia y este nacimiento la llena de felicidad. Pero más que nunca el inmovilismo la desespera, sobre todo viviendo en el desierto. Comienza a viajar cada quince días hacia Antofagasta, la ciudad más cercana, a seis horas de viaje en auto, para editar una revista. También colabora con la campaña presidencial de su amigo Juan Antonio Ríos. Asfixiada por la pampa, pronto abandona a Béeche y se traslada a Santiago.

En la capital sigue de cerca las informaciones de la revolución española, del abandono de los republicanos por parte de los comunistas, conoce del avance del nazismo en Europa, de la caída de París y de la invasión rusa a Finlandia. Ese es el gatillo que activa su alejamiento del comunismo: “Mi vida entera ha sido consagrada al comunismo porque he creído y creo que el comunismo es la única doctrina digna del hombre en la Tierra. ¿Pero es aquello acaso comunismo? Estoy, como es lógico estarlo, en contra de los imperialismos, del ruso y del inglés”.

Para terminar de decepcionarla, Stalin se alía con Hitler. Desilusionada, retornó al cristianismo, identificándose con la postura de Jacques Maritain.

En 1953, su hijo Eduardo muere en un accidente automovilístico en Lima, dejándola muy afectada. Pero nada impide que continúe manteniendo una liberal vida romántica. Muchos hombres pasan por sus brazos, aunque se había casado nuevamente, ahora con Carlos Brunson, gerente de Panagra para Chile, con quien  tiene a su tercer y último hijo, Nils.

Viaja con frecuencia a Argentina y le entusiasma el justicialismo. Conoce a su líder y tiene un fugaz encuentro íntimo con Perón. Cuando este cae, muchos de sus cercanos huyen a Chile, entre ellos Patricio Kelly, considerado el jefe de la fuerza de choque del peronismo. En Chile le niegan el asilo y se prepara su deportación. Huye de la cárcel disfrazado de monja, atuendo que le llevó Blanca Luz a la prisión.

No se sabe si por un acuerdo secreto con el gobierno (en el que tenía muchas influencias) como una salida alternativa a la prisión por la fuga de Kelly, o por propia iniciativa, viaja a Juan Fernández, el archipiélago perdido en medio del Océano Pacífico. Le gusta la tranquilidad del lugar, lo apacible de sus pobladores, pero aún la atan otras cosas al continente, al que regresa con cierta frecuencia.

En 1959 se separa de Brunson y se entusiasma con las ideas del democristiano Eduardo Frei, candidato a la presidencia de Chile, que resulta electo en 1964. Pero cuando comienza a aplicar las medidas de su programa, sufre una nueva decepción. Las considera un comunismo camuflado.

El triunfo de Salvador Allende y de la Unidad Popular en 1970 le provoca una verdadera crisis de pánico. Ella, que había sido testigo de las maniobras comunistas para conseguir sus objetivos y sintiéndose perseguida por haber abandonado sus filas, llega incluso a temer por su vida. Es tanto su miedo que le escribe al presidente de su país, pidiéndole una designación en algún cargo diplomático fuera de Chile, con tal de abandonar el país. Pero no lo consigue.

Está claro que por eso aplaude el golpe militar que encabeza Augusto Pinochet en 1973. Incluso regala sus joyas para la reconstrucción del país, devastado por las políticas socialistas implementadas por Allende. Fue tanta la cercanía que tuvo con el gobierno militar, que incluso Pinochet la condecoró algunos años después y le concedió la ciudadanía chilena.

En 1975 sufre otro golpe. Su hijo menor, Nils, muere en un accidente en Santiago. Un año antes había fallecido su gran amor, David Alfaro Siqueiros, en México.

Quizás pensando que su vida pública ya no tenía sentido, decide recluirse definitivamente en la Isla Robinson Crusoe, del Archipiélago de Juan Fernández.

Sobre su lugar de residencia escribe: “Amanezco en la Isla. De las pequeñas casitas de los pescadores que palpitan en la hondonada y en los faldeos de la isla sube el primer humo de la cocina isleña, se oye también el golpe seco del hacha que parte la leña y algún lejano balido de viejas cabras de Robinson Crusoe. Un rumor permanente de agua que corre casi debajo de mi almohada y que desde hace siglos viene rodando desde la salvaje cumbre del Yunque, entre siglos de helechos y fósiles antiguos de perfumados sándalos. Todo aquí es milenario. Un resto de los seis primeros días del mundo”.

Ahí se dedica a escribir y a pintar. Ocasionalmente recibe visitantes a los que atiende vestida de las más exóticas maneras. Se cuenta que a un grupo de hombres los recibió tendida en una hamaca y cubierta solo por una piel de oso.

En este archipiélago escribió su último libro “El Último Robinson” dedicado a su hijo Eduardo Parra del Riego.

Aquejada de cáncer pulmonar, es trasladada a Santiago, donde fallece en Agosto de 1985. Con ella parte una de las vidas más controvertidas que ha producido el continente americano.

 

Sus Obras:

Levante (poemas), Lima, 1927

Penitenciaría-Niño Perdido, México, 1931.

Atmósfera arriba, veinte poemas, Montevideo, 1933.

Blanca Luz contra la corriente, Chile, 1935.

Cantos de América del Sur, Chile, 1939.

El último Robinson, Chile, 1953.

 

Fuentes:

“Blanca Luz Brum”  de Gabriela Sapriza – publicado en “La Ilustración Liberal”

“Amores y Militancia de Blanca Luz”  de Carlos Páez de la Torre H.

Wikipedia “Blanca Luz Brum”.

 

Por Fernando Lizama-Murphy

Febrero 2016

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