EL “DEATH OR GLORY”, LA PRIMERA NAVE CORSARIA CHILENA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Corsarios chilenosEl 11 de noviembre de 1817 zarpó desde Valparaíso, con la primera patente de corso otorgada por el Gobierno de Chile y luciendo la bandera a franjas de la Patria Vieja, el Death or Glory. Con tan imponente nombre (“Muerte o Gloria”) es fácil imaginar una gran embarcación, pero sólo se trataba de un lanchón al que tres marineros, ingleses y escoceses, adaptaron una vela latina para dedicarlo al corso (elegante título otorgado al pillaje de altamar o costero, respaldado por un gobierno).

Los tres socios de esta aventura, Henry James, William Mackay y Robert Budge, se encontraban sin trabajo y gastaron sus últimos pesos en dejar la nave en medianas condiciones de zarpar. Lograron reclutar a otros veintidós marineros de distintas nacionalidades para iniciar un viaje con destino incierto. Como el nombre original les resultaba difícil de pronunciar a los de habla castellana, optaron por rebautizarlo Fortuna.

Al momento del zarpe, la única posibilidad concreta que tenían de una presa era un dato proporcionado por un marinero norteamericano que arribara pocos días antes al puerto y que, en charla de cantina, les habló de que en Arica se encontraba una nave española descargando una gran cantidad de mercadería.

La Death or Glory o Fortuna, capitaneada por James, era tan pequeña, que apenas cabían los veinticinco tripulantes, todos armados con sable o machetes y algunas pistolas. Por supuesto, no había espacio ni dinero para alguna artillería más pesada. Para acelerar la marcha, se turnaban para remar. Así consiguieron llegar a las cercanías del puerto nortino el día 22 de noviembre. Se ocultaron en una caleta cercana y, con la ayuda de un pescador indígena, pudieron entrar de noche y con niebla a la rada de Arica.

A las tres de la madrugada, en silencio, se atracaron al costado del bergantín Minerva e iniciaron el asalto, sorprendiendo por completo a los defensores. Varios de éstos murieron, mientras otros saltaban al mar buscando el refugio de la costa. A los que quedaron a bordo, los atacantes los encerraron en las bodegas.

James resultó herido en la refriega, por lo que el mando lo tomó Mackay, quién en un gesto hidalgo entregó el Death or Glory o Fortuna para que los sobrevivientes españoles alcanzaran la costa.

Hasta aquí la historia de la primera nave corsaria que navegó con bandera chilena.

Mientras tanto, Mackay y sus hombres se pusieron en campaña para levar anclas, desplegar velas y sacar al Minerva de su fondeadero. Pero el viento les jugó una mala pasada y no podían despegarse de la costa. Los españoles liberados llegaron a la playa y pronto organizaron una batida para recuperar su embarcación y capturar a los audaces corsarios, que se defendieron con los cañones del barco, logrando mantener a raya a los atacantes. Hacia el mediodía se levantó una brisa que les permitió hacerse a la mar.

La mercancía, que aún no era descargada de las bodegas, les procuró un suculento premio a la osadía.

Pero la aventura no concluyó aquí. Pocos días después, el 28 de noviembre, sorprendieron al Santa María de Jesús, pequeño bergantín de carga que no opuso resistencia y que, además de un exiguo botín, les entregó importante información respecto de una gran flota que se preparaba en El Callao para atacar Chile. Varios de los marineros eran chilenos y no dudaron en entregar los datos que conocían.

Entre los socios, más que el afán del corso, primó el sentido de lealtad hacia su nueva patria y regresaron apresuradamente a Valparaíso para advertir sobre el peligro. Entraron en el puerto el 8 de diciembre, consiguiendo alertar a tiempo a las autoridades para que prepararan la defensa de la naciente república.

El Minerva fue vendido al gobierno chileno, que lo utilizó como nave de transportes.

Pero el afán de aventura de dos de los socios no quedó satisfecho, y fue así como Henry James, que tradujo su nombre al castellano, llamándose desde entonces Enrique Santiago, se hizo cargo de El Chileno, de propiedad de don Felipe del Solar, padrastro del escritor Alberto Blest Gana. El barco tenía una tripulación de noventa hombres y estaba armado con doce cañones.

Cerca del golfo de Guayaquil capturaron al bergantín Zaeta, que cayó sin disparar un tiro, y posteriormente, después de un cañoneo, a la goleta Diamante. A ambas naves las incendiaron luego de desvalijarlas. En Huanchaco hundieron otras dos naves cargadas de víveres y sostuvieron sendos combates con otras dos embarcaciones españolas. Una se dio a la fuga y la otra, la Inspectora, fue capturada. Durante los seis meses que duró su gira, consiguieron un suculento botín y la última nave aprehendida fue vendida a las autoridades chilenas.

En septiembre de 1818, el capitán Santiago, en El Chileno, inició un segundo viaje llevando esta vez tripulación de reserva para no verse obligado a incendiar las naves capturadas por falta de marinos que las maniobrasen. Se calcula que navegó hasta California y es muy probable que algunos asaltos los hiciera enarbolando bandera inglesa. En el camino hacia ese lejano destino capturó dos bergantines a la altura de El Callao, el San Antonio y el Bolero, que envió de vuelta a Valparaíso maniobrados por su tripulación de reserva.

De sus andanzas por las cercanías de la costa mexicana dan cuenta algunos testimonios que hablan de combates, de capturas de varias naves y hasta se menciona un posible desembarco en Monterrey. Después de este exitoso viaje se le perdió el rastro a este marino inglés con nombre españolizado.

En tanto, William Mackay, con el dinero recaudado durante su primera excursión compró en $ 18.000 la embarcación Catalina, a la que rebautizó como Fortuna II. Para operarla constituyó una sociedad con otras dos personas y eligió como capitán a James Hurrel.

La primera parte de la expedición no fue provechosa pues llegaron hasta Panamá sin conseguir una sola presa. Atacaron ese puerto, con resultados negativos y regresaron hacia el sur, donde, probablemente empujados por la desazón de Mackay dada la exigua recompensa, incendiaron un poblado costero.

Frente a Guayaquil capturaron un bergantín de rico botín y un poco más al sur consiguieron atrapar otros tres navíos, que aportaron muy buenos dividendos a los armadores. Dos de esas naves se trajeron hasta el puerto chileno, donde fueron vendidas.

A su regresó a Valparaíso, Mackay se retiró de la vida marina y, con parte de lo conseguido durante las correrías, instaló en el puerto una ferretería náutica.

El éxito logrado por estos aventureros fue tan relevante para el gobierno de Chile que se comenzaron a entregar patentes en forma generosa, lo que significó que muchos marineros desertaron de sus embarcaciones o de la naciente Armada de Chile para enrolarse en barcos corsarios. A resultas de esto, no había tripulantes suficientes para hacer navegar a los barcos de línea, lo que, hacia finales de 1818, obligó a O´Higgins a suprimir casi por completo el otorgamiento de las cotizadas patentes y a decretar el embargo de todas las naves corsarias ancladas en ese momento en Valparaíso.

Desde 1819 muy pocas embarcaciones con bandera chilena se hicieron a la mar  en estas condiciones. La más importante fue, sin duda, la Rosa de los Andes. Pero ese será tema de una futura crónica.

Fernando Lizama-Murphy

Agosto 2015.

3 comentarios en “EL “DEATH OR GLORY”, LA PRIMERA NAVE CORSARIA CHILENA

  1. Niní

    Cuando yo leí cronológica la Historia de Chile, sentí que ese era mi País, y me sentí muy orgullosa. Mi crítica siempre fue hacía los piratas ingleses que eran corsarios con patente que robaban y mataban para la Corona Inglesa. Para que mencionar a los españoles esa historia era más que conocida. Como era Nuestra Madre Patria teníamos que aceptarla como nuestra Historia. Ahora que leo este resumen de los corsarios chilenos, no siento nada de orgullo saber que cuando se hacían de un botín como un Barco el Gobierno del momento compraba el barco y lo destinaba para uso y beneficio. ? Cuántas historias como estas habrá y que no me he enterado? Seguiré leyendo y ahí habrán más sorpresa seguro. Lo saluda una chilena que vive en otras latitudes, sin sentir actualmente ese patriotismo Chilensis de siempre.

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  2. gustavo collao mira

    Un nuevo aporte a la historia naval y al corso en Chile. Con la entrega de patentes que les otorgaban las coronas inglesas y holandesas a tanto corsario o pirata para que asolaran las costas de latinoamérica, les dieron carta blanca para cometer tropelías, se sirvieron de las arcas fiscales de los nacientes países en la colonia, quemaron pequeños poblados costeros sembrando el terror, como lo hicieron Bartolomé Sharp, Cavendish, Woodes Rogers, Lord George Anson, Enrique Brouwer, Elías Herckemans, Sir Francis Drake, Alejandro Selkirk, William Dampier y muchos otros. Ellos alcanzaron las costas chilenas y en su época saquearon nuestro patrimonio dejando la triste impronta con denostables actos delictuales.
    Gracias Fernando por esta interesante crónica que nos permite conocer de la historia patria y, además, darnos cuenta porqué en Chile, a veces, algunos repiten fechorías como éstas, sin tener patente de corso.

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