EL “DEATH OR GLORY”, LA PRIMERA NAVE CORSARIA CHILENA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Corsarios chilenosEl 11 de noviembre de 1817 zarpó desde Valparaíso, con la primera patente de corso otorgada por el Gobierno de Chile y luciendo la bandera a franjas de la Patria Vieja, el Death or Glory. Con tan imponente nombre (“Muerte o Gloria”) es fácil imaginar una gran embarcación, pero sólo se trataba de un lanchón al que tres marineros, ingleses y escoceses, adaptaron una vela latina para dedicarlo al corso (elegante título otorgado al pillaje de altamar o costero, respaldado por un gobierno).

Los tres socios de esta aventura, Henry James, William Mackay y Robert Budge, se encontraban sin trabajo y gastaron sus últimos pesos en dejar la nave en medianas condiciones de zarpar. Lograron reclutar a otros veintidós marineros de distintas nacionalidades para iniciar un viaje con destino incierto. Como el nombre original les resultaba difícil de pronunciar a los de habla castellana, optaron por rebautizarlo Fortuna. Seguir leyendo “EL “DEATH OR GLORY”, LA PRIMERA NAVE CORSARIA CHILENA”

FLACH, EL PRIMER SUBMARINO CHILENO

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Submarino FlachMuchos fueron los aspectos negativos del bombardeo a Valparaíso durante la guerra que Chile y Perú libraron contra España entre 1864 y 1866. Podemos citar, por nombrar algunos, la destrucción de las incipientes instalaciones portuarias y la incómoda sensación de inseguridad que dejó en la población. Pero también tuvo consecuencias positivas: la principal, una ola de inventos que se presentaron a la autoridad para defender al puerto de nuevos ataques.

Aparecieron ideas para construir torpedos, brulotes, bombas sumergidas y otros artilugios, pero sólo satisfizo las inquietudes de los gobernantes el submarino del ingeniero alemán avecindado en Valparaíso Karl Flach, quien ya había fabricado con éxito cañones de retrocarga muy avanzados para su época.

La idea de una embarcación submarina nace casi junto con la navegación. Pero los primeros proyectos concretos se remontan al 1600 cuando Jerónimo Ayanz y Beaumont, prolífico inventor español, construyó una campana de sumersión para ingresar en una mina inundada y diseñó un navío, que nunca se construyó, que podía navegar sumergido. En lo que respecta a artefactos sumergibles movidos por energía humana, los siglos XVIII y XIX resultaron especialmente prolíficos. Algunos relevantes fueron el Turtle, utilizado en Estados Unidos en 1776, durante la guerra de la Independencia; en Francia Robert Fulton experimentó con el Nautilus en 1800 y, en 1860, Cosme García Sáez, en España, construyó el Garcibuzo. Seguir leyendo “FLACH, EL PRIMER SUBMARINO CHILENO”

LA OBSESIÓN DE MR. SPENCER

Mr. Spencer, proveniente de Edimburgo, ancló en Valparaíso durante el verano de 1908, poco después del enésimo terremoto que asolara al puerto. Tenía veinticuatro años recién cumplidos.

La escala, destinada a analizar fenómenos sísmicos, convirtió al puerto en su residencia definitiva. Se quedó para saciar su inagotable sed por conocer todo lo descubierto o por descubrir.

Esa ansiedad lo convirtió en un solitario. Amo de su tiempo y de su vida, se desplazaba al lugar donde el instinto le advirtiera sobre la posibilidad de algún suceso notable. Todas las investigaciones de Mr. Spencer surgían “desde las tripas”, como llamaba él a ese espíritu observador en su castellano engominado.

Su admiración incondicional por Darwin fue decayendo cada vez que releía El Origen de las Especies, pues crecían las dudas respecto a, según él, la pata coja de la teoría de la evolución. Spencer sostenía que su compatriota no había considerado el problema espiritual. Sus propios estudios lo habían llevado a concluir que en el universo existía un número determinado e inamovible de almas, que estimó en diez mil ochocientos veinticuatro millones setecientos cincuenta y seis mil ciento catorce. Esto significaba que se requería que alguna forma de vida desapareciese para que otra surgiera. La cifra incluía a todas las especies vivientes, incluso los microorganismos conocidos hasta entonces. Según Mr. Spencer afirmaba, todos tenían alma. Seguir leyendo “LA OBSESIÓN DE MR. SPENCER”

SOPITA DE POLLO

Valparaíso ascensor Artillería─Con estos gringos nunca se sabe. Podría ser el papá, el abuelo o hasta el marido ─piensa Donato apoyado contra el rincón del ascensor Artillería, mientras desciende hacia el Plan de Valparaíso.

Frente a la ventana que mira al puerto se apiñan los turistas, que en sus cámaras eternizan mar, barcos, remolcadores y el dique flotante.

La muchacha rubia, delgaducha, casi albina, mantiene la mirada en Donato y en su musculatura de gimnasio, al mismo tiempo que lucha por desprenderse del gringo viejo que insiste en que observe el paisaje. Seguir leyendo “SOPITA DE POLLO”