La Dama de Ampato

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Dama de AmpatoIllariy, una muchachita quechua de catorce años, nunca imaginó que la atronadora y prolongada erupción del volcán Sabancayo, ocurrida en 1450, le costaría la vida y en cierta forma, le daría eternidad.
Durante más de seis meses el macizo andino, cercano a Arequipa, estuvo escupiendo lava, humo y cenizas sobre los poblados vecinos. Los cultivos se dañaban, los guanacos, las llamas y las vicuñas, estaban inquietas. Nadie se sentía a salvo.
Los amautas, apremiados por el Inca para que le exigieran una solución a Viracocha, decidieron que el mejor camino eran los sacrificios humanos. Para ello escogieron a tres niñas del templo de Arequipa. Debían ser vírgenes del sol, seleccionadas y recluidas desde la primera infancia para servir al Inca y a su cohorte. Todas estaban entre las más hermosas del imperio, pero Illariy se destacaba por su belleza excepcional.
Antes del día elegido para el holocausto, las alimentaron con maíz y charqui, y les dieron a beber chicha de jora hasta embriagarlas. Para calmar a los dioses, necesitaban enterrarlas vivas en el volcán Ampato, vecino al Sabancayo.
Los peones enviados para hacer la excavación de lo que sería la tumba de Illariy y sus amigas, lo hicieron a gran profundidad para evitar que las niñas huyeran, cosa muy improbable, porque mientras ascendían hasta su tumba, les dieron a beber más chicha, además de té de coca. De lo que ocurrió después, nada recordarían. Estaban casi inconscientes. Sin embargo, para evitarles mayores sufrimientos, los sacerdotes las durmieron con un golpe en la cabeza.
Los volcanes Ampato y Sabancayo son vecinos. En 1990 este último hizo erupción y el calor que generó derritió los hielos del otro, dejando al descubierto una sepultura incaica.
El arqueólogo norteamericano Johan Reinhard encontró, a seis metros de profundidad, en posición fetal, los restos de una adolescente de unos catorce años y de un metro cuarenta de estatura, que parecía dormir plácidamente. Estaba tapada con una manta y mostraba la huella de un impacto en su cabeza. Cerca yacían los restos de otras dos niñas, de ocho y doce años.
Gracias al hielo, los restos y los órganos de Illariy, bautizada como “Dama de Ampato” por los autores del hallazgo, parecían intactos. Fueron enviados al Hospital de Baltimore para ver cómo había vivido la niña. La autopsia virtual estableció como data de muerte entre 1440 y 1450, que se alimentó con maíz y carne seca, que era sana y que nació en la zona de Cotahuasi, Arequipa.
La fecha de la muerte coincide con una erupción del Sabancayo, que duró varios meses y de la que tuvieron conocimiento los cronistas españoles cuando llegaron a Cuzco.
Por los exámenes de ADN se pudo saber que la madre de Illariy provenía de Puno, a trescientos kilómetros al noreste de Arequipa. Y lo más extraño, su padre procedía de la tribu Ngobe, de Panamá, distante tres mil kilómetros.
Los Ngobe están emparentados con razas taiwanesas y coreanas.
¿Curioso, no?

Fernando Lizama-Murphy
Octubre 2016

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