EXPEDICIÓN ATLANTIS: DE TENERIFE A LA GUAIRA EN BALSA

Que el hombre sepa que el hombre puede. — Alfredo Barragán

Por Fernando Lizama Murphy

Desde hace un tiempo este autor se ha empeñado en hurgar en aquellas teorías que hablan de visitantes que llegaron a América provenientes de distintos lugares, antes que Cristóbal Colón. Hemos hablado sobre egipcios de la época de los faraones, sobre polinésicos y de otros navegantes que, cruzando el océano Pacífico desde el poniente arribaron a estas costas. También nos hemos referido a aventureros que, en distintas épocas y partiendo de Sudamérica, han surcado el mar para llegar a tierras lejanas allende ese océano, intentando recrear antiguas travesías y así demostrar intercambios culturales y comerciales con áreas remotas.

En esta crónica nos trasladaremos de océano para hablar de unos expedicionarios argentinos que, convencidos de la posibilidad de que africanos, cruzando el Atlántico, hubiesen llegado a las costas de América, efectuaron la travesía en balsa desde Tenerife a La Guaira.

Del cómo y por qué lo hicieron, habla este artículo.

TODAS LAS CANAS AL AIRE. LA INTRÉPIDA TRAVESÍA DE MADELEINE DUPONT Y MARIA ELIANA CHRISTEN

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Quizás porque los chilenos estamos confinados en este rincón del mundo, cada cierto tiempo surgen aventureros que pretenden romper este encierro enfrentando desafíos distintos, novedosos, casi siempre peligrosos. Esta es la historia de dos abuelas que decidieron unir Chile con Suiza, volando en un pequeño aeroplano.

Madeleine Dupont y María Eliana Christen
Madeleine Dupont y María Eliana Christen, las abuelas voladoras. Foto de Omar Contreras.

El 9 de marzo del año 2004, en el aeropuerto de Los Cerrillos, en Santiago de Chile, muchas autoridades, periodistas y curiosos, fueron testigos del inicio de una de esas aventuras que, a comienzos del siglo XX eran tan frecuentes, pero que en el último tiempo solo eran historia. Dos mujeres, madres, abuelas y con disimulados sesenta años a cuestas, intentarían unir la capital de Chile con Ginebra, Suiza.

Lo distinto, lo novedoso y lo peligroso, además de lo inusual de la edad para vivir una aventura de esta naturaleza, era que esperaban llevarla a cabo a  bordo de un Beechcraft Bonanza, construido en 1981, aunque su motor, de seis cilindros y 285 caballos de fuerza, solo tenía un año de uso. El “Julie”, como lo bautizaron cariñosamente, era un pequeño avión cuadriplaza, de motor a hélice, al que se le adaptaron estanques adicionales de combustible que aumentaron la autonomía de 4.500 a 13.000 kms.