LA TORMENTOSA VIDA DE UNA NIÑA MIMADA

Blanca Errázuriz, fotografía entre los años 1910-1915.
Blanca Errázuriz, fotografía entre los años 1910-1915.

Una noche de 1919 el cine Olimpo de Valparaíso estaba repleto de público expectante por ver la película La mujer y la Ley, filmada y estrenada un año antes en Estados Unidos. La cinta muda y en blanco y negro, dirigida por Raoul Walsh y protagonizada por Miriam Connors, Jack Cooper y Peggy Hopkins Joyce, narraba un episodio de la vida real, acaecido el 4 de agosto de 1917, cuando una mujer asesinó de cinco balazos a su ex marido. Este hecho pudo ser un crimen más si no hubiese sido porque ambos eran miembros de la más rancia aristocracia neoyorkina. Aunque los lugares en los que ocurrieron los hechos y los nombres de los verdaderos protagonistas fueron cambiados para la historia fílmica, en Chile todos sabían de quiénes se trataba.

La dama que cometió el crimen era la chilena Blanca Elena Errázuriz Vergara, nieta de don José Francisco Vergara, héroe de la Guerra del Pacífico, fundador de la ciudad de Viña del Mar y multimillonario.

¿Cómo se llegó a este fatal desenlace?

Blanca Errázuriz nació el 9 de abril de 1894 en Viña del Mar. Su padre, que se había casado con su madre en París, falleció de tuberculosis cuando ella era muy pequeña y su abuelo decidió que tenía que recibir una formación europea. La enviaron a educarse con las monjas de los Sagrados Corazones de Londres.

BlancaDeSaulles, de autor desconocido. Cass City Chronicle, Cass City, Michigan.
BlancaDeSaulles, de autor desconocido. Cass City Chronicle, Cass City, Michigan.

En 1910, durante un viaje de vacaciones que hizo a su país, conoció al magnate norteamericano John Longer de Saulles, quien viajó a Chile para comprar caballos de polo, deporte que practicaba y para el que mantenía un importante haras, del que vendía cabalgaduras a otros deportistas.

Blanca se enamoró perdidamente de este hombre quince años mayor y vanos fueron los esfuerzos que hicieron su madre y su abuelo para evitar que este matrimonio se concretara. La niña mimada salió con la suya y el 14 de abril de 1911 se casaron en París, para radicarse en Nueva York después de la luna de miel.

John de Saulles era un connotado empresario estadounidense, que cargaba con una fama de vividor, mujeriego y alcohólico. Famosas entre la aristocracia fueron las rupturas con dos importantes herederas de su país a raíz de sus constantes infidelidades. Muy pronto Blanquita se daría cuenta que todo lo que le habían advertido respecto a él, era verdad.

En diciembre de 1912, la joven fue madre de un varón, al que bautizaron con el nombre del padre. Ya durante el embarazo su marido comenzó con las salidas nocturnas regresando a los cabarets de Broadway, que conocía bien, y pasando las noches en los brazos de las más hermosas y onerosas coristas del ambiente artístico de Nueva York, del que era habitué. Durante el día tampoco el hombre aparecía mucho por casa, empeñado en la campaña para la presidencia de la república del demócrata Woodrow Wilson, uno de sus grandes amigos. Incluso cuando fue elegido para el cargo, Wilson lo nombró embajador en Uruguay, pero él lo rechazó, argumentando que prefería dedicarse a sus negocios.

La vida para Blanca, acostumbrada a que se hiciera su voluntad, se convirtió en un infierno.

Rodolfo Giugliemi, conocido como Rodolfo Valentino, el primer latin lover del cine mundial. Amigo y presunto amante de Blanca Errázuriz Vergara.
Rodolfo Giugliemi, conocido como Rodolfo Valentino, el primer gran ídolo del cine mundial. Amigo y presunto amante de Blanca Errázuriz Vergara.

Quizás como una manera de vengarse o de hacerle saber a su marido que ella también podía tener vida propia, ingresó en una academia para aprender a bailar tango, danza de moda en la época, en la que el instructor era un italiano, llegado poco antes en la tercera clase de una nave. Su nombre, Rodolfo Giugliemi.

Él se convirtió en el confidente de la desgraciada muchacha que se resistía a avisar a su familia el drama por el que estaba pasando. Su orgullo se lo impedía, aunque en Chile algo sospechaban a raíz de las importantes sumas de dinero que ella, con frecuencia, solicitaba.

Según Emily W. Leider, la biógrafa de Giugliemi, no existe ninguna certeza de que Blanca, cuya belleza se había convertido en mítica, tuviese algún romance con el bailarín, que estaba muy enamorado de ella. Aunque se sospecha que fue él uno de los que le aconsejó que solicitara la anulación de su matrimonio.

En diciembre de 1916 la Corte Federal de Justicia concedió el divorcio. El marido quedó convencido de que el italiano, al que creía amante de su mujer y que además atestiguó a favor de ella, había sido el responsable de que las cosas llegaran a este fin. Utilizando sus influencias políticas consiguió que lo arrestaran y casi consigue que lo expulsen, si no es porque Giugliemi reunió el dinero para pagar una fianza de US$ 1.500, una fortuna para la época. De vuelta en la calle, poco tardó en darse cuenta de que todas las puertas para trabajar estaban cerradas para él en Nueva York. Convencido de que un enemigo así podía destruirlo definitivamente, tomó el único camino que vio y se trasladó a Los Ángeles, California, donde en un pueblito llamado Hollywood, una nueva actividad, el cine, se estaba abriendo paso desde 1911. Cambió su apellido por Valentino y se transformó en el máximo ícono de una época.

El fallo del divorcio le dio la tutela del niño mes por medio a cada uno de los padres. Al comienzo todo marchó relativamente bien, pero luego John, amparado en sus influencias y argumentando que sentía que su ex mujer no cumplía bien su labor de madre, comenzó a dilatar las fechas para entregar el niño a Blanca.

El 1° de agosto de 1917 John, como ya lo hiciera antes, no entregó al pequeño a su madre, que en los días siguientes fue a buscarlo en reiteradas oportunidades. Pero su ex marido siempre se negó, argumentando que su hijo se encontraba resfriado. El sábado 4 de agosto, hacia las 20 hrs., ella fue nuevamente por su hijo. Él la recibió en la puerta y, una vez más, no lo quiso entregar. Blanca sacó un revólver y, cuando él intentó arrebatárselo, le descerrajó cinco balazos. Veinte minutos después, John Longer de Saulles, fallecía en el hospital del condado de Nassau.

Blanca Errázuriz se entregó sin oponer resistencia y fue internada en la cárcel de Mineola, acusada de asesinato en primer grado.

Pese a que en ese momento en Europa se desarrollaba la Primera Guerra Mundial, el caso provocó tanta conmoción que alrededor de trescientos periodistas de Estados Unidos y de otros países se acreditaron para seguirlo. Durante todo el tiempo que duró el proceso, la opinión pública estuvo informada. Incluso las marquesinas luminosas de algunos periódicos, última tecnología en las que informaban de las noticias más importantes del momento, varias veces resplandecieron con las novedades del caso.

Todo Estados Unidos opinaba y las mujeres, en su mayoría, le daban la razón a la asesina. Incluso las sufragistas, que luchaban por obtener el derecho a voto, entre otros beneficios para las féminas, hicieron causa común con ella. Nadie permanecía indiferente.

En Chile del crimen se tuvo conocimiento el día 7 de agosto y El Mercurio de Valparaíso comenzó a seguir el caso día a día, con las noticias que recibía por el cable submarino que unía al país con el mundo.

Así decía la primera información publicada por ese medio:

Las desavenencias del matrimonio De Saulles-Errázuriz tienen un trágico fin. La señora De Saulles da muerte a su esposo.

Nueva York. 6 de agosto. La señora Blanca Errázuriz de De Saulles se presentó repentinamente ante noche (sábado 4) en la residencia de su esposo John Lander De Saulles de quien estaba divorciada y lo mató de un balazo como consecuencia de las muchas dificultades que había tenido con él por la custodia de su hijo que, por disposición de la Corte Federal al conceder el divorcio, debía corresponder a cada uno de los esposos en determinado periodo del año.

Durante el juicio, Blanca fue defendida por uno de los más destacados criminalistas de los Estados Unidos, Henry Uterhart (pagado por su familia, por cierto) que estaba tan convencido de la justicia de su causa que llegó a anunciar que se retiraría de la abogacía si lo perdía.

El 1° de diciembre de 1917, el jurado, compuesto por trece personas, determinó, por unanimidad que Blanca Errázuriz no era culpable del parricidio. El tribunal la dejó en libertad. Para el poder judicial norteamericano la decisión fue un fallo popular. Ningún argumento ni testigo logró acreditar con certeza las facultades mentales perturbadas que argumentó su defensa, pero una decisión tan categórica del jurado era inapelable.

No debemos perder de vista que, en ese momento, los Estados Unidos estaban recibiendo una corriente inmigratoria particularmente fuerte. Muchos de los extranjeros que llegaban buscando el sueño americano caían en manos de bandas inescrupulosas de tratantes de blancas y otros eran víctimas de grupos que abusaban de la condición de desamparo de los recién llegados.

En la opinión pública existía la sensación de que era la oligarquía estadounidense la que manejaba todos estos hilos, por lo que el fallo a favor de Blanca Errázuriz, por el hecho de ser extranjera, no por su condición socio-económica, que muchos desconocían, fue percibido como una doblada de mano a los grupos de poder.

En Chile ocurrió a la inversa, entre la masa quedó la sensación de que los dueños del dinero podían comprar la justicia en cualquier lugar del mundo.

Dejando en evidencia la inestabilidad emocional que fue su sino durante toda su existencia, Blanca se estableció primero en San Francisco, donde obtuvo la tuición definitiva de su hijo, al que le cambió el apellido por el de ella. Después viajó con él, para establecerse durante un tiempo en Japón, país elegido sin un motivo aparente. Luego de un tiempo regresó a Chile.

En diciembre de 1921, se casó en Santiago con Fernando Santa Cruz, con quien tampoco pudo llevar una vida armónica y se separó. Convivir con otras personas fue siempre un drama para Blanca Errázuriz. Al parecer era dueña de un carácter avasallador, heredado de su madre, que le impedía entenderse con los demás. Jamás logró conservar amigos desinteresados por mucho tiempo.

Una de las mujeres más hermosas de su época, dueña de una fortuna incalculable, no pudo ser feliz. Terminó suicidándose en 1940, cuando sólo tenía 46 años.

Fernando Lizama Murphy

Septiembre 2015

Un comentario en “LA TORMENTOSA VIDA DE UNA NIÑA MIMADA

  1. Jorge Aro Peigneguy

    Feñita, aprendo y gozo muchos Crónicas porque son parte de la Historia, de aquella Historia desconocida que no muchas personas dominan, así que bienvenido el saber. Felicitaciones por tus interesantes trabajos, siempre los espero.
    Un abrazo Feñita y cariños a la Marce.

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