ORIGEN DE LAS FAVELAS

favelaChabolas, villas miserias, poblaciones callampas y muchos otros son los nombres que reciben las viviendas o conjuntos de viviendas que, en la periferia de los sectores urbanos, cobijan, en precarias condiciones, a inmigrantes de distintas procedencia que no encuentran un lugar donde vivir.

Pese a tratarse de un fenómeno universal, en América Latina ha tomado una importancia relativa mayor, por ser un problema social que en algunos países del área se ha agudizado con el paso del tiempo y que ha resultado imposible de ser erradicado, a pesar de los planes de los distintos gobiernos para solucionarlo.

Los orígenes de estas poblaciones marginales son diversos. En Argentina, las villas miseria se formaron a partir de 1930 cuando, por la crisis internacional, la actividad agrícola decayó a extremos insostenibles y la población migró hacia Buenos Aires en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. En Chile, las poblaciones callampas surgieron en Santiago cuando las salitreras en el norte del país dejaron de ser rentables y cerraron, quedando una gran masa de gente cesante, la que se desplazó con sus familias hacia la capital del país en busca del sustento.

Pero el fenómeno por excelencia de esta realidad, son las favelas de Río de Janeiro, en Brasil. Las favelas tienen como precursores a los quilombos, asentamientos de esclavos prófugos que se reunían para compartir en comunidad la vida “libre” que se procuraban al huir de sus patrones. En estas poblaciones, creadas a partir de 1865, convivían aquellos que preferían una vida llena de precariedades y peligros al yugo.

Antônio Conselheiro.
Antônio Conselheiro.

Hacia fines del siglo XIX, cuando en Brasil ya se había decretado el fin de la esclavitud, ley que no todos los patrones respetaron, parte de estos esclavos, además de muchos libertos sin esperanzas, campesinos pobres e indígenas desarraigados, siguieron a  Antônio Conselheiro, un predicador místico que les daba esperanzas de una vida mejor.

Pronto el contingente que seguía a este monje superaba las diez mil personas, por lo que consideró oportuno crear una ciudad en la que acogerlos. Así fundó Canudos, en el interior del estado de Bahía, en un sector árido y de difícil acceso llamado el sertao. Hasta allá comenzaron a llegar prófugos, libertos, indígenas y todo tipo de personas empobrecidas o perseguidas de todo el país, en busca de ese destino mejor que este hombre prometía. Al año, la población de la incipiente ciudad superaba las treinta mil almas, que requerían de un techo bajo el que cobijarse y alimentos con los que mantenerse.

Comenzaron a construir viviendas con los materiales que encontraban a mano y la mayoría de las precarias viviendas se edificaron en los alrededores de un sector llamado el Morro das Favelas, un cerro en el que crecía en forma silvestre una variedad de mandioca denominada, precisamente, favela (Cnidoscolus phyllacanthus).

Para alimentar a tanta población se necesitaban muchos recursos que, por mucha capacidad milagrosa que tuviera el predicador, no sabía de dónde conseguir, por lo que organizó un ejército de “recopiladores”, en su mayoría cangaceiros, bandoleros que asaltaban haciendas y ciudades, para que procurasen lo necesario para mantener a la creciente cantidad de habitantes.

La ola de violencia que se desató en la zona obligó al gobierno central a enviar un ejército que sometiera a los seguidores del místico. Tres veces las tropas gubernamentales regresaron derrotadas a su centro de operaciones.

Antonio Conselheiro, Ilustración de Antônio Bernardes Pereira Neto, 1897. Revista Ilustrada Nº 728. Acervo Biblioteca Nacional (RJ)
Antonio Conselheiro, Ilustración de Antônio Bernardes Pereira Neto, 1897. Revista Ilustrada Nº 728. Acervo Biblioteca Nacional (RJ).

En el cuarto intento, un ejército de quince mil soldados, a los que se les prometió, además del salario, una vivienda si conseguían la victoria, lo logró. Arrasaron Canudos y pasaron por las armas a cerca de veinte mil personas, entre los que se contaba su líder. Las bajas entre los militares superaron las cinco mil.

Los soldados victoriosos regresaron a sus ciudades de origen, pero transcurrido un tiempo prudente el gobierno no sólo no entregaba las viviendas prometidas, sino que además les adeudaba a las tropas la paga de varios meses. Desesperados, hambrientos y con el ánimo de cobrar, a comienzos del siglo XX una verdadera procesión de familias de todo el noreste brasilero se dirigió hacia Río de Janeiro. La ciudad se vio repentinamente rodeada por una multitud de miserables, a los que las autoridades no les permitieron entrar.

Obligados por las circunstancias, se vieron forzados a replicar lo que habían visto en Canudos y en los cerros que rodean la capital comenzaron a construir frágiles viviendas con el material que encontraban. Estas modestas casas reciben en Brasil el nombre de barracos, y un conjunto de barracos se convierte en una favela.

Por asociación de ideas, los soldados engañados por la autoridad bautizaron el sector con el mismo nombre que le daban al cerro en el que vivían los habitantes de Canudos.

A raíz de diversas crisis y por las pocas expectativas que sobre todo los jóvenes ven en el sector rural, el centralismo siguió arrastrando pobladores a la antigua capital. Hoy las favelas de Río, además de lugar de residencia para muchos cariocas, son un centro de atracción turística. También son un nido de delincuencia.

La historia de Canudos y de Antônio Conselheiro, se encuentra magníficamente narrada en la novela La Guerra del Fin del Mundo de Mario Vargas Llosa.

Fernando Lizama Murphy

Octubre 2015

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