NÉLIDA RIVAS, LA AMANTE NIÑA DE PERÓN

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Nelly Rivas 1El poder casi siempre corrompe en América Latina. Muchos de los que, por uno u otro medio llegan a gobernar una nación comienzan a utilizar ese poder para pagar favores de campaña o para enriquecerse, permitiendo además que sus cercanos lo hagan mediante manejos no del todo claros. Es ese mismo poder el que se ha prestado para otro tipo de abusos, tanto de la casta dirigente como de aquellos que, como rémoras, los rodean. Esto se ha hecho más patente en el último tiempo con el surgimiento de los llamados “gobiernos populistas”.

Actualmente la mayoría de los entendidos coincide en que el estandarte del populismo en nuestro continente, con todo lo que eso conlleva, lo levantó, con mucha anticipación, Juan Domingo Perón, alumno aventajado de Benito Mussolini, a quien vio actuar cuando fue agregado militar del gobierno de su país en Roma.

Juan Domingo Perón Sosa fue elegido presidente de la República Argentina por primera vez en 1946 con un amplio apoyo de los sindicatos. Reelecto en 1952, fue derrocado en 1955. Este hombre llegó a tener, por méritos propios, una gran popularidad, que se acentuó cuando se casó con su segunda mujer, la actriz y locutora de radio Eva Duarte.

Pero Evita, como la llamaron cariñosamente los “descamisados”, una fervorosa masa que hasta hoy le rinde culto, siguió el manoseado ejemplo de Robin Hood y se convirtió en un emblema popular arrastrando a su marido a la cumbre de la fama, pero llenándolo de enemigos. El peronismo, la doctrina política que el mandatario entronizara en la Argentina, ha sobrevivido por más de setenta años y aún conserva una gran cantidad de adeptos.

Por supuesto que tanto fanatismo dejó espacios para mucha corrupción, pero a Perón y a Evita el pueblo argentino les perdona todo. Por eso pasó casi desapercibida, o se mantuvo por mucho tiempo en secreto, la historia que nos convoca.

Antes de ahondar en ella diremos que Juan Domingo Perón se casó tres veces. La primera vez con Aurelia Tizón, que falleció en 1938 de cáncer uterino, luego, con Eva Duarte, 24 años menor que él y que falleció en 1952, de la misma enfermedad que Tizón, coincidencia que en algunos especialistas despierta la sospecha de que el presidente era portador del papiloma que favorece el desarrollo de este mal. Muchos años después y ya en el exilio, desposó a su tercera mujer, María Estela Martínez, que gobernó el país con posterioridad a la muerte de él y que aún vive. Ella tenía 36 años menos que su marido.

Un tiempo después del fallecimiento de Eva Duarte, Perón, a la sazón de 60 años, se llevó a vivir con él a Nélida Rivas, una muchachita de catorce, hija de un modesto matrimonio en el que el padre era obrero de la fábrica de helados Noel y la madre aseaba el edificio bajo cuyas escaleras moraba la familia. La niña participaba activamente en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), organización creada por el gobierno peronista para fomentar el deporte, aunque sus detractores aseguran que se trataba de un centro de adoctrinamiento político, que además servía para conseguir jovencitas que complacieran los caprichos de la casta dirigente, especialmente del poco atribulado viudo que, para pasar la pena, paseaba en motoneta, navegaba en lancha por el Tigre o conducía automóviles deportivos.

Algunas de las actividades de la UES se realizaban en el palacio de Olivos. Durante una de estas, para el almuerzo, Nélida quedó sentada al lado del presidente y aprovechó de contarle los problemas habitacionales que tenía su familia. Perón, aparentemente conmovido, la invitó al palacio de Unzué con el pretexto de que ayudase al cuidado de los dos perros de Eva, muy solos desde la muerte de su ama. Una noche a Nelly, como la llamaban en familia, se le hizo tarde y se quedó a alojar. La acomodaron en la habitación de Evita. Las visitas se sucedieron y los pretextos para quedarse no faltaron, hasta que el mandatario la invitó a ver televisión en su dormitorio. Es fácil imaginar, en una época en que la TV era privilegio de pocos, la curiosidad que tiene que haber despertado en la niña este panorama.

Layout 1Muy pronto la muchachita se convirtió en la concubina de Perón y comenzó a acompañarlo a algunos eventos, como la inauguración del Festival de Cine de Mar del Plata. El verlos juntos en actos oficiales o en actividades culturales y deportivas se fue haciendo frecuente y ya, entre dientes, algunos hablaron de la “Primera Damita”. Mientras estaba conviviendo con Perón cumplió sus quince años y los celebró en el palacio presidencial.

La historia de Nélida Rivas estuvo perdida por cincuenta años, hasta que el abogado Juan Ovidio Zavala la sacó a la luz en su libro Amor y Violencia. La Verdadera Historia de Perón y Nelly Rivas”.

Zavala, radical y torturado durante el primer gobierno de Perón, se hizo cargo de la defensa de Nelly y de su familia luego del golpe de Estado que derrocara al presidente en 1955 y que significó el comienzo de un verdadero calvario para la muchacha, que aseguraba estar enamorada del mandatario, al igual que muchas otras niñas de su edad: “Sería una gran falsedad no reconocer que cada una de nosotras quería ser una segunda Evita. Con la edad que ya teníamos, él alimentaba nuestro romanticismo y nuestras agitaciones corporales”,  le confesó a Zavala.

El presidente, al ser derrocado y antes de refugiarse en una cañonera paraguaya, le entregó a Nélida $ 400.000.- pesos argentinos y varias joyas que antes fueron de Evita para que pudiera sobrevivir algún tiempo, según le dijo. La niña, ingenua, sin imaginar lo que se le venía, regresó con su familia que ahora residía en la casa que le regalara el mandatario y que según algunos, fue el pago que recibieron los padres por aceptar el concubinato, consentimiento que según la ley argentina liberaba al hombre de una posible acusación de estupro.

Pero quienes derrocaron a Perón lo requerían en Argentina para juzgarlo, además de otros delitos, precisamente por el de estupro, y entre las debilidades que encontraron como para hacerlo regresar, estaba Nélida. En varias cartas él le había manifestado el deseo de compartir una vida tranquila, cartas que, por algún camino misterioso llegaron a Estados Unidos y fueron publicadas por un periódico de ese país en 1957.

Una de las primeras medidas que adoptaron los nuevos gobernantes fue allanar la casa de la familia Rivas y requisaron las joyas y el dinero que le diera Perón a su pequeña amada. Posteriormente les arrebataron la casa. Nélida, desesperada, intentó huir a Paraguay, país del que procedía su madre, con la remota esperanza de reencontrarse con el ex mandatario, pero fue interceptada en la frontera y recluida en el Asilo San José, lugar de detención para prostitutas precoces. La muchachita, que hasta poco tiempo antes soñaba con la gloria, se vio de pronto encarcelada, sin tener ni siquiera claros los motivos. Ella sentía que no había cometido delito alguno. Más de doscientos días permaneció en ese recinto, siendo víctima de las burlas y el escarnio de sus compañeras de reclusión, que se reían de la frustrada “Primera Dama”.

Nelly Rivas y Perón

Mientras, las autoridades, empeñadas en presionar a Perón para que se entregara, enjuiciaron a los padres de Nélida, acusándolos de amparar el estupro de quien fuera gobernante. Incluso intentaron, sin resultados, privarlos de su patria potestad.

Los sueños principescos de Nelly Rivas se trocaron en una película de terror que debió soportar durante dos años hasta que, poco a poco, todos se fueron olvidando de ella. Incluso el abogado Zavala inició un juicio en contra del Estado pretendiendo que le devolvieran a su defendida el dinero y las joyas que le arrebataran. Pero todo fue en vano.

Intentando rehacer su vida y escapar de la triste fama que la perseguía, en 1958 Nélida Rivas se casó y de su matrimonio nacieron dos hijos. De ahí para adelante su vida fue igual a la de cualquier anónima mujer argentina de clase media baja.

En 1973 Juan Domingo Perón regresó del exilio en Madrid en gloria y majestad y Nelly decidió visitarlo junto a su marido. Esperaba que algo de lo que él le había  prometido al huir de Argentina se hiciera realidad, pero en cambio sólo recibió un lapidario: “Entenderás que esta es la última vez que nos vemos”.  Perón, ya casado con Estela Martínez, murió al poco tiempo.

El más popular presidente que ha tenido la Argentina sentía debilidad por las mujeres y sobre todo por las que fueran menores que él. No solo queda en evidencia en los matrimonios con Eva y María Estela, sino que también en la historia que contamos y en otros amoríos que se le conocen, como el caso de la mendocina  María Cecilia Yurbel, apodada “Piraña”, una niña de 16 años que el presidente se trajo a vivir con él antes de conocer a Evita y a la que presentaba como hija. Pero Evita no se tragó el cuento y la envió con viento fresco de regreso a Mendoza.

Nélida Rivas, la más conocida de las amantes-niñas de Perón, falleció pobre en el 2012, después de cargar con una vida llena de pesares, en gran parte provocados por la breve aventura juvenil con el hombre más importante de su país.

Fernando Lizama Murphy

Febrero 2016

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