Crónica de Fernando Lizama-Murphy
Este triunfo y cien más se harán insignificantes si no dominamos el mar.

Con esta frase Bernardo O´Higgins dejaba muy en claro que sin el dominio del mar, la independencia de Chile y de los otros países de Sudamérica corría un severo riesgo. Por eso y pese al precario estado en que quedaron las finanzas públicas después de la travesía de Los Andes para lograr la derrota terrestre de los realistas, se empeñó en crear una escuadra que le permitiera hacer frente a la flota española del Pacífico.
Para poder obtener armas y apoyo para la naciente república, nombró a José Antonio Álvarez Condarco, un ingeniero argentino que había participado en la preparación y en la posterior incursión del Ejército de Los Andes, para que representara al gobierno chileno en Inglaterra e hiciera gestiones encaminadas a conseguir naves y oficiales calificados.
Las gestiones del comisionado no pudieron ir mejor. Consiguió a Lord Thomas Cochrane, uno de los más avezados marinos ingleses, que en ese momento residía en Francia por problemas de deudas, para que se hiciese cargo de la incipiente escuadra. Seguir leyendo «JOHN ILLINGWORTH HUNT, SEÑOR DEL PACÍFICO»

La Segunda Guerra Mundial no concluyó con la rendición de Alemania ni con las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Hubo muchos coletazos posteriores, entre ellos el Juicio de Núremberg, en el que algunos jerarcas nazis fueron condenados a diversas penas. Pero en ese tribunal no estuvieron presentes en el banquillo de los acusados todos los que debieron estar. Muchos, aprovechando la confusión reinante, huyeron hacia distintas partes del mundo. Si hasta existen quienes aseguran que Hitler huyó de Alemania y que su suicidio en el búnker no fue sino un montaje para cubrir la fuga.
La Inquisición es una de las organizaciones más perversas que ha creado el hombre. A su amparo se torturó, asesinó, quemó, expolió y se cometieron todos los abusos más brutales que el ser humano pueda imaginar. Inicialmente sus blancos fueron judíos y musulmanes, pero no tardó en hacer extensiva su persecución a todo aquello que a la Iglesia Católica le parecía herejía. En España representó un freno severo para el progreso científico y el bienestar económico, pese al torrente de caudales que recibían desde América.
En 1962 el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, visitó Brasil y solicitó ver jugar a Pelé. Lo invitaron para que asistiera al siguiente partido que debía disputar el astro en el estadio Pacaembú, en Sao Paulo. Tanto en el Ministerio de Relaciones Exteriores como las autoridades de la Federación Brasilera de Fútbol se preguntaban qué indicaba el protocolo para estos casos. Si el noble debía bajar a la cancha para saludar al futbolista o si éste debía subir a la tribuna oficial. El dilema lo dirimió el propio príncipe, que en cuanto llegó al estadio bajó al césped para estrechar la mano del deportista.
Casi simultáneamente con la navegación a vapor, hicieron su aparición los grandes transatlánticos o paquebotes para el transporte de pasajeros, que competían entre ellos para ofrecer lujos y comodidades a viajeros de las más diversas condiciones económicas. A comienzos del siglo XX fueron el Titanic o el Lusitania, y hacia mediados de la misma centuria varias empresas navieras de distintos países atravesaban los siete mares en estas grandes naves, precursoras de los actuales cruceros. Los ingleses tenían al Queen Mary y al Queen Elizabeth; los estadounidenses el United States, los italianos al Donizetti, el Verdi y el Rossini y los portugueses el Vera Cruz y el Santa María. A comienzos de 1961 esta última nave fue la protagonista de uno de los hechos más curiosos, por llamarlo de alguna manera, de los que fue sido testigo el mundo en el pasado siglo.
