LA PROBABLE TRAVESÍA DE TÚPAC YUPANQUI A RAPA NUI

Por Fernando Lizama Murphy / RPI 2023-A-2883

En algún sitio algo increíble espera ser descubierto.

Carl Sagan

El que no navegue hasta que se hayan superado todos los peligros, nunca debe navegar.

Thomas Fuller

Los conquistadores españoles llegaron a América llenos de ambiciones y de sueños de grandeza. En tierra, la imaginación de la tropa creó ciudades encantadas, como El Dorado o La Ciudad de los Césares, donde el oro, la plata, las piedras preciosas, las mujeres y los manjares abundaban, donde la vida era paradisíaca, creando ilusiones en aquellos que, venidos casi siempre de la pobreza, las privaciones y la ignorancia, anhelaban caminos fáciles para cambiar sus vidas.

Los hombres de mar no se quedaron atrás y así aparecieron en sus mentes ─hartas de viajes interminables, mal alimentados, incómodos, mal dormidos, muchas veces víctimas de enfermedades o de veleidades climáticas aterradoras─ islas de fantasía a las que eran arrastrados por vientos, corrientes o temporales, donde todo aquello que a bordo escaseaba, ahí superaba sus mejores sueños.

Las naves, pequeñas y frágiles, navegaban por mares a veces bravías a veces serenas, en travesías interminables, asombrando a sus tripulantes con peces y otras especies de una fauna que nunca antes vieron. Entonces, la imaginación, el miedo, la incertidumbre y la soledad, crearon mundos, monstruos, sirenas y con frecuencia la fantasía sobrepasó al razonamiento y a la lógica. Lo absurdo, sumado a las supersticiones, aceptadas por mentes proclives a creer todo aquello que se les contaba, fue caldo de cultivo propicio para la propagación de mitos carentes, casi siempre, de todo sustento.

Los cronistas, importantes narradores de la época, comenzaron a plasmar en sus escritos estas aventuras, reales o imaginarias, que muchas veces, o quienes aseguraban haberlas vivido o aquellos que las llevaban al papel, magnificaban o inventaban, para hacerlas más atractivas a los pocos lectores y agigantar leyendas que sobre estas tierras ignotas comenzaron a circular.  

Pero los cronistas no siempre basaron sus escritos en los comentarios afiebrados de marinos y soldados. Muchos contaron sus propias experiencias o las de otros que les relataron sus vivencias en esas tierras de sueños y esperanzas para algunos, de pesadillas y muerte para otros.

También hubo escritores que escucharon las voces de los nativos, que narraron historias o mitos ocurridos antes de la llegada de los españoles y que, por carencia de un sistema escrito, se transmitían de boca a oído, de generación a generación. Y aquí, para la historia que nos convoca, queremos citar, principalmente, a tres de estos cronistas que dejaron constancia de relatos precolombinos en sus escritos.

EL APÓSTOL DE RAPA NUI

Eugene Eyraud, posterHistoria de Eugène Eyraud, misionero francés de la Orden de los Sagrados Corazones de Jesús y María (SSCC), que fue el primer occidental en vivir en Rapa Nui

Hasta 1722, la Isla de Pascua o Rapa Nui, permaneció oculta al mundo occidental. Ubicada fuera de las rutas habituales de navegación, fue por una situación fortuita que el holandés Jacobo Roggenwein dio con ella el 6 de abril, día de Pascua de Resurrección. Posteriormente recibió esporádicas visitas de otros navegantes, como Cook o La Perousse, pero la isla, con muy poca población a raíz de una guerra tribal de siglos antes, no tenía ninguna riqueza que la hiciera atractiva a la voracidad de los conquistadores.

Esto duró hasta mediados del siglo XIX, cuando los traficantes de esclavos que portaban carga humana desde China hasta El Callao, descubrieron que en un viaje mucho más corto podían conseguir lo que buscaban y arrasaron con la población. Se calcula que entre ochocientos y mil quinientos nativos fueron secuestrados durante ese período, una cantidad enorme si se piensa que en esa época la población en total no superaba las tres mil almas.