LOS PLAGIOS DE NERUDA

Crónica de Fernando Lizama-Murphy

Neruda

Los buenos artistas copian; los grandes, roban.
Pablo Picasso

La palabra “plagio” tiene una raíz muy antigua. Entre los indoeuropeos, plak era “tejer”. Pasó al latín como plagium ―cuya traducción es “secuestro”― y como plaga que, entre otras acepciones, tiene la de “trampa” o “red”. En síntesis, el plagio, en el entendido de las creaciones artísticas, es el “secuestro” de obras ajenas para atribuírselas como propias, o hacer “trampa”, en el sentido de engañar al que en sus manos tiene una obra artística haciéndole creer que es creación propia cuando se le ha robado a otro.

La historia del plagio es tan antigua como la capacidad del hombre de crear, pero es una práctica que comenzó a considerarse como un delito, primero moral y luego judicial, solo después de la aparición de la imprenta. Este invento permitió que las creaciones, inicialmente literarias, fuesen identificadas con un autor y la obra masificada se convirtió en una mercancía que podía ser transada. Al quedar un testimonio impreso de que tal libro había sido escrito por tal autor, permanecía un registro físico de su creación. No era invulnerable (y hasta hoy, aún con las tecnologías vigentes, sigue sin ser perfecto), pero representaba una cierta defensa moral de la autoría.

Después de esto, el  escritor vendía su obra para que fuese difundida y en los contratos, que comenzaron a firmarse entre autor e imprenta, fueron quedando explícitos los derechos del primero. Pronto se comenzó a perfilar la persona jurídica del derecho de autor y así quedaba resguardada, aunque siempre a medias, la propiedad intelectual.

En los tiempos actuales, en la literatura de habla hispana se han ventilado varios casos de plagio, siendo uno de los más famosos el del escritor español Camilo José Cela, Nobel de Literatura en 1989 y ganador del premio Planeta en 1994 con su novela “La Cruz de San Andrés”. La escritora Carmen Formoso presentó al mismo concurso su novela “Carmen, Carmela, Carmiña”. Ella la entregó el día 2 de mayo. Cela presentó su obra el 30 de junio, último día para concursar. Según quienes han leído ambas obras, las similitudes son evidentes.

Muerto Cela, la acción judicial ha seguido en contra de la editorial, por su complicidad en el plagio. El testimonio de un perito en literatura de la Universidad de Barcelona dice que: Es una transformación, al menos parcial, de la obra original.

Como para perder la fe en los concursos.

Otro acusado es el escritor mexicano Carlos Fuentes, por su obra Diana o la Cazadora Solitaria, de 1994. Víctor Celorio, compatriota de Fuentes, encontró 110 coincidencias textuales con su libro El Unicornio Azul, escrito en 1985.

La presentadora de televisión Ana Rosa Quintana quiso entrar al mundo de las letras con la novela “Sabor a Hiel”, que vendió cien mil ejemplares y que resultó ser un enjambre de plagios a otras tres obras literarias: “Álbum de Familia” de Danielle Steele, “Mujeres de Ojos Grandes” de Ángeles Mastreta y “El Pájaro Canta Hasta Morir” de Colleen MacCullough. Para peor, ni siquiera escribió ella el libro, sino que usó como escritor fantasma a su cuñado David Rojo. La mujer, muy avergonzada, se limitó a pedir disculpas a sus lectores y auditores.

También han sido acusados Alfredo Bryce Echenique, José Saramago y Pablo Neruda, entre un millar de escritores más o menos conocidos.

Neftalí Reyes Basoalto, que pasó a la posteridad como Pablo Neruda, tuvo una carrera meteórica. Saltó desde los bosques de la Araucanía a Santiago de Chile transportando una mente lúcida de poeta, mucha ambición y unas escasas pertenencias. Su intención era estudiar para convertirse en profesor de francés, pero su vena poética lo llevó a reunirse con otras personas de similares inquietudes literarias y la bohemia entró con fuerza en su vida.

En 1924, con veinte años de edad, publica “Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada”, casi con certeza la obra poética más leída y vendida en lengua castellana. Tanto el éxito como la precocidad despertaron envidia en otros vates locales que veían como este “niño” les usurpaba el trono que ellos creían merecer y eso se manifestó en múltiples acusaciones y denostaciones, principalmente de dos importantes poetas chilenos, Pablo de Rokha y Vicente Huidobro, cuyas enemistades de antología serán tema de otra crónica.

Y aunque éstos no fueron sus únicos detractores, sí fueron los más virulentos. Y para colmo, camaradas de partido, porque eran comunistas como él.

Pero fue otro comunista el que dejó en evidencia el plagio más notorio de la poesía nerudiana: Volodia Teitelboim.

A continuación transcribimos fragmentos de una carta publicada en enero de 1935 en la revista Vital, dirigida por Vicente Huidobro, en la que Teitelboim explica su postura frente al plagio descubierto por él:

No participo en esta polémica que se ha suscitado en torno al plagio de Neruda en actitud de defensor ni detractor; sólo me induce a intervenir la necesidad de rectificar ciertas declaraciones a mí atribuidas y, también, porque me asiste la esperanza que esta exposición proyectará alguna luz y alguna orientación neutralizadora, en medio de los falsos conceptos creados respecto al poeta en capilla por ciertos escritos, tanto difamatorios como ditirámbicos.

En “La Opinión” de fecha 15 de Diciembre, el articulista de pseudónimo  “Justiciero’’[1] dice textualmente: “Mientras en Chille el joven poeta Volodia Teitelboim descubre plagios de Neruda a Tagore, a Huidobro, a Díaz Casanueva, etc., etc., en España, García Lorca lo proclama el mejor poeta de América después de Rubén Darío”.

Yo no he descubierto plagios de Neruda a Huidobro, a Díaz Casanueva, a etc., y a etc. Con este desmentido no intento bienquistarme con los partidarios del autor de “20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada”…. En este campo mis elementos de juicio se fundan sobre verdades estrictamente documentales.

En mis lecturas de algunos poetas y novelistas extranjeros, advertí y sigo advirtiendo frecuentes coincidencias con Pablo Neruda. Esto me sugirió el proyecto de escribir un ensayo crítico-literario acerca de las influencias sobre nuestro poeta. Unos cuantos meses atrás comuniqué a aquellos de mis amigos que se preocupan de problemas literarios ─entre los cuales se encuentran algunos que son amigos, también de Neruda─ mi proyecto, enseñándoles, al mismo tiempo, un poema de Neruda y el correspondiente de Tagore, que connotaban entre sí un parecido rayano en la identidad.

Si desde entonces el tiempo ha pasado y el estudio no está aún concluido, no es por indolencia mía. No le he puesto término porque a medida que el tiempo transcurre, crece el acopio de documentación. Así doy cimiento más sólido a esta aportación al conocimiento del lado turbio de la poesía Neruda.

Las cosas así, la Revista “Pro” publicó en su No 2 las composiciones de Neruda y Tagore, sin la más mínima alharaca y destinando la información a los lectores de la revista, vale decir, al número desgraciadamente escaso de personas que comprenden el arte actual, y que es el único que tiene derecho a discutir a Neruda, porque es también el único que lo puede justipreciar en sus bondades y vicios poéticos.

Pero en ésta, que es zona exclusiva de especialistas, ha habido una excesiva intrusión de periodistas que entran a saco en el tabernáculo de la Poesía, persiguiendo por todos los rincones la noticia sensacional…

Con estas palabras deseo reintegrar a su justo nivel la discusión alrededor de la originalidad de Pablo Neruda, que nunca debió descender de su sitial de ubicación justiciera del valor controvertido, empleando un método analítico y frio de los hechos. También es verdad que no hubiera descendido jamás a no mediar turbias pasiones, con intervención de conmovedores individuos e hijos de vecinos que discuten de poesía ignorándola supinamente.

VOLODIA TEITELBOIM.

Los poemas en cuestión son los siguientes:

Rabindranath Tagore- Poema 30  (1917)
Neruda – Poema 16 (1924)

Tú eres la nube crepuscular del cielo de mis fantasías
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube

Tu color y tu forma son los del anhelo de mi amor
Y tu color y tu forma son como yo los quiero

Eres mía, eres mía y vives en mis sueños infinitos
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces
Y viven en tu vida mis infinitos sueños

Tienes los pies sonrojados del resplandor ansioso de mi corazón
La lámpara de mi alma te sonroja los pies

¡segadora de mis cantos vespertinos!
El agrio vino mío es más dulce en tus labios

Tus labios agridulces saben a mi vino de dolor.
¡Oh, segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres  mía, eres mía, y vives en mis sueños solitarios
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa

Mi pasión sombría ha oscurecido tus ojos.
de la tarde y el viento arrastra mi voz viuda

¡cazadora del fondo de mi mirada!
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música te tengo presa amor mío
En la red de mi música estás presa, amor mío

Eres mía, eres mía
Y mis redes de música son anchas como el cielo

Y vives en mis sueños inmortales,
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño

Cada lector podrá sacar sus propias conclusiones.

Cuando quedó en evidencia el plagio, Neruda intentó justificarlo diciendo que su poema era una “paráfrasis” del de Tagore, que lo había reescrito para que una  dama amiga, gran admiradora de Tagore, lo entendiera mejor y que, cuando envió a imprenta la primera edición de “Veinte Poemas de Amor”…, se le olvidó poner una observación. En otra oportunidad dijo que, por sugerencia de su amigo Joaquín Cifuentes, no puso la aclaración porque una eventual acusación de plagio mejoraría las ventas.

Sea como fuere, tácitamente reconoció el asunto y no hizo nada para que en las ediciones posteriores de su libro se aclarara.

Pero no es el único caso. También está “Farewell” cuyo parecido con el poema “Los Nautas” del cubano   Miguel Ángel Macau resulta bastante evidente:

Miguel Ángel Macau, “Los Nautas”
Neruda, “Farewell”

Tercera estrofa
Quinta estrofa       

Amo el amor de los marineros
Amo el amor de los marineros

Que besan las mujeres y se van
Que besan y se van

Dejando una promesa de naufragios
Dejan una promesa

Para huir y no volver jamás.
No vuelven nunca más.

Vienen a la vida entre los brazos
En cada puerto una mujer espera,

De los trigueños cantos del azar,
Los marineros besan y se van.

Y una noche se acuestan con la muerte
Una noche se acuestan con la muerte

En el lecho letal de la mar.
En el lecho del mar…

El autor del hallazgo de este plagio fue el periodista colombiano Félix Raffan Gómez, que en octubre de 1943 publicó en “La Razón” de Bogotá un artículo en el que dejaba en evidencia las similitudes entre los poemas arriba comparados y “Otra vez será” del peruano José Santos Chocano. Con el incaico, al parecer, no quedaron dudas de la inexistencia del plagio. De hecho Neruda respondió desde Arequipa a la acusación y en ninguna parte existe constancia de alguna protesta de Santos Chocano al respecto.

Parte de la respuesta del chileno al periodista colombiano fue:

Contesto que contra los tiranos subsistiré, mientras que las pequeñas acusaciones que pretenden rebajarme, pasarán como manifestaciones pequeñas de una herencia usuaria.

Macau es considerado un poeta muy menor en la literatura cubana, por lo que a Álvaro Castillo Granada, un investigador literario colombiano, amante de la poesía nerudiana y coleccionistas de ediciones curiosas del vate, le llamó la atención el tema y efectuó un minucioso seguimiento de esta acusación, visitando bibliotecas y librerías de viejo en Chile, Cuba, Colombia y Perú, encontrando gran parte de la obra de Macau, pero en ninguno de sus libros aparece el poema “Los Nautas”.  Toda su investigación quedó  registrada en el libro: “Cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau”.

Al parecer, se trató de un montaje para desacreditar a Neruda.

En 1930, Alone criticó que la influencia en la obra nerudiana del poeta uruguayo Carlos Sabat Ercasty era más que eso, una simple influencia, evitando usar los términos “plagio” o “copia”. Neruda respondió diciendo que: “Es muy cierta esta influencia de Sabat sobre cierto período de mi producción”, pero asegura que destruyó gran parte de lo creado en esa época, excepto cuatro poemas. Finaliza su defensa diciendo “esta es la verdad y no hay otra verdad”.

En 1933 es acusado por un desconocido poeta de la localidad de Limache de copiarle sus trabajos. El nobel reaccionó diciendo que ser plagiado por él era la ilusión de todo poeta chileno, pues todos, a su lado, no eran más que simples pollinos.

Como podemos ver, Neruda reaccionó a todas las acusaciones de plagio como lo hizo siempre en su vida: descalificando, mientras una cohorte de adherentes lo defendía cerrando todo espacio a las dudas.

En la historia de la humanidad han existido muchas copias de obras de famosos. Algunas incluso han superado en trascendencia al original y la víctima de la usurpación poco o nada pudo hacer para evitarlo o para ser indemnizado.

En lo que respecta a un personaje tan investigado por su obra artística como lo es Pablo Neruda, seguramente continuarán apareciendo similitudes entre sus poemas y los escritos de otros poetas más o menos reconocidos, pero pese a ello, seguramente nadie pondrá en duda su calidad.

Fernando Lizama Murphy
Mayo 2017

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