Crónica de Fernando Lizama-Murphy
La increíble aventura de una mujer que desafió las costumbres de su época para llevar a cabo su misión: traer a América del Sur a las primeras mujeres hidalgas del Nuevo Mundo, para iniciar así una aristocracia colonial de índole europea.
El 10 de Abril de 1550 el puerto de Sanlúcar se paralizó frente a la procesión de distinguidas damas que cruzaban para embarcar. Nunca el populacho vio a tanta hermosa y elegante mujer junta, y el hecho merecía un minuto de descanso para llenar sus pupilas de esa belleza, tan ajena a ellos. A la cabeza marchaba una viuda, evidente por su negra vestimenta, que tras el velo parecía una dama joven cuyo porte distinguido acusaba su alcurnia.
Pocos sabían que se trataba de doña Mencía Calderón de Sanabria; su marido, Juan de Sanabria, al morir poco antes le heredó la misión que le encomendara el Consejo de Indias cuando el Rey lo nombró Adelantado del Río de la Plata y Paraguay.
Al otro lado del mundo, Asunción era conocido como el “Paraíso de Mahoma” por la promiscuidad en la que convivían los conquistadores junto a mujeres guaraníes, de las que cada uno de ellos llegaba a tener hasta diez, con la consiguiente descendencia bastarda, según afirmaban los escandalizados curas al regresar a la península. En España, conocedores de esta situación, temían que el excesivo mestizaje terminara por hacer perder la identidad a los habitantes y dejasen de reconocer a la Madre Patria como su nación.
Desde la aparición de los aviones, la cordillera de Los Andes se convirtió en un desafío permanente para pilotos pioneros de Chile y Argentina. La cruzaron en varias oportunidades en ambos sentidos antes del 1° de Abril de 1921. Fue en esa fecha cuando la primera mujer, una francesa, realizó la hazaña.
Ricardo Eleazar Neftalí Reyes Basoalto, nacido el 12 de julio de 1904 en Parral y que el 28 de diciembre de 1946 pasó a llamarse legalmente Pablo Neruda, murió en la habitación N° 402 de la Clínica Santa María de Santiago de Chile, a las 22.30 horas del 23 de septiembre de 1973, once días después del golpe de estado que derrocó al presidente Salvador Allende y que puso en el poder a una junta militar encabezada por el general Augusto Pinochet.
La historia de la humanidad no la han escrito solo los héroes, los pensadores, los políticos, los científicos u otros personajes importantes. También tienen espacio aquellos que han buscado por otros caminos el éxito, la riqueza y la fama. Con el paso de los años queda la anécdota, a veces graciosa, a veces trágica, pero en el momento en el que ocurren los hechos dejan huellas que reflejan, en parte, lo que fue su vida y su época. Es el caso de Luis Fernández, un gallego que, carente de expectativas en su España natal, decidió seguir a otros parientes que buscaron el esquivo bienestar en la Argentina del 1900.
Illariy, una muchachita quechua de catorce años, nunca imaginó que la atronadora y prolongada erupción del volcán Sabancayo, ocurrida en 1450, le costaría la vida y en cierta forma, le daría eternidad.
Sobre Martina Chapanay, en Argentina, se han escrito novelas, ensayos y poemas. Se han filmado películas y representado obras de teatro. En su honor hasta se puede escuchar en YouTube una cueca sanjuanina interpretada por los Trovadores de Cuyo. (


James Thomas Humberstone no fue el que descubrió el salitre ni sus propiedades, pero fue el que revolucionó la industria extractiva y los procesos consiguiendo rendimientos muy superiores a los que se obtenían en esa época y mejorando notablemente la calidad de vida de los pampinos. Tampoco fue el propietario de la salitrera que hoy se conserva como el museo al aire libre más importante de Chile, pero fue tan grande su aporte a esa industria, que se la rebautizó con su nombre.