Crónica de Fernando Lizama-Murphy
Una prostituta que se convirtió en mito. La mujer, asesinada a los 27 años en la ciudad de Calama, es objeto de la devoción popular en la Provincia El Loa.
Hay personas que al morir en forma trágica se convierten en un mito que casi siempre trasciende mucho más allá de la ciudad en la que vivían. La cultura popular las adopta, sus tumbas pasan a ser centros de peregrinación repletos de velas, flores y placas de agradecimientos. Se les atribuyen milagros y se escriben poemas y canciones en su honor. Uno de estos personajes es Botitas Negras, la santa prostituta. Esta historia tiene dos versiones. La que podríamos llamar “oficial”, que se basa en las notas de prensa de la época y la mitológica, escrita por los seguidores de la “santa”.
Botita Negra tu que eres la solucion de mi vida la razon que me mantiene en pie para poder estar viva Por Favor Madre Mia De mi Corazon Te pido que me ayudes a cumplir Unos demis deseos más querido Y deceado en mi vida Tu me harias la mujer mas felis del todo Elmundo Mi deceo es poder tener un bebe Este año Que cuando vaya a comprar un tez meayudes Que me salga positivo Y le prometó Que voy a ir al cementerio la semana 2 veces ytoda la semana seran haci y llevarle 2 velitas para usted. […] Por Favor madre mia de micorazon. Dame tu bendición Un bebe Ayudame Se que por favor tu puedes Cumpliendo Ayudame te lo pido Con todo el corazon. (sic)
Este es, textual, el tenor de una de las muchas cartas que a diario dejan, en el cementerio de Calama, los devotos junto a la tumba de Irene del Carmen Iturra Sáez, bautizada después de muerta como Botitas Negras.
El 11 de septiembre de 1973, en el Palacio de La Moneda, murió en forma violenta el Presidente de Chile Salvador Allende Gossens. Como la de todo líder político que fallece en medio de un conflicto, su muerte ha dado tema para muchas conjeturas.


Después de leer estas reflexiones resulta fácil comprender por qué aquellos que llegaron a colonizar Tierra del Fuego no tuvieron ninguna compasión con los nativos y, literalmente, los masacraron.
Crónica de Fernando Lizama-Murphy
La guerra por la conquista del sur de Chile enfrentaba a españoles y mapuches con importantes bajas por ambos lados. Los peninsulares, para atender a sus heridos lejos de la contienda, implementaron una especie de hospital de campaña en la ciudad de Castro, en la isla de Chiloé. Hasta allá trasladaban a sus heridos para que se repusieran y pudiesen regresar al combate.
A mediados de mayo de 1914 zarpó de Bremen, en su crucero de instrucción, el buque escuela alemán Herzogin Cecilie, conocido familiarmente como “La Duquesa”. Llevaba una tripulación de ochenta y un hombres entre oficiales, marineros y cadetes, entre los que viajaban tres chilenos recién egresados de la escuela de pilotines de Bremen.