EL BATERISTA

Mi nombre es Alfredo Mercupillán, Fredy Mércupi en el ambiente artístico. Soy el baterista de la banda de rock progresivo “Los Estúpidos”. Sí, como se oye. Seguramente se preguntarán por el origen de tal nombre; les explico que somos cinco integrantes, que comenzamos a tocar, con mucho éxito, en fiestas de la universidad. Cuando decidimos profesionalizarnos, se lo comunicamos a nuestras familias. Consideraron nuestro proyecto como una soberana estupidez. El bautizo fue fácil. Hoy, varios de aquellos que antes nos descalificaron, viven a costillas nuestras. Seguir leyendo “EL BATERISTA”

EL VAPOR DE LA DUCHA

Cuando finalizaba la fiesta por mis ocho años, los amigos, entre risas, me comentaron que mi padre los había acariciado.

—Conmigo siempre lo hace —les expliqué, nervioso.

—Pero tú eres su hijo —replicaron con sorna.

Mi madre minimizó el tema:

—Tú sabes cómo es tu padre. Siempre querendón con los niños —me dijo.

—Es que me avergüenza que acaricie a mis amigos. Seguir leyendo “EL VAPOR DE LA DUCHA”

UN FOTÓGRAFO CIEGO

fotógrafo de plazaLa diabetes, con su paso cansino, privó a Leopoldo de sus atributos. Ya le había devorado dos dedos del pié y ahora iba por la pierna entera. Su memoria lo abandonaba como la gotera a la llave. Pero para su oficio, lo peor era la ceguera que le envolvía los ojos con su gasa sombría. La plaza de San Teobaldo se difuminaba ante él como en un eterno invierno.

La cámara Leica, su “socia”, entregaba imágenes inciertas que en nada se parecían a aquellas en las que eternizara actos cívicos, romances, familias y niños que ya eran ancianos como él. Los reclamos por desenfoque, cabezas amputadas o familias divididas, aumentaban. Pero Leopoldo, que se negaba a aceptar el deterioro de su vista, culpaba a la calidad de los líquidos reveladores y a su vieja cámara. Repetía muchas veces una toma, para lograr una foto mediocre y la paciencia de los clientes se agotaba pronto. Ya no esperaban, como antes, para ver su retrato en el papel. Cada vez con más frecuencia necesitaba que su amigo manisero enfocara y revelara, limitándose a oprimir el obturador. Seguir leyendo “UN FOTÓGRAFO CIEGO”

LA SOMBRA DEL PAPAGAYO

papagayoEl hombre, con aspecto de filibustero escocés, calza unas viejas botas de cordones largos desatados. De noche, se dirige con seguridad hacia la casa en la que los moradores intentan dormir. El golpe en la puerta con un báculo retumba en el silencio nocturno, provocando pavor. Junto al tenue haz de luz que despide la puerta al entreabrirse, asoma parte del rostro ojeroso de una anciana. A sus espaldas se percibe la presencia de un hombre, viejo también.

—¿Qué se le ofrece? —pregunta ella, con voz trémula.

—Vengo por el papagayo —responde la voz cavernosa del filibustero. Seguir leyendo “LA SOMBRA DEL PAPAGAYO”

LA MÁQUINA

La MáquinaEn el vecindario lo conocimos como “La Máquina”. Jamás nos preocupó conocer su verdadero nombre. Tendría unos diez años más que yo, medía cerca de dos metros y pesaba, por lo menos, ciento treinta kilos. Su inteligencia era inversa a su musculatura.

Fui testigo de su fuerza impresionante cuando la Chevrolet Apache amaneció con el neumático desinflado y mi padre recordó, enrabiado, que tenía la gata prestada. Jugando le dije:

—Máquina, levanta la camioneta.

Y él la alzó como si se tratara de un saco de cemento. La mantuvo en alto hasta que mi viejo le instaló un tronco bajo el eje. Cuando hubo cambiado la rueda, La Máquina la depositó con suavidad en el suelo. Quedamos todos boquiabiertos. Seguir leyendo “LA MÁQUINA”

SUPE

Necesité amedrentar a Victoria, amenazarla de muerte para que me lo contara todo y se resistió hasta cuando el puñal comenzaba a penetrar en sus carnes. Cuando finalmente accedió, me obligó a jurar que no se lo contaría jamás a nadie. Menos a ti.

Así supe que aquella a la que siempre consideraste tu madre, no era tal.

Supe que naciste en un burdel de mala muerte en la calle 10 Oriente, en Talca; que tu auténtica madre era una puta a la que en un allanamiento en busca de drogas, la policía encontró postrada en un camastro inmundo, llena de pústulas y laceraciones y a ti, una guagua, llorando de hambre y frío en una caja de cartón. Supe que a esa pobre mujer la trasladaron al hospital, donde se le perdió el rastro y que a ti, una de las policías que participaba en la operación te llevo con ella, pensando en regresarte con tu madre cuando recuperara la salud. Seguir leyendo “SUPE”

VIAJE A “EL PANTANO”

¡Y yo en esta facha! Te recriminas cuando lo ves subir portando un maletín de cuero. Ese hombre no pertenece al mundo de los pasajeros de ese microbús rural. Estás acostumbrada a cargar sacos de papas, ovejas, balones de gas, pero no a ver un espécimen como éste. Atractivo, elegante, cuarentón. ¿A qué irá a “El Pantano”? No existen industrias ni oficinas públicas y en la faena forestal sólo trabajan obreros. Si es un turista pudiente debería viajar en una camioneta cuatro por cuatro, no en ese destartalado microbús.

Al mirarlo sientes renacer la coquetería sepultada por tu trabajo. Te sabes atractiva, aunque algo abrutada, como lo señaló un pretendiente que osó meter sus manos donde no debía. Cohibida por tu aspecto, te ausentas por unos minutos, para regresar con algo de maquillaje y peinada. Seguir leyendo “VIAJE A “EL PANTANO””

AL RITMO DE LAS OLAS

a mano en el mar¡Tanto que te lo dijimos, Carlita! Unirse a un hombre con esa diferencia de edad, no podía llevar a nada bueno. Y menos, tratándose de un artista con tres matrimonios a cuestas. ¡Si recién cumplías dieciocho cuando él ya peinaba los sesenta!

Todo comenzó cuando visitaste a tu prima Jackie en Nueva York y ella, por su profesión tan metida en el ambiente artístico, te llevó al concierto y te lo presentó tras bambalinas. Quedaste extasiada con sólo verlo, pese a su pelo teñido, a su exceso de maquillaje para esconder las arrugas. Y él, seguramente, se encandiló con tu porte, tu tipo tan exótico, que muchos yanquis pensaron que Chile estaba cerca de las Filipinas. Seguir leyendo “AL RITMO DE LAS OLAS”

SOPITA DE POLLO

Valparaíso ascensor Artillería─Con estos gringos nunca se sabe. Podría ser el papá, el abuelo o hasta el marido ─piensa Donato apoyado contra el rincón del ascensor Artillería, mientras desciende hacia el Plan de Valparaíso.

Frente a la ventana que mira al puerto se apiñan los turistas, que en sus cámaras eternizan mar, barcos, remolcadores y el dique flotante.

La muchacha rubia, delgaducha, casi albina, mantiene la mirada en Donato y en su musculatura de gimnasio, al mismo tiempo que lucha por desprenderse del gringo viejo que insiste en que observe el paisaje. Seguir leyendo “SOPITA DE POLLO”

PICAPIEDRA

Houses are swept by a tsunami in Natori City in northeastern Japan

─¿Tsunami? ¡Leseras, mijita! Antes se llamaban maremotos y nunca pasó nada aquí. ¿No ve que estamos protegidos por la Piedra de la Iglesia? Ni siquiera para el terremoto del 85, que fue tan re fuerte, llegó el agua.

─Es que parece que el de esta noche fue mucho más fuerte que el del 85, tía María. Las autoridades andan con altavoces ordenando la evacuación.

─El mar es mi amigo, mijita. Jamás hará nada que me perjudique. Seguir leyendo “PICAPIEDRA”