UN FOTÓGRAFO CIEGO

fotógrafo de plazaLa diabetes, con su paso cansino, privó a Leopoldo de sus atributos. Ya le había devorado dos dedos del pié y ahora iba por la pierna entera. Su memoria lo abandonaba como la gotera a la llave. Pero para su oficio, lo peor era la ceguera que le envolvía los ojos con su gasa sombría. La plaza de San Teobaldo se difuminaba ante él como en un eterno invierno.

La cámara Leica, su “socia”, entregaba imágenes inciertas que en nada se parecían a aquellas en las que eternizara actos cívicos, romances, familias y niños que ya eran ancianos como él. Los reclamos por desenfoque, cabezas amputadas o familias divididas, aumentaban. Pero Leopoldo, que se negaba a aceptar el deterioro de su vista, culpaba a la calidad de los líquidos reveladores y a su vieja cámara. Repetía muchas veces una toma, para lograr una foto mediocre y la paciencia de los clientes se agotaba pronto. Ya no esperaban, como antes, para ver su retrato en el papel. Cada vez con más frecuencia necesitaba que su amigo manisero enfocara y revelara, limitándose a oprimir el obturador. Seguir leyendo “UN FOTÓGRAFO CIEGO”

LA SOMBRA DEL PAPAGAYO

papagayoEl hombre, con aspecto de filibustero escocés, calza unas viejas botas de cordones largos desatados. De noche, se dirige con seguridad hacia la casa en la que los moradores intentan dormir. El golpe en la puerta con un báculo retumba en el silencio nocturno, provocando pavor. Junto al tenue haz de luz que despide la puerta al entreabrirse, asoma parte del rostro ojeroso de una anciana. A sus espaldas se percibe la presencia de un hombre, viejo también.

—¿Qué se le ofrece? —pregunta ella, con voz trémula.

—Vengo por el papagayo —responde la voz cavernosa del filibustero. Seguir leyendo “LA SOMBRA DEL PAPAGAYO”

LA MÁQUINA

La MáquinaEn el vecindario lo conocimos como “La Máquina”. Jamás nos preocupó conocer su verdadero nombre. Tendría unos diez años más que yo, medía cerca de dos metros y pesaba, por lo menos, ciento treinta kilos. Su inteligencia era inversa a su musculatura.

Fui testigo de su fuerza impresionante cuando la Chevrolet Apache amaneció con el neumático desinflado y mi padre recordó, enrabiado, que tenía la gata prestada. Jugando le dije:

—Máquina, levanta la camioneta.

Y él la alzó como si se tratara de un saco de cemento. La mantuvo en alto hasta que mi viejo le instaló un tronco bajo el eje. Cuando hubo cambiado la rueda, La Máquina la depositó con suavidad en el suelo. Quedamos todos boquiabiertos. Seguir leyendo “LA MÁQUINA”

SUPE

Necesité amedrentar a Victoria, amenazarla de muerte para que me lo contara todo y se resistió hasta cuando el puñal comenzaba a penetrar en sus carnes. Cuando finalmente accedió, me obligó a jurar que no se lo contaría jamás a nadie. Menos a ti.

Así supe que aquella a la que siempre consideraste tu madre, no era tal.

Supe que naciste en un burdel de mala muerte en la calle 10 Oriente, en Talca; que tu auténtica madre era una puta a la que en un allanamiento en busca de drogas, la policía encontró postrada en un camastro inmundo, llena de pústulas y laceraciones y a ti, una guagua, llorando de hambre y frío en una caja de cartón. Supe que a esa pobre mujer la trasladaron al hospital, donde se le perdió el rastro y que a ti, una de las policías que participaba en la operación te llevo con ella, pensando en regresarte con tu madre cuando recuperara la salud. Seguir leyendo “SUPE”

VIAJE A “EL PANTANO”

¡Y yo en esta facha! Te recriminas cuando lo ves subir portando un maletín de cuero. Ese hombre no pertenece al mundo de los pasajeros de ese microbús rural. Estás acostumbrada a cargar sacos de papas, ovejas, balones de gas, pero no a ver un espécimen como éste. Atractivo, elegante, cuarentón. ¿A qué irá a “El Pantano”? No existen industrias ni oficinas públicas y en la faena forestal sólo trabajan obreros. Si es un turista pudiente debería viajar en una camioneta cuatro por cuatro, no en ese destartalado microbús.

Al mirarlo sientes renacer la coquetería sepultada por tu trabajo. Te sabes atractiva, aunque algo abrutada, como lo señaló un pretendiente que osó meter sus manos donde no debía. Cohibida por tu aspecto, te ausentas por unos minutos, para regresar con algo de maquillaje y peinada. Seguir leyendo “VIAJE A “EL PANTANO””

AL RITMO DE LAS OLAS

a mano en el mar¡Tanto que te lo dijimos, Carlita! Unirse a un hombre con esa diferencia de edad, no podía llevar a nada bueno. Y menos, tratándose de un artista con tres matrimonios a cuestas. ¡Si recién cumplías dieciocho cuando él ya peinaba los sesenta!

Todo comenzó cuando visitaste a tu prima Jackie en Nueva York y ella, por su profesión tan metida en el ambiente artístico, te llevó al concierto y te lo presentó tras bambalinas. Quedaste extasiada con sólo verlo, pese a su pelo teñido, a su exceso de maquillaje para esconder las arrugas. Y él, seguramente, se encandiló con tu porte, tu tipo tan exótico, que muchos yanquis pensaron que Chile estaba cerca de las Filipinas. Seguir leyendo “AL RITMO DE LAS OLAS”

SOPITA DE POLLO

Valparaíso ascensor Artillería─Con estos gringos nunca se sabe. Podría ser el papá, el abuelo o hasta el marido ─piensa Donato apoyado contra el rincón del ascensor Artillería, mientras desciende hacia el Plan de Valparaíso.

Frente a la ventana que mira al puerto se apiñan los turistas, que en sus cámaras eternizan mar, barcos, remolcadores y el dique flotante.

La muchacha rubia, delgaducha, casi albina, mantiene la mirada en Donato y en su musculatura de gimnasio, al mismo tiempo que lucha por desprenderse del gringo viejo que insiste en que observe el paisaje. Seguir leyendo “SOPITA DE POLLO”

DE CÓMO LOS REYES INCAS SE CONVIRTIERON EN HIJOS DEL SOL

A_Manco CapacCrónica de Fernando Lizama-Murphy

Extracto del libro Los orígenes de los Inkas, crónica sobre el Antiguo Perú escrita en el año 1590 por el mercedario Fray Martín de Morúa.

Capítulo III: Del gran Manco Cápac, progenitor y padre de los Reyes Ingas

Este valeroso Inga Mango Cápac fue obedecido por tal inga y señor en toda esta ciudad del Cusco cierto tiempo, aunque no conquistó tierras ningunas, mas de sustentarse en ella. También cuentan algunos de estos Indios antiguos, que de la gran laguna Titicaca, que está en la provincia del Collao, vinieron hasta el sobredicho asiento o cueva de Pacaritambo unos indios e indias, todos hermanos, llamados Cusco Huana y Huana Cauri, muy gentiles hombres y valerosos y en gran manera belicosos, que traían las orejas horadadas, y en los agujeros puestos pedazos de oro, uno de los cuales fue este gran Mango Cápac, el cual dicen que hizo estirar dos planchas muy delgadas de plata, y poniéndola una en los pechos y otra en las espaldas, y diadema, que ellos llaman canipo en la cabeza, envió a esta ciudad a un cierto indio, avisando que era hijo del Sol, y que para que ellos le viesen se mostraría en un cerro alto, donde salió y fue visto en la cumbre de él pasearse con las planchas de plata, que relumbraban con los rayos del Sol, lo cual viendo los indios le tuvieron por hijo del Sol y por cosa divina, y así le ofrecieron muchas riquezas, y todo lo que quiso…; Seguir leyendo “DE CÓMO LOS REYES INCAS SE CONVIRTIERON EN HIJOS DEL SOL”

PICAPIEDRA

Houses are swept by a tsunami in Natori City in northeastern Japan

─¿Tsunami? ¡Leseras, mijita! Antes se llamaban maremotos y nunca pasó nada aquí. ¿No ve que estamos protegidos por la Piedra de la Iglesia? Ni siquiera para el terremoto del 85, que fue tan re fuerte, llegó el agua.

─Es que parece que el de esta noche fue mucho más fuerte que el del 85, tía María. Las autoridades andan con altavoces ordenando la evacuación.

─El mar es mi amigo, mijita. Jamás hará nada que me perjudique. Seguir leyendo “PICAPIEDRA”

ERIC DE BISSCHOP – EL NAVEGANTE AUDAZ

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Crónica de Fernando Lizama-Murphy

La primera noticia que tuve sobre Eric de Bisschop surgió de una conversación con mi amigo Felipe Blanco, sobrino de don Horacio Blanco Baeza, uno de los más entusiastas colaboradores que tuvo el marino francés en Constitución para poder concretar la aventura que le costó la vida.

Porque Eric de Bisshop ─que cruzó el mundo varias veces navegando en embarcaciones frágiles y que terminó sus días al encallar la Tahiti Nui II (o la III, no lo sabemos muy bien) en los arrecifes de Rakahanga, al norte de las islas Cook─ nunca aprendió a nadar. Seguir leyendo “ERIC DE BISSCHOP – EL NAVEGANTE AUDAZ”